Por la pandemia, los recursos de protección del personal de salud comenzaron a utilizarse cada vez más y por más personal, por lo que muchos de ellos, tuvieron que reutilizarlos con el fin de poder responder a la demanda de los escasos equipos de protección que había disponible.

Sin embargo, ello fue propicio para la propagación de otras bacterias, hongos y patógenos que se volvieron resistentes a los medicamentos, y que causó brotes que pusieron en alerta al sistema sanitario mundial.

“Creer que en el mundo hay un solo patógeno es verdaderamente problemático”, dijo Susan S. Huang, especialista en enfermedades infecciosas de la Facultad de Medicina de la Universidad de California en Irvine, que sumó que “tenemos todos los motivos para creer que el problema ha empeorado”.

“Creer que en el mundo hay un solo patógeno es verdaderamente problemático”.

Uno de los hongos que alerta al sector es el llamado llamado Candida auris, que fue combatido con un mayor cribado, aislamiento de los pacientes contagiados y una mejor higiene en Los Ángeles, donde actualmente hay alrededor de 250 casos.

Cabe destacar que el Candida auris es considerado una infección intrahospitalaria y cuenta con resistencia a los antibióticos utilizados frecuentemente para tratar este tipo de enfermedades. Además, es difícil que se detecte de manera temprana, por lo que el tratamiento aún es más dificultoso por su avance al momento de su confirmación.

Candida auris es considerado una infección intrahospitalaria y cuenta con resistencia a los antibióticos utilizados frecuentemente para tratar este tipo de enfermedades.

Las principales afecciones ocasionadas por el hongo son en la sangre, el cerebro y el corazón, y cuenta con una alta mortalidad. Según informaciones de la Administración Nacional de Laboratorios e Institutos de Salud (ANLIS) “Dr. Carlos Malbrán”, fue descubierto en el año 1009 en Japón en una mujer sana con una infección en el oído.

Finalmente, aseveraron que la transmisión se da a través de las manos del personal de salud y del entorno que rodea al paciente por lo que una eficaz higiene de manos con alcohol y una limpieza adecuada en el ámbito hospitalario serían las herramientas para combatir este perjudicial hongo