(Por Agustín Argento) Nicolás Goldbart reaparece como director en esta nueva edición del Bafici con la extrema y entretenida "El Sistema KEOPS", en Competencia Internacional, que amalgama géneros, personajes y guiños cinéfilos, acompañados por una muy buena banda sonora, en una cinta que puede escapar al nicho gracias a su plasticidad y apertura tanto visual como narrativa.

"Yo vivo en un cuarto piso, con una vista que es muy parecida a la 'Ventana Indiscreta' (Alfred Hitchcock). Empezó todo con la idea de ser como esa peli, pero invertida, o sea, que el que está en la ventana sea el observado. Hay una película de (John) Carpenter que tiene esa premisa y esa idea disparó para el lado de la aventura; el germen, quizá, fue estar sentado muchas horas frente a la ventana", dijo a Télam Goldbart, que volvió a la dirección tras su debut en 2010 con la festejada "Fase 7".

Fernando (Daniel Hender) es un guionista que vive en calzoncillos, tiene poco diálogo con su esposa y su hija adolescente prácticamente lo detesta. Su vida es estar delante de la computadora navegando por internet, leyendo guiones o haciéndole bromas por redes sociales a sus amigos. En uno de eso tediosos momentos, ingresa a la página equivocada y, a partir de ahí, comenzará a ser observado, perseguido y grabado por esta logia llamaba "KEOPS". En un intento por salirse, lo llama a Sergio (Alan Sabbagh), quien no quiere hablar ni pensar, solamente encontrar a los culpables y "cagarlos bien a trompadas".

"Estaba muy pensado hacer un Bud Spencer y Terence Hill, pero con mala onda (risas). como si fuera a reciclar cosas de chico en la oscuridad del mundo adulto. La hoja de ruta era meter a dos personajes que podrían haber nacido en películas de cuando yo era chico, pero que las armas son las mismas: resolver todo a las piñas. Ahí está el elemento de la comedia y humor negro, algo que me sale muy natural", explicó el realizador.

Para ello echó mano a dos de los mejores comediantes que tiene el cine nacional, como son Hendler y Sabbagh, en una película que se desarrolla en menos de 24 horas, con la premisa de "una persona común, en situaciones extraordinarias", que hará que cada decisión que tomen sea un paso más hacia el abismo controlado por dos adolescentes tan nerds como macabros.

A lo largo de las casi dos horas de película, Goldbart distribuye guiños a "La conversación" (Francis Ford Coppola), "El club de la pelea" (David Fincher), la mencionada "Ventana indiscreta" y el spaghetti western, además de la historieta "Astérix y Obélix", pieza fundamental en la formación del director. "La amistad -señaló sobre un punto clave de la trama- es algo muy elástico y algunas resisten muchas miserias y épocas de broncas. En el caso de estos personajes, es una amistad de la infancia, que pasó muchas cosas, y con un vínculo que no se puede romper".

T: Sos uno de los montajistas con mayor trabajo en el cine nacional. ¿Qué te aportó tu experiencia en montaje al momento de dirigir?

NG: Yo pienso como montajista la puesta en escena. La película tuvo un presupuesto acotado, como todo el cine nacional. Cuando empezamos a hacerla, nos dimos cuenta que era más ambiciosa de lo que parecía. Así que mi experiencia como montajista me dio, quizá, la facilidad de ser más práctico y resolver problemas que fueron apareciendo, ya pensando en la edición y optimizando recursos. Igualmente, la experiencia no sirve nunca, porque uno nunca está preparado para los problemas.

T: Sin embargo, vos no la montaste. ¿Por qué?

NG: Es muy arduo editar una película y mucho más arduo editar la propia. Hace falta una mirada de afuera, con ideas nuevas. Cuando uno filma, tiene ideas que no se concretan en rodaje y una tercera mirada lo puede sacar del lugar rígido del que uno parte. En la isla cambió muchísimo. El que la vea se va a dar cuenta de que el montaje es preponderante y tiene una forma de cortar muy notoria, y para eso hace falta tener a alguien de confianza.

T: Por otro lado, la película tiene una factura de cine industrial, pese a ser cine denominado independiente.

NG: Es una película independiente desde el momento en el que tuve total libertad para hacerla. Nunca tuve un corset de los productores. Calza con la definición de cine independiente. Yo siempre sentí que el cine de género está completamente vinculado a la idea de cine independiente. Creo que George Romero es el paradigma del cineasta independiente, por ejemplo. Pero para mí, una película independiente es cuando un director no está condicionado. Después, cómo se ve, es por que se trabajó muchísimo con excelentes profesionales. Más allá de todos mis errores, es una película con la que estoy contento por cómo se ve. Hace un recorrido muy inesperado que tiene que ver con esa libertad, al igual que son su forma.

T: Es una película bastante permeable al público en general, pero tiene muchos guiños cinéfilos, como "La conversación", la clara referencia musical al spaghetti western, "El club de la pelea", Hitchcock...

NG: Sí, y te faltan Bud Spencer y Terence Hill, que están muy pegados al spaghetti western, y las historietas de Astérix y Obélix. Es una película de amigos. Las diferencias existentes son medio fácil de hacerlas convivir. El oficio de los personajes facilitan las referencias al western y a las otras que mencionás. Para mí es algo natural, son los ingredientes con los que yo cocino, no es algo calculado. Lo fui viendo y me parecía que era lindo meter todo eso en la película y entraba con bastante naturalidad porque los personajes son cineastas. Es como una película de médicos, que va a tener lenguaje de médicos. En una película sobre cineastas, las referencias son esas, pero no fue algo calculado.

T: En cuanto a la música, también pasás por varios estilos. Desde una extraña versión en español de "I Started a Joke", hasta pianos muy Trent Reznor, canciones metaleras y otras piezas de suspenso moderno. A priori parecería una ensalada, pero terminan siendo muy armónicos.

NG: Hay también un tema pseudo medieval. Es como una especie de ensalada que funciona, como una suprema Maryland. El mismo recorrido que hace la película permite esa variedad musical. Empieza de una forma y termina de otra. Me gusta que convivan muchas cosas y se amalgame. La película lo permitía. La música es de Pedro Onetto y es mérito de él haberle dado a esa multiplicidad de estilos una cohesión. Había muchas referencias en el primer armado y en el primer trabajo unificó todo. También hay inclusiones excéntricas, como la de los Bee Gees, que surgió en montaje. Lo del heavy metal estaba en el guion. (Télam)