Renato Quattordio protagoniza el filme "Yo, adolescente", basado en el libro homónimo nacido en la era de Fotolog y la tragedia de Cromañón, en el que pone de manifiesto las vicisitudes de la adolescencia, las preocupaciones, anhelos, tristezas y el rol de la familia en esa etapa, y que se puede ver a partir de este jueves en Cine.ar y Cine.ar Play.

"La adolescencia es un grito en alto, es un grito en alerta ya que siempre va a tratar de expresarse y hay que escuchar mucho lo que dicen y por qué. Son el futuro y se avanza gracias a que siempre hay una juventud que está pidiendo más; y ese hambre y esa urgencia de vivir que tienen los adolescentes me parece que no va a cambiar", le dijo Quattordio a Télam.

En el filme de Lucas Santa Ana, el actor de "O11CE" y "El mundo de Mateo" interpreta a Zabo Zambrano, el autor de la novela, que comenzó a escribir en 2004 a modo de catarsis en su Fotolog tras el suicidio de un amigo por la tragedia de Cromañón.

En medio de la tristeza que inunda a Zabo se desencadena su despertar sexual, peleas y reconciliaciones con amigos y la falta de diálogo con sus pares; combo que lo sume en una soledad interior absoluta y la incomprensión propia de la edad.

"No vamos a llegar al lugar donde ya no se reclame más nada o no se exija o no se hable más. Me parece que esas son un poco las cosas que están en juego, la adolescencia siempre va a estar pidiendo un oído", afirmó Quattordio.

Fiel a la novela, el filme está atravesado, también, por la poesía, las letras y la música de esa juventud que se refugió en Fun People o Árbol, grupos que fueron la banda de sonido de toda una etapa, como también las fiestas clandestinas de los menores de edad que, de la noche a la mañana, no fueron aceptados más en recitales o boliches.

Télam: ¿Qué pensaste de la propuesta cuando te llegó?

Renato Quattordio: Que era una historia súper real, una visión de la adolescencia sin tapujos y muy comprometida con la realidad. Enseguida me imaginé aquellos años, y al mismo tiempo se mezclaron las imágenes de mi infancia y de mi adolescencia, de los recuerdos de ese pasado cercano que tengo. Otra cosa que me gustó mucho, fue el uso del recurso de la voz en off que recorre toda la película; lo que genera una suerte de conversación, un diálogo entre el espectador y el protagonista y eso ayuda a generar un vínculo muy importante con el protagonista.

T: ¿Leíste la novela?

RQ: Sí, y me pareció abrumadora, hermosa y muy fuerte. Creo que representa un poco la forma de ver el mundo que tuvo esa generación, y me parece que es una obra muy sincera y por eso llega mucho al lector. Cuando uno lee esa historia, se siente identificado con muchas cosas y se genera algo muy especial.

T: ¿Como fue la comunicación con Zabo?

RQ: Primero dejarme llevar por el guion y por la historia en sí, más allá de lo que había sido su vida personal, porque me parecía importante tener en claro que a la hora de hacer una película nosotros estábamos haciendo una adaptación y trabajamos mucho con el director, Lucas Santa Ana. A partir de ahí, fuimos sumando el conocimiento que nos brindó Zabo, porque en definitiva fue su vida. Hablamos mucho de elegir la forma de cómo encarar el trabajo. Me comuniqué mucho con él porque quería ser respetuoso con su historia y también escucharla en primera persona.

T: ¿Qué ves reflejado de tu adolescencia en la historia de la película?

RQ: Creo que son esas cosas en común y que son universales, como el empezar a descubrir la propia identidad y empezar a conocer el mundo y a verlo con tus propios ojos. Son años muy importantes donde depende mucho de las personas que uno conoce, que te empiezan a alimentar y a darte herramientas para interpretar el mundo. A mí me sedujo mucho y la idea de meterme a contar una historia de 2004/2005. Yo le dije a Zabo que para mí fue como hacer una película de época, algo retro.

T: ¿Creés que el adolescente es un eterno incomprendido?

RQ: No sé si es un eterno incomprendido. Creo que hay dos cosas en juego, una que tiene que ver con la adolescencia en sí, que nos corresponde a todos. Por otro lado, creo que el mundo empezó a cambiar bastante y nos empezamos a replantear un montón de cosas que tienen que ver con la relación entre los padres, las madres y sus hijes y la comunicación que es necesario que haya. Esta es una sociedad que, por suerte, cada vez tiene menos prejuicios con un montón de cosas que suelen suceder en la adolescencia, como el despertar y el conocer la propia sexualidad o los problemas de salud mental. Creo que los problemas empiezan a surgir, si es que surgen, cuando hay problemas en la casa, cuando no hay comunicación.

T: Al comienzo de la película, tu personaje hace una descripción sobre la visión negativa que tienen los adultos respecto de la adolescencia.

RQ: Mi personaje hace una descripción sobre la visión negativa que tienen los adultos de los adolescentes y también hace una descripción de la visión negativa que tienen los adolescentes acerca de los adultos. Creo que es importante la comunicación en la familia, así que me parece que una cosa no quita la otra. Quiero decir, que puede existir la comunicación y uno puede sentirse libre de expresarse con su familia y sus amigos.

T: ¿Cómo encaja tu personaje en esto?

RQ: Él no puede hacerse cargo de su propia tristeza, y por eso no establece un diálogo real con sus padres y sus amigos. Si alguien joven tiene la seguridad de que hay gente cerca, va a ser todo mucho más fácil. No creo que porque en la familia se hable sobre un montón de cosas, los adolescentes van a dejar de tener su espacio. Yo creo que la juventud siempre va a buscar ese espacio de Independencia, porque también es un momento para oponerse a lo que escucha del otro lado. (Télam)