Los cancilleres de la Unión Europea (UE) se reunirán mañana para discutir la posibilidad de imponer nuevas sanciones a Rusia por la detención del líder Alexey Nalvany, y el Gobierno de Austria pidió hoy bajar el tono de la confrontación diplomática y que sea una "respuesta proporcionada".

"De no ser así, cortaremos la rama en que estamos sentados", advirtió el ministro de Relaciones Exteriores austriaco Alexander Schallenberg en una entrevista con el diario Welt am Sonntag, citado por la agencia de noticias rusa Sputnik.

Hace dos semanas, el canciller de Austria, Sebastian Kurz, se había mostrado interesado en producir la vacuna rusa Sputnik V, si el ente regulador europeo la aprueba.

Además, empresas austríacas, junto con firmas alemanas, francesas, neerlandesas y rusas, participan del ambicioso proyecto energético Nord Stream 2, un gasoducto que transportará 55.000 millones de metros cúbicos de gas por año desde Rusia, a través del Mar Báltico hasta el norte de Alemania.

Antes de la reunión de mañana de cancilleres del bloque en Bruselas, el ministro de Relaciones Exteriores de Austria pidió que la "lista negra" de personas o empresas sancionadas por la detención del opositor Navalny sea elaborada de manera "proporcionada".

A principio de mes y tras una visita a Rusia marcada por el encarcelamiento de Navalny, el jefe de la diplomacia de la UE, Josep Borrell, anunció que haría "propuestas concretas" a los cancilleres en la reunión de mañana, así cómo a los jefes de Gobierno y de Estado de los países miembro en la cumbre de marzo.

Desde entonces, se descarta que se aprobarán nuevas sanciones contra Rusia -que acumula medidas similares desde la anexión de la península ucraniana de Crimea en 2014- y el debate se centró sobre quiénes deberían ser los sancionados.

Navalny fue detenido el 17 de enero en el aeropuerto de Sheremetievo de Moscú, justo después de regresar de Alemania, donde había viajado para recuperarse de envenenamiento grave.

El líder opositor acusa al Gobierno de Vladimir Putin de envenarlo, pero éste sostiene que Nalvalny no tenía rastros de veneno cuando abandonó el país y, por eso, la Justicia resolvió este mes que violó las condiciones de una libertad condicional que tenía por una condena de 2014 al abandonar el país y lo sentenció a terminar su pena -tres años y medio- en la cárcel.

Mientras Estados Unidos y la Unión Europea exigen su liberación inmediata, el Gobierno ruso los acusó de utilizar el caso para imponerle nuevas sanciones y debilitarlo, y prometió no ceder a lo que considera como "injerencia" extranjera en sus asuntos internos.


(Télam)