El cambio climático y la pandemia están afectando gravemente los cultivos clandestinos de marihuana en Jamaica, la cuna del rastafarismo. El país que consume cannabis como parte de su cultura religiosa sufre un desabastecimiento histórico y preocupante.

La escasez se generó tras una feroz sequía después de fuertes lluvias que trajo a la isla la temporada de huracanes del año pasado. A ello se le sumó el toque de queda por la pandemia, que prohíbe a los jamaiquinos salir de sus casas a partir de las 18 horas.

Justamente, cuando baja el sol es el horario perfecto para hacer mantenimiento de los cultivos, pero la estricta medida para frenar los contagios de Covid-19 imposibilita el trabajo.

La falta de mano de obra también repercutió negativamente en las plantaciones de una hierba milenaria que en el país caribeño no se utiliza tanto como recreativa sino como parte del culto.

Los agricultores advierten que durante la pandemia el consumo local creció, mientras que el flujo de turistas extranjeros atraídos por el “ganja” bajó drásticamente, y por ende, también la economía se vio afectada.

Desde Tacaya, una consultora del flamante sector regulado del cannabis, afirmaron que “es una vergüenza cultural" que escasee el cannabis en Jamaica, que nunca perdieron tanto como en 2020, y admitió que puede sonar irrisorio.

Por su parte, la Autoridad de Licencias de Cannabis de Jamaica (CLA) declaró que no hay indicio de escasez que afecte a la industria medicinal regulada por las autoridades; pero los ciudadanos se quejan porque la compra legal sale entre 5 y 10 veces más cara que en las calles