Pompeyo Audivert despliega una labor descomunal puesta al servicio de un relato que -a partir de la conocida tragedia shakesperiana- hace que "Habitación Macbeth" cuestione las nociones de ficción y construya un alegato inquietante que anoche inauguró la temporada teatral presencial en el porteño Centro Cultural de la Cooperación.

Si la multiplicación artística de Audivert como autor, director e intérprete de este unipersonal no bastara como muestra de su amplio y probado talento en esas disciplinas, en la desgarrada escena propuesta el actor asume media docena de personajes con una entrega y precisión que llamarían al asombro si solamente se tratara de un desdoblamiento pirotécnico.

Pero el artista coloca las máscaras de esas criaturas que le atraviesan el cuerpo en función de un cuento donde a la alegoría ambiciosa de "Macbeth" se le añade un hondo interrogante de carácter existencial que construye una pieza de sobrecogedora intensidad física y emocional.

En una entrevista con Télam, el creador, de 61 años, contó que "esta criatura que representa todos los personajes no es shakespeareana estrictamente sino beckettiana, se trata de Clov, el personaje de 'Final de partida', él es el actor que hace todo, incluso es el servidor de escena que cambia las cosas de lugar porque me sirve pensarlo así. Estamos en un universo beckett, allí sucede lo shakespereano".

"La poética teatral es también el arte del contrapunto de esos dos niveles, ya que cada uno depende del otro para existir, en algún grado. Es excitante pensar lo teatral como la combinación de estos niveles aparentemente opuestos, Beckett y Shakespeare tienen muchos puntos de contacto, abejas mutuas", abundó sobre la experiencia.

Y en el Día Mundial del Teatro Audivert puso a rodar esta apuesta que, aunque podría suponerse acotada únicamente a una cuestión referida a lo artístico, irrumpe como alegato, como pregunta abismal.

En ella y con la única compañía del chelista y autor de la música de la obra, Claudio Peña (ubicado a la derecha del escenario), asume a las Brujas Fatídicas del páramo de huesos, a Macbeth y su ladero Banquo y también a incitadora Lady Macbeth.

Con ese "elenco" que lo habita, a través y en contra de esas criaturas en una tensión dramática y testimonial que no da respiro, el artista arrastra la fatalidad del cuento original a un infortunio todavía mayor que indaga en los mecanismos del destino, de la representación, de la angustia propia del devenir humano.

La relectura de Shakespeare a través de Beckett en un trance de unos 70 minutos de duración se desgrana en un texto potente y denso desde el que el autor de "Recuerdos son recuerdos" y "Museo Ezeiza 73", por citar apenas dos de sus piezas, dice lo suyo sobre esos y otros mundos.

"Los mejores traidores son los mejores actores". "La traición no es un asunto moral sino político". "'Macbeth, sonríe, estamos haciendo política'. Sonrisa y cuchillo; cuchillo y sonrisa". "Somos las herramientas de un pensamiento que ha de cambiar el mundo". "Los que viven engañados sólo esperan ser engañados", se escucha -se vivencia- a lo largo de la velada.

El intérprete visita esos filos y los de las dagas y espadas que son parte de la puesta en una soledad apabullante que se apoya en un notable diseño de luces de Horacio Novelle, en el sensacional clima sonoro urdido y ejecutado por Claudio Peña y en una espectral escenografía de Lucía Rabey en la que abunda el eficaz recurso de los marcos de cuadros como epicentro de la acción.

Todos condimentos de una travesía que sacude y golpea, que interpela las nociones de la belleza y de lo correcto, que impide la distracción y la indiferencia en un ejercicio intransferible acerca de lo teatral y de lo político que alguien excepcional como Audivert puede encarnar y dejar latente como síntesis que se abre y se retroalimenta.

Las funciones de "Habitación Macbeth" son los sábados a las 21 y los domingos a las 20 en la sala Solidaridad del segundo subsuelo del Centro Cultural de la Cooperación (Av Corrientes 1543). (Télam)