La "Alianza para el progreso", impulsada hace 60 años por el presidente estadounidense, John F. Kennedy, con el fin de contrarrestar la influencia de la Revolución Cubana en América Latina, consistía en un plan económico, social y político para combatir la pobreza en la región que finalmente no se hizo efectivo tras el asesinato del mandatario en noviembre de 1963.

El 13 de marzo de 1961, Kennedy dio un discurso en la Casa Blanca con proyecciones de liderazgo continental, en el que definía toda su estrategia con respecto a América Latina, donde pensaba destinar unos 20.000 millones de dólares.

En la reunión del Consejo Interamericano Económico y Social de la Organización de Estados Americanos (OEA), realizada en agosto de 1961 en Punta del Este, Uruguay, el programa fue aceptado por todos los países latinoamericanos, con excepción de Cuba.

"Hemos denunciado a la ´Alianza para el Progreso´ como un vehículo destinado a separar al pueblo de Cuba de los otros pueblos de América, a esterilizar el ejemplo de la Revolución Cubana y, después, a domesticar a los otros pueblos de acuerdo con las indicaciones del imperialismo", dijo el comandante Ernesto "Che" Guevara, quien participó del encuentro como delegado del Gobierno cubano.

Ese mismo año, entre el 15 y 19 de abril de 1961, Cuba rechazaría la invasión de Bahía de Cochinos, también llamada Playa Girón, realizada por tropas de cubanos exiliados con el apoyo del Gobierno de Estados Unidos.

El discurso de Kennedy en la Casa Blanca, pronunciado ante varios embajadores latinoamericanos, fue transmitido por la Voz de América en inglés y traducido al castellano.

El mandatario demócrata señaló entonces que hace 139 años el libertador venezolano Simón "Bolívar expresó su deseo de ver a las Américas convertidas en la más grande región del mundo, grande no tanto en virtud de su extensión y riqueza, sino por su libertad y su gloria".

"Sin embargo, en este momento de máxima oportunidad, enfrentamos las mismas fuerzas que han amenazado a América a través de su historia, las fuerzas extrañas que una vez más intentan imponer los despotismos del Viejo Mundo a los pueblos del Nuevo", dijo Kennedy.

El presidente estadounidense también advirtió que "a través de América Latina, continente rico en recursos y en las realizaciones espirituales y culturales de su pueblo, millones de hombres y mujeres sufren a diario la degradación del hambre y la pobreza".

En otro tramo de su mensaje, el mandatario convocó a todos los pueblos del hemisferio para que se unan "en una Alianza para el Progreso, en un vasto esfuerzo de cooperación, sin paralelo en su magnitud y en la nobleza de sus propósitos, a fin de satisfacer las necesidades fundamentales de los pueblos de América, las necesidades fundamentales de techo, trabajo y tierra, salud y escuelas".

Para concretar este medida, Kennedy propuso un plan de diez años para las Américas, destinado a transformar a 1960 en una década de "progreso democrático".

"Estos diez años serán los años de máximo esfuerzo, los años en que deberán superarse los más grandes obstáculos, los años en que será mayor la necesidad de apoyo y respaldo", señaló el mandatario.

Aunque se proyectó una inversión de 20.000 millones de dólares, las fuentes de financiación de la "Alianza para el progreso" serían las agencias financieras multilaterales (Banco Interamericano de Desarrollo -BID- y otros entes).

Proponía, además, erradicar el analfabetismo y promover la iniciativa privada y la estabilidad de los precios, tanto internos como de exportación, entre otras medidas económicas.

Pero cuando Kennedy fue asesinado en Dallas, Texas, el 22 de noviembre de 1963, sus sucesores limitaron la ayuda estadounidense a América Latina, prefiriendo la firma de acuerdos bilaterales en los que primaba la cooperación militar.

(Télam)