El ser humano es un ser comunicativo por excelencia, y los animales con los que más rápido conecta emocional e intelectualmente, sin duda son los perros. Dicen los expertos, que el origen de esta amistad data del neolítico, unos 40.000 años atrás.

Pero si nacieron con estos talentos sociales o si los aprenden con el tiempo, por ensayo y error, seguía siendo un área difusa entre los científicos. En un reciente estudio que la Universidad de Arizona acaba de publicar, se explica en qué momento los perros y las personas se empiezan a entender tan bien.

Encontró que la genética juega un papel enorme en las habilidades interactivas de los caninos con las personas, y algunos comienzan la vida en una etapa más avanzada que otros.

Para evaluarlos, se guiaron por qué tan bien los animales comprenden los gestos humanos de señalar con el dedo

Para evaluarlos, se guiaron por qué tan bien los animales comprenden los gestos humanos de señalar con el dedo. Estudios anteriores ya habían demostrado que los perros los entienden mucho mejor que los chimpancés, nuestros parientes más cercanos en el reino animal.

Pero más allá de la domesticación como factor fundamental, Según explicó Emily Bray, investigadora de la Universidad de Arizona y autora principal del artículo, se preguntó si los cachorros, que recién nos conocen, también son buenos conectando.

Para ello, se asociaron con Canine Companions, una organización de perros de servicio que les proporcionó 375 ejemplares de goldador, labrador y golden retriever.

Durante varios años, el equipo realizó una serie de pruebas con los cachorros cuando tenían solo ocho semanas y nunca habían convivido con humanos. Descubrieron que los cachorros entendían en un amplio porcentaje los mensajes visuales y auditivos que les enviaba la doctora Bray.

Ella comenzaba la prueba diciendo “¡Cachorro, mira!” mientras hacía contacto visual y señalaba con el dedo el vaso que ocultaba la golosina. Los cachorros eligieron el vaso correcto el 67% de las veces.

Descubrieron que los cachorros entendían en un amplio porcentaje los mensajes visuales y auditivos que les enviaba la doctora Bray

En otra prueba, la investigadora colocaba una pequeña caja al lado del recipiente con la golosina, y los cachorros lograron comprender la pista el 72% de las veces.

Para excluir la posibilidad de que los cachorros se estuvieran dejando llevar por su sentido del olfato, Bray permaneció inmóvil, y se dejó que los cachorros buscaran por sí mismos. En esta prueba, solo tuvieron éxito la mitad de las veces, lo que responde al azar