El presidente sirio Bashar al Assad, al frente de un país azotado por diez años de un conflicto que provocó la muerte de medio millón de personas y el desplazamiento de unos 10 millones, se prepara para gobernar por otros siete años más tras las elecciones generales que se realizarán mañana en un contexto de colapso económico y división territorial.

Los comicios se celebrarán en todas las localidades controladas por las fuerzas leales al Gobierno y por sus principales aliados internacionales, Rusia e Irán, bajo la mirada de observadores de esos países, además de China y Venezuela.

Se trata de los segundos comicios en los que se admite a candidatos rivales de Assad, pero los otros postulantes son personajes poco conocidos ante la opinión pública y no cuentan con la poderosa máquina de construcción del consenso de la que dispone el actual mandatario y el partido Baath, en el poder desde hace más de 50 años.

En 2014, Al Assad ganó las elecciones con más del 88% de los sufragios. Sólo tuvo dos rivales, de los cuales se sabía de antemano que no tenían posibilidades.

La ley electoral impide que se presenten a las elecciones las figuras opositoras en el exilio: cada candidato debe haber "residido en Siria durante un período de al menos 10 años consecutivos en el momento de presentar candidatura".

Las elecciones desataron una oleada de rechazo, desde la desvinculación de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) por considerar que no forman parte del plan de paz que auspicia desde 2015 y el anuncio de varias naciones que no reconocerán sus resultados, hasta los llamamientos de la oposición en el exilio a no validar la "farsa".

Se votará en los territorios sirios, donde viven más de 10 millones de personas y que a lo largo de los años volvieron a estar bajo el control de Damasco, aunque muchos de ellos son manejados por milicias leales al Gobierno o sus aliados.

La paz en Siria está lejos de llegar, según analistas y los efectos del conflicto armado y la inestabilidad endémica se sentirán al menos durante la próxima década, cuando Assad podría postularse para su quinto mandato de siete años.

Assad, de 55 años, está en el poder desde hace 21 años, cuando tomó el lugar de su padre, Hafez al Assad, presidente desde 1970 y considerado el fundador del sistema político todavía vigente después de casi medio siglo.

La división de los territorios sirios y el despojo de sus recursos son llevados a cabo por todos los actores involucrados.

Rusia e Irán, que mantienen tropas en la costa y el centro de Siria, son aliados desde hace mucho tiempo de Damasco, que recientemente reanudó los contactos con Arabia Saudita después de haber restablecido las relaciones con los Emiratos.

Turquía controla casi toda la franja del territorio sirio cerca de su frontera y es hostil al proyecto autonomista kurdo-sirio en las regiones ricas en petróleo del este de Siria, donde hay soldados estadounidenses, rusos, sirios y turcos.

Siria es también un país en colapso económico, con la peor crisis monetaria de las últimas décadas causada por la crisis en el vecino Líbano, las sanciones de Estados Unidos y los efectos globales de la pandemia de coronavirus.

En el marco de una creciente pobreza e inseguridad alimentaria, unos 4 millones de sirios siguen concentrados en las regiones del noroeste a merced de los grupos armados pro turcos. (Télam)