Sara Vallejo es una abuela nacida de Buenos Aires radicada hace 50 años en Yerba Buena Tucumán, donde acaba de presentar una autobiografía sobre su increíble hazaña.

Fue profesora de Inglés, se jubiló a los 60 años, pero no supo quedarse quieta y desarrolló varios proyectos independientes hasta que a las 80, tomó la drástica decisión de deshacerse de todas sus pertenencias para unir dos pasiones y cumplir sueños.

En diálogo con la prensa, contó que un amigo suyo le dio la idea: “Sabía que a mí me gusta viajar y también manejar, por lo que me recomendó comprarme un motorhome”.

Así fue como optó por vender su casa para cambiarla por una sobre ruedas, y sorprendió a su familia reuniéndola para darle la noticia. “Les dije a mis tres hijos que no creo en las herencias, que voy a gastar todo lo que tengo. En ese momento me miraron sin poder entender y pensaron que no lo iba a hacer, pero lo hice”.

“Ellos saben que es parte de mi carácter, que si estoy convencida de realizar algo, lo llevo adelante, así que me terminaron apoyando”, relató.

En 2017, partió con dos amigos motoqueros a Uruguay, desde donde cruzó hasta Brasil en toda suerte de aventuras. En este país vivió uno de sus mejores recuerdos, festejando año nuevo junto a toda su familia que la había ido a visitar.

Siempre se valió de sus amigos, a quienes elegía llevándose por su intuición. Y esta nunca le falló.

“Fui a Neuquén a visitar a una nieta y me convocaron a una reunión de varias motorhome en Ushuaia. En ese momento decidí hacer una encuesta en donde les hacía varias preguntas a la gente y analicé los perfiles. Terminé eligiendo a tres personas desconocidas, que hoy son grandes amigos”, apuntó Sara.

Cayó la pandemia y tuvo que volver a la Argentina y guardarse en un departamento que tenía en alquiler. Allí, inquieta como se puede evidenciar, decidió volver el tiempo productivo y recopilar todas sus vivencias en un libro que llamó “80 años no son nada, a donde me lleve el viento”.

“La vida es un viaje y el viaje es vivir”, considera. Lo que recaude de su preciada obra por supuesto irá destinado a su próximo objetivo, un “viajecito corto hasta Jujuy y Salta”.

Mientras tanto, a sus 83 años de edad, Sara cuenta que sigue paseando por la ciudad en su casa rodante llamada “Lo de Sara”, para “dar una vuelta manzana o visitar una amiga”