(Por Hugo Fernando Sánchez, enviado especial) - La primera jornada completa del Festival de San Sebastián, luego de la gala de apertura de anoche, comenzó hoy con la proyección de “Runner”, de la estadounidense Marian Mathias y “Girasoles silvestres”, del español Jaime Rosales, ambas películas incluidas en la Competencia Oficial del certamen donostiarra.

La ópera prima de Marian Mathias es un melodrama austero, que tiene como centro a la joven Hass (Hannah Schiller), que vive en una casa desolada del medio oeste estadounidense y debe lidiar con la repentina y absurda muerte de su padre -estafador, alcohólico y con alguna clase de enfermedad mental- por un accidente doméstico.

El universo en el que vive la protagonista es oscuro, helado, sin afecto, sin solidaridad y está saturado de chismes de los vecinos, que en la puesta son apenas un grupo de siluetas que se recortan en la inmensidad del paisaje y opinan sobre las acciones de la joven.

Además enfrenta un posible desalojo por las deudas de su padre, Hass debe atender su deseo póstumo de ser enterrado en Missouri, así que viaja con los restos pero en la travesía, conoce a un joven (Darren Houle), tan desamparado como ella.

Se trata de un relato seco, casi sin diálogos, por momentos agobiante, que recurre y en muchos casos abusa de una propuesta preciosista, con planos largos y el color reducido casi al blanco negro para dar cuenta de una gravedad impostada, de poca profundidad.

Si “Runner” exhibe orgullosa su propuesta desangelada, “Girasoles silvestres”, de Jaime Rosales es todo lo contrario, con un relato que sin aspavientos ni grandilocuencia, demuestra una honda comprensión de los temas que aborda a través de la vida de una mujer signada en el mejor de los casos por la estupidez de los hombres y en el peor, por la violencia de género.

El director catalán, que ya había formado parte de la competencia oficial con "Tiro en la cabeza" y el resto de sus películas ("Petra", "Hermosa juventud"; "Sueño y silencio"; "La soledad") fueron presentadas en distintas secciones del certamen, regresa a San Sebastián con un relato tenso y a la vez sensible, con una impresionante Ana Castillo en el papel de Julia, una joven madre con dos hijos que en busca del amor se relaciona con los hombres equivocados.

Si se tuviera que resumir la mirada de Rosales sobre la historia, podría definirse como una película que aborda los sueños, inseguridades, errores y aciertos de una mujer joven en la España de hoy. Aunque claro, los aspectos negativos de esa vida sería infinitamente menores si en vez de una mujer joven se tratara de un hombre.

Sin acentuar innecesariamente ninguno de los padecimientos de la protagonista pero tampoco sin dejar de dar cuenta con rigor y precisión cada uno de ellos, la película sigue a Ana con sus dos pequeños hijos involucrándose con un psicópata (Oriol Pla), que llega a pegarle, un ex marido (Quim Ávila) que es incapaz que asumir su responsabilidad como padre y un tercera pareja (Lluís Marqués), con quien vislumbra la posibilidad de construir una relación a futuro.

Impiadosa con el universo masculino, con una puesta que trabaja sobre la incomodidad y permea cada momento de un peligro inminente, el filme de Rosales es también conmovedor e inteligente al hacer un retrato complejo de una víctima que se equivoca, toma malas decisiones pero que además, quiere divertirse y pasarla bien.

En su aparente simpleza “Girasoles silvestres” aborda numerosos temas, pero sin duda el principal es el derecho de una mujer a ser feliz. (Télam)