En medio de una calurosa tarde, un grupo de vecinos comenzó a escuchar desesperados ladridos que provenían de un terreno lindero.

Cuando se acercaron al lugar, se encontraron con una perra semienterrada hasta el cuello, intentando desesperadamente salir al exterior.

“Corrí inmediatamente al lugar. Hubo un deslizamiento de tierra. Vi un perro atrapado en el suelo. Solo su cabeza permaneció sobre la tierra”, relató Soner Büyümez, veterinario de una granja cercana.

Con una pala, el hombre comenzó a cavar sacando la tierra seca hacia los costados, y liberar espacio para que la perrita saliera.

Pero aunque ya contaba con posibilidades de salir por sus propios medios, y su cara de tristeza se transformó en una gran sonrisa, ella seguía casi inmóvil con su desgarrador e insistente pedido de ayuda.

Rápidamente comprendieron que había algo más, algo que los presentes no estaban pudiendo entender a cabalidad, ni observar a simple vista pero era urgente.

El hecho ocurrió a principios de agosto en un campo de Turquía, en el medio oriente. Cuando el socorrista siguió cavando ante las insistentes señales, de repente comenzó a escuchar más aullidos.

“Escuché el llanto de los cachorros” aseguró. De inmediato descubrió que asomaba la cabecita de uno de ellos y logró sacarlo. Pero los fuertes ladridos de esta mamá indicaban que había más hijos por rescatar.

El hombre siguió excavando con sus propias manos, y uno a uno fue sacando un total de siete perritos, ante la mirada asombrada de quienes se fueron acercando al lugar.

Todos habían quedado sepultados vivos después que su madriguera subterránea se derrumbara en medio de un alud, y aunque no se pudo calcular el tiempo exacto que pasaron allí, tuvieron la suerte de salir con vida gracias al veloz operativo.

“Su estado general es muy bueno. La madre y sus cachorros están protegidos”, dijo Büyümez más tarde ante la prensa local. Y para alegría de todos prometió: “Los cuidaré como si fueran míos”.

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