La ministra de Asuntos Exteriores de Alemania, Annalena Baerbock, destacó hoy el “experimento social” que encaró Uruguay con la regulación del consumo de marihuana, una iniciativa que la alianza que gobierna la potencia tiene en carpeta.

"Con la legalización, Uruguay se atrevió a emprender un experimento social y todos nosotros podemos aprender mucho de sus experiencias", dijo Baerbock.

Así lo manifestó durante la conferencia de prensa que compartió en Berlín con su par de Uruguay, Francisco Bustillo, que está de gira por Europa desde el fin de semana.

La ministra reseñó que la cuestión forma parte del acuerdo de coalición del Gobierno de Alemania, formado por los partidos Socialdemócrata y Democrático Libre y la Alianza 90/Los Verdes.

"Queremos introducir la venta controlada de cannabis a adultos en Alemania. Nuestro objetivo es que el consumo deje de ser un tema tabú y deseamos sobre todo mejorar la protección a los menores de edad y la prevención, lo que también ha sido importante para Uruguay", subrayó.

En cuanto al tema central de la gira de Bustillo, los dos funcionarios coincidieron en la importancia de avanzar en la firma de un Tratado de Libre Comercio (TLC) entre el Mercosur y la Unión Europea (UE) como un paso para afrontar los efectos de la invasión de Rusia a Ucrania.

"Es claro que nos ha brindado oportunidades no deseadas, porque una guerra puede traer oportunidades deseadas. Pero en este caso creemos, o por lo menos lo sentimos así, Europa vuelve a mirar a América y creo que es una oportunidad única la que tenemos para avanzar", evaluó Bustillo.

Uruguay ejerce actualmente la presidencia pro tempore del Mercosur, y Bustillo ya pasó por España, Bélgica y Francia para hablar de la cuestión.

La UE y el Mercosur firmaron un acuerdo en junio de 2019, dos décadas después del inicio de las negociaciones, pero ese entendimiento está lejos de entrar en vigor porque para eso se necesita la ratificación de todos los países miembros, lo que por ahora parece una traba insalvable.

El acuerdo favorece que los países sudamericanos exporten a Europa más productos agrícolas, y a cambio permite que la UE tenga más facilidades para exportar a las naciones del Mercosur más productos manufacturados, lo que podría tener graves efectos sobre las industrias locales, sobre todo en Brasil y Argentina, los más industrializados del bloque. (Télam)