Millones de roedores plagan las granjas en todo el país. Australia fue literalmente tomada por ratas y ratones, aterrorizando especialmente a los habitantes de la región de Nueva Gales del Sur.

La espectacular invasión causó estragos en los cultivos, dañó cables eléctricos de los edificios, e incluso se reportaron casos de pacientes en hospitales que fueron mordidos.

Anoche, en la televisión australiana se presentó un alarmante mapa anunciando que pronto los ratones “marcharían” sobre Sydney.

El informe más reciente, elaborado por la CSIRO y la Grains Research and Development Corporation mostraba en marzo “una actividad de ratones entre moderada y alta en muchas regiones del sur de Queensland, el norte, el centro y el sur de Nueva Gales del Sur, el noroeste de Victoria y partes del sur de Australia”.

“Hemos tenido un verano muy húmedo que ha dado lugar a grandes cosechas y al crecimiento de la vegetación, lo que ha provocado una gran cantidad de comida disponible para los ratones”, explicó Maggie Watson.

Esta científica medioambiental de la Universidad Charles Sturt, continuó diciendo: “Si a eso le añadimos un otoño muy suave, estos ratones se están reproduciendo en proporciones de plaga”.

La desesperante situación llevó al gobierno de Nueva Gales a crear un paquete de rescate de 50 millones de dólares y a acelerar la aprobación del veneno para ratones más mortífero del mundo, llamado bromadiolona.

Sin embargo, los científicos advierten un daño peor, ya que podría “saturar toda la red alimentaria, afectando a todo, desde las babosas hasta los peces”. En tal sentido aconsejan rodenticidas de primera generación que ofrecen soluciones viables para controlar las plagas de ratones, sin que se queden en el entorno.

Y los ecologistas por su parte, aconsejan el uso de fosfuro de zinc, un veneno que bien manipulado es altamente efectivo, pero si llegara a ser ingerido por ganado, mascotas o seres humanos, también resultaría mortal