Trazar una suerte de mapa sonoro en la escena rockera actual con canciones que se posicionen contra la violencia machista en todos sus aspectos resultaría tarea sencilla por el excesivo material disponible al respecto, y esta realidad digna de celebrar habla de una camada de artistas que, de manera natural, pudo subvertir el orden patriarcal preestablecido gracias al silencioso camino allanado por las no siempre reconocidas pioneras del género.

El imponente grito contra la violencia machista del "Paren de matarnos", de Miss Bolivia o la reivindicación feminista implícita en "Creo", de Eruca Sativa, por citar apenas unos pocos casos, que felizmente aparecen naturalizados en la nueva cosmovisión, no hubieran sido posibles sin la dura pelea contra estigmas y diversas situaciones de injusticia vividas por artistas como Gabriela, María Rosa Yorio o Celeste Carballo y Viuda e Hijas de Roque Enroll, más acá en el tiempo, entre un sinfín de nombres que ocupan un lugar en la historia.

En un ambiente en donde la mujer aparecía en un rol pasivo al servicio del hombre y que, en caso de intentar andar un camino propio, solo podría hacerlo ligada a la suerte de su eventual pareja masculina, estas artistas pusieron su cuerpo al servicio de una causa que alrededor de cinco décadas más tarde comenzó a dar frutos.

Lo curioso es que muchas de las propuestas artísticas encaradas por estas pioneras también conllevaban implícitos estos mensajes a favor de la igualdad de géneros, aunque a través de mensajes velados, posturas estéticas o, simplemente, con la apropiación de espacios reservados hasta allí estrictamente para hombres.

Gabriela fue la primera figura femenina dentro del rock argentino, sin embargo su suerte artística estaba ligada a la de su pareja de entonces, Edelmiro Molinari, exguitarrista de Almendra y, por entonces, líder de Color Humano; del mismo modo que le ocurrió a Carola Cutaia, esposa de Carlos Cutaia, tecladista de Pescado Rabioso y La Máquina de Hacer Pájaros, entre otras bandas.

Algo similar le ocurrió a María Rosa Yorio, quien cargó con todos los estigmas posibles para la mujer dentro del rock: ser señalada como la responsable de la disolución de un grupo -Sui Generis, en este caso- y ser la única excluida al nombrar al supergrupo que integraba con Charly García, Nito Mestre, Raúl Porchetto y León Gieco, conocido como Porsuigieco.

Con su mezcla de folk, blues y punk rock, Celeste Carballo se abrió paso en una escena dominada por hombres, del mismo modo que lo hicieron Patricia Sosa al frente de La Torre y Leonor Marchesi como cantante de Púrpura, en el ámbito del hard rock.

Desde el humor irónico, las performances de las Bay Biscuits, grupo del que salieron Fabiana Cantilo, Isabel de Sebastián y Vivi Tellas, entre otras; y las canciones de Viuda e Hijas de Roque Enroll cuestionaron el rol destinado a las mujeres en la sociedad.

Esto último da cuenta además de un mensaje que comenzaría a circular sin la necesidad de proclamas panfletarias, como el del goce sexual femenino en la vida cotidiana que proponía María Rosa Yorio con "Haciendo el amor en la cocina" o el cuestionamiento de Las Viudas a los mandatos estéticos o al papel de la mujer en el seno familiar, a través del humor de "Bikini a lunares amarillos" o "La familia argentina".

En los `90, Las Blacanblues se rehusaron a ocupar el eterno lugar de coristas destinado a los grupos vocales femeninos al encarar un proyecto propio y se animaron a poner al deseo personal por sobre la vieja idea de complacer a su eventual pareja masculina en la canción "Maldito piano".

Actualmente, figuras como Mariana Bianchini, frontwoman de Panza; Andrea Álvarez, la guitarrista Sol Bassa, Barbi Recanati o el grupo Led Ladies, que tributa a Led Zeppelin, son algunos de los tantos casos en los que la mujer encuentra una representación cabal dentro del rock, a partir de una conducta artística consecuente a las reivindicaciones feministas.

Incluso, existen casos como el de Recanati, al igual que el de la mencionada Miss Bolivia, cuyas carreras se construyeron o tomaron vuelo a partir de sus proclamas.

Un probable mapa sonoro que nos hable de la mujer y su justa reconfiguración en la sociedad abarcaría el repertorio de gran parte de las artistas que se mueven con total naturalidad por la escena actual. Lo revelador, en todo caso, sería la gran cantidad de composiciones de décadas pasadas que podrían incluirse en ese recorrido.

(Télam)