A partir de algunas simplificaciones surgidas tanto por el abordaje musical y lírico como por su estética, en pleno corazón de los años '80, y siguiendo con una vieja y cuestionable tradición dentro del rock argentino, se generó una falsa antinomia entre "sónicos" y "rock barrial".

Mientras que al último grupo se lo asociaba con un rock más directo y tradicional y letras que reflejaban sin ambages la realidad de los jóvenes del conurbano expulsados del sistema por las políticas neoliberales, por "sónicos" se catalogaba a todo un pelotón de grupos que presentaban sonidos alternativos y a los que se los relacionaba con líricas ligadas a cuestiones más "oníricas o fantasiosas".

"El Boca-River lo tenemos desde comienzos del rock argentino. Esto nació de un público muy militante o de parte de la prensa porque no hubo cruce entre músicos, salvo algunas ironías de (Gustavo) Cerati que alguna vez dijo que no entendía la popularidad de esas bandas", analizó a pedido de Télam el periodista especializado Marcelo Fernández Bitar.

Más allá de esto, vislumbró diferencias estéticas "que se ven en las fotos de Babasónicos o los Illya Kuryaki and The Valderramas, en donde están muy loockeados y con una postura muy distinta a la de bandas de rock suburbano", a la vez que aceptó que hubo una especie de "celos mutuos" entre ambas supuestas facciones.

"Había celos por la popularidad de las bandas de rock suburbanas y, a la vez, estos sentían celos por la mayor atención de la prensa a los 'sónicos'. Pero hacia mitad de la década muchas de esas bandas se empiezan a unir en giras y recitales", apuntó el periodista al recordar la participación de Los Caballeros de la Quema, un grupo supuestamente de "rock barrial" en los conciertos que reunió a integrantes del denominado "nuevo rock argentino".

La visión de los protagonistas aporta miradas desde adentro del mismo fenómeno que permiten aventurar algunas respuestas.

En tal sentido, Daniel Melero aseguró que esa dicotomía "no fue un foco de atención" para él porque remarcó que esas tipificaciones suponen "una mirada muy angosta de todo lo que las cosas puedan representar".

"¿Quién puede decir que un grupo habla de la realidad y otro no? Es un error eso de andar juzgando como si ya se pudiera tener una perspectiva de qué es lo que representa la época que te toca vivir. Además, pocos grupos eran tan barriales como Babasónicos", añadió.

Por su parte, Rodrigo Martin, de Juana la Loca, rechazó de plano las caracterizaciones que ubicaban a determinadas bandas como voceras del sentir de la juventud marginada, al remarcar que "todas las expresiones artísticas están sujetas y son parte emergente y fundantes de los momentos socio-culturales y políticos".

"¿De qué rock barrial me hablan si yo nací en Temperley y me crié jugando al fútbol en la calle? Todos cantábamos la realidad. Cuando Los Brujos subían al escenario y hacían teatro, y lo mezclaban con riff de guitarras acelerados, también estaban haciendo una crítica", sentenció Martin.

Pero además de rescatar el mensaje directo de una canción como "Vida modelo", también defendió que en las letras se hable de sueños o de fantasías. "¿Acaso no se supone que la tercera parte del día está destinada al sueño? ¿No es parte de la vida eso?", preguntó.

Alejandro Alaci, de Los Brujos, aceptó las diferencias artísticas con las bandas a las que se catalogaba de "rock barrial" pero aseveró que "eso no se vivía como una enemistad o un enfrentamiento".

"Nos diferenciaban las búsquedas. Otros iban más por denunciar algo mientras lo nuestro iba más por el lado de la fantasía, lo teatral", remarcó.

En el mismo sentido, Ariel Minimal manifestó que nunca escribió una canción "con el diario abajo del brazo", al tiempo que sentenció que "el versus nunca garpa". (Télam)