(Por Marianela Mayer) - Atender la "urgencia de los cuidados" es enfrentar la "crisis de hoy día", afirmó la ministra de la Mujer y Equidad de Género de Chile, Antonia Orellana, quien destacó la necesidad de aplicar "políticas contracíclicas" enfocadas en las mujeres para afrontar el retroceso de décadas que tuvo la inserción laboral femenina en la región y el empobrecimiento que éste generó en los hogares.

La ministra, que con 32 años es la más joven de las 15 mujeres del primer Ejecutivo de Chile en el que los hombres son minoría, abordó también la importancia de aprobar una ley integral contra la violencia hacia la mujer en Chile y defendió la reforma previsional con enfoque de género propuesta por el Gobierno de Gabriel Boric en una entrevista con Télam en el marco de su visita a Buenos Aires, donde asiste estos días a la XV Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe.

- Télam: ¿Qué significa ser ministra de la Mujer en un Gobierno que se autodenomina como feminista?

- Antonia Orellana: Un desafío muy grande, está alta la vara porque la misma definición de feminismo es la que entra en juego. Hay muchos feminismos y cada quien tiene sus expectativas de qué es lo que implica eso y hay que meter todo eso a la juguera. Que el gobierno sea feminista significa fundamentalmente tres cosas. Primero, que las mujeres están observadas en la toma de decisiones y, por lo tanto, no las tomamos asumiendo un habitante universal masculino. Las mujeres son más de la mitad de la población, es un grupo muy grande y diverso. Segundo, para que las mujeres en su diversidad estén en la primera línea de objetivos del Estado tiene que haber un proceso de transversalización del enfoque de género efectivo. Chile ya tuvo tres planes previos que quedaron a medio morir porque había empuje, funcionarias y capacitación pero faltaban decisiones políticas. En ese sentido, hubo un gesto del presidente Gabriel Boric de incluir al Ministerio de la Mujer dentro del comité político, que no es una figura legal, pero es el petit comité del presidente. En tercer lugar, y es algo complejo, significa que no tenemos tolerancia en la violencia contra las mujeres dentro del Gobierno. En Chile, este tipo de violencia no es una inhabilitante para acceder a cargos públicos. Solamente hechos demasiado graves son los que lo impiden. Nuestro compromiso es nunca echarlo bajo la alfombra y, en estos ocho meses, eso significó que tuvimos que sacar gente.

- T: Una de las prioridades de su cartera es la elaboración de un Sistema Nacional de Cuidados. ¿Por qué considera urgente su aplicación?

- AO: Es urgente hace mucho tiempo. Ya antes de la pandemia, se hablaba de una crisis global de los cuidados y de que la configuración del sistema productivo y los modelos de desarrollo estaba provocando una crisis en la provisión de estos. Todos en algún momento necesitamos cuidados, lo más común es que sea al nacer o al morir, pero la vida ocurre entremedio también. En Chile, al menos el 20% de las personas tiene algún tipo de discapacidad y necesita apoyo técnico para la autonomía o ayuda de su cuidador. Lo que nos mostró la pandemia es que esto explotó a los ojos de todos porque antes era algo que estaba sobre los hombros de las mujeres, pero era invisible. En general, en la región retrocedimos 20 años en inserción laboral femenina y, en el caso de Chile, diez años. Tiene que ver, sobre todo, con la falta de apoyo para los cuidados. Solo el 35% de las horas que trabajan las chilenas son remuneradas, en base a nuestras encuestas de uso del tiempo. Por eso, atender la urgencia de los cuidados es enfrentarnos a la crisis de hoy día porque si retrocedimos en la inserción laboral femenina es porque avanzamos en pobreza en las mujeres. Y si seis de cada diez hogares son liderados por una mujer sola, quiere decir que avanzamos también en pobreza en los hogares. Atender entonces la crisis económica es atender la crisis de los cuidados y para eso es necesario que haya políticas contracíclicas que se enfoquen en las mujeres.

- T: ¿Y cuándo será presentado el proyecto al Congreso?

- AO: Lo estamos preparando para el próximo año, pero la próxima semana vamos a avanzar en una medida fundamental para poder ingresarlo. Vamos a implementar la inclusión de las personas cuidadoras en el Registro Social de Hogares, que mezcla un montón de variables distintas y ubica a las personas en tramos para recibir o no beneficios del Estado.

- T: ¿Y se busca sumarlas al sistema formal de trabajo?

- AO: Hay distintos elementos. Hay cuestiones que son el trabajo de cuidados, que está asociado a una desigual redistribución de tareas dentro del hogar, y hay otros tipos de cuidados que son más intensos, relacionados con la maternidad o con las personas con dependencia moderada o severa. Las cifras nos muestran que no importa si la dependencia es moderada o severa porque el impacto, al menos en la capacidad de trabajar, suele ser el mismo. Por eso, no ponemos toda la apuesta en la redistribución dentro del hogar porque, de nuevo, la mayoría de las jefas de hogar son mujeres solas y no tienen con quién redistribuir. Necesitan apoyo y eso es lo que buscamos al crear el Sistema Nacional de Cuidados: centros comunitarios de apoyo a cuidadoras, espacios de apoyo para su necesario descanso, mejorar los sistemas de ayudas técnicas para las personas con discapacidad de manera de fomentar su autonomía y mantener formas de envejecimiento saludable y activo que impidan un problema muy grave en Chile como es el de las demencias.

- T: Otra de las propuestas que impulsan es el proyecto de ley integral contra la violencia de género, que ya tiene media sanción de Diputados. ¿Cuáles son las principales carencias del país al respecto y qué propone esta medida para afrontarlas?

- AO: La primera carencia es que no tenemos ley integral. Tenemos un conjunto de normativas en las que se ha ido avanzando, pero que están desperdigadas en siete leyes distintas, lo que dificulta la persecución penal, impide la prevención y además nos dificulta identificar los nudos. Este proyecto propone fundamentalmente tres cosas. Primero, que podamos tener un sistema de gestión integrada de casos, es decir, que el Estado no pregunte 100 veces porque eso desestima la denuncia. Segundo, que haya un cuerpo armónico de normas que sean coherentes entre sí, que sancionen la violencia contra las mujeres y así reducir al máximo el margen de interpretación porque sabemos que uno de los obstáculos en la justicia de género tiene que ver con los operadores judiciales. Y tercero, el mandato de prevención en los distintos organismos del Estado. Luego, lo que creo que estamos más innovando, es la inclusión de la violencia vicaria en la ley. Es decir, reconocer a niños, niñas y adolescentes como víctimas. Actualmente la legislación los recoge solo como testigos, a menos que haya una agresión física directa.

- T: La semana pasada se presentó el proyecto de reforma previsional, que incluye un enfoque de género. ¿Cómo está plasmado?

- AO: Una de las exportaciones no tradicionales que hizo Chile al mundo fue este sistema mercantilizado de entregar pensiones a los jubilados. Las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP) tienen 40 años, se instalaron en dictadura y estamos buscando acabarlas por la vía democrática. Esta reforma termina con las AFP e instala la idea de un seguro social, que en Chile no existe. A través de ese seguro social buscamos compensar la densidad cotizacional de las mujeres, es decir, cuánto aportan a su fondo y al colectivo y cuánto eso se ve afectado por estar haciendo trabajo no remunerado de cuidados. En el caso de la maternidad, se aportan 24 meses extra por cada hije nacido o adoptado. Y en el caso de las cuidadoras, quienes estén en el registro también van a tener un aporte desde el Seguro Social para compensar las lagunas que afectan al monto de la pensión.

- T: La iniciativa, sin embargo, recibió críticas de la oposición y su discusión en el Congreso se anuncia compleja. ¿Teme que el enfoque de género se pierda en las negociaciones?

- AO: Es uno de los puntos que nos puede ayudar a graficar mejor todo lo que está mal del sistema de pensiones chileno, que entrega pensiones de miseria a la mayoría de los jubilados, pero es especialmente miserable con las mujeres. El promedio de pensiones para las mujeres son unos 36 dólares, lo equivalente a una compra semanal de abastecimiento para la casa. No da para nada más. Esto quiere decir que el sistema está mal diseñado porque si lo está para las mujeres, que somos el grupo demográfico más importante de la población, tiene un problema de diseño general. (Télam)