(Por Solange Levinton) Mayor inversión en programas educativos, capacitación de calidad y la implementación de políticas públicas que acompañen a un sector en constante expansión global son algunos de los desafíos que enfrenta la industria audiovisual de América Latina y el Caribe de acuerdo a un estudio difundido hoy por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Titulado "Detrás de Cámara: Inversión y Creatividad para América Latina y el Caribe", la publicación realizada por Diego Olavarría y Alejandra Luzardo con respaldo de Netflix fue presentada hoy virtualmente por Marcelo Cabrol, Gerente del Sector Social del BID y Francisco Ramos, Vicepresidente de Contenidos para América Latina de la plataforma.

¿Dónde operan y de qué tamaño suelen ser las compañías de producción audiovisual en América Latina y el Caribe? ¿Cómo se recluta a los profesionales del sector? ¿Hay habilidades técnicas para suplir esta demanda? ¿Hay cursos de capacitación suficientes? Son algunas de las preguntas que aborda este informe basado en más de 100 entrevistas con interlocutores clave de la región y disponible en el enlace: https://publications.iadb.org/es/detras-de-camaras-creatividad-e-inversion-para-america-latina-y-el-caribe-aprendizajes-de-una.

En los últimos años el consumo global de producciones audiovisuales no paró de crecer: según el informe, se estima que hacia 2026 habrá más de cien millones de suscriptores de plataformas en América Latina, una región donde viven 600 millones de personas.

La explosión en la demanda de contenidos es impulsada por políticas públicas favorables (leyes de cine, incentivos a la producción, etc.) que estimularon la industria de todo el continente: hoy, dice, "América Latina y el Caribe es una región donde es posible rodar y producir".

Sin embargo, advierten que no alcanza si el objetivo es que la industria juegue un papel mayor en el desarrollo de la región. Al respecto, destacan que el aumento de la demanda y producción locales exige "unir fuerzas entre el mundo del entretenimiento y el mundo de la educación y la formación para construir los cimientos de una industria que será de gran relevancia en las próximas décadas".

Para comprender el potencial del sector en la economía, el informe cita un estudio de la consultora Olsberg SPI donde se advierte que la maquinaria de la industria audiovisual "distribuye alrededor de 177.000 millones de dólares en inversión cada año".

Y a nivel regional, la misma fuente resalta "un nuevo boom audiovisual en América Latina y el Caribe": solo en 2019 se invirtieron alrededor de 5.700 millones de dólares en producciones que impulsaron la creación de más de 1,6 millones de empleos directos e indirectos.

Es que si bien la crisis provocada por la pandemia impactó "de un modo inédito", la demanda de contenidos audiovisuales no disminuyó, sino que "siguió creciendo a través de nuevos formatos como el streaming".

Hoy, pasados los meses de confinamiento estricto que frenaron las producciones en todo el mundo, convergen dos tendencias favorables para la industria a nivel regional: "Las plataformas, que se consumen ahora en 1 de cada 5 hogares de Latinoamérica, están cada vez más interesadas en producir contenidos originales para el mercado regional" y "la demanda global de contenidos regionales, tanto en español como en portugués" que subraya el potencial de la región como exportadora audiovisual, "capaz de llevar sus historias a los lugares más diversos del mundo".

¿Cómo hacer para que esto suceda? Las leyes de fomento para la industria audiovisual "son un paso importante pero no el único", destacan en el estudio, que fue finalizado antes de los anuncios del Ministerio de Cultura y la Secretaría de Medios de la Nación, que ayer lanzaron el programa "Renacer Audiovisual", que volcará más de 2.400 millones de pesos para concursos para reactivar la industria y generar empleos.

El foco del trabajo del BID está en el aspecto formativo de los profesionales para el sector, y considera que es fundamental "impulsar políticas públicas pertinentes que dinamicen el sector, atiendan los retos locales y apunten a profesionales bien formados y de prestigio, con una capacidad creativa reconocida mundialmente y una ventaja comparativa en el mercado".

Una encuesta realizada para el informe a más de 400 productores y productoras mostró que la falta de cursos y opciones de capacitación "al nivel de los estándares requeridos por la industria global", y "la falta de sintonía entre la experiencia curricular y la práctica", son considerados los principales retos a los que se enfrenta la fuerza laboral del sector en la región.

Al respecto, los autores señalan que en tanto apuesta para el desarrollo de la región, "no se puede innovar, desarrollar nuevas industrias y competir en la economía global cuando más de la mitad de la población no ha terminado la educación secundaria; tampoco si los jóvenes que logran terminar lo hacen sin las habilidades y competencias que necesitan en el Siglo 21".

Por eso, sugieren "acciones conjuntas entre el sector público y el privado para enfocarse no solo en los jóvenes que ya forman parte de la fuerza laboral, sino en aquellos que van a llegar".

Por otra parte, en el informe se rescata el rol de regiones históricamente impedidas de construir una industria por su reducido tamaño y población que encontraron oportunidades para participar en el boom audiovisual actual. Entre estos centros emergentes que trabajan para posicionarse como lugares competitivos donde establecer servicios de producción y hubs audiovisuales se encuentran, entre otros, Uruguay, República Dominicana, Recife en Brasil, y ciudades como Mendoza y Córdoba.

La aparición de iniciativas como FilmAndes, el cluster de seis productoras en Mendoza, de organizaciones como la Asociación de Productores Audiovisuales de Córdoba (APAC) o el Corredor Audiovisual Argentino, según el informe, "es síntoma de un resurgimiento audiovisual fuera de la capital".

Esto demuestra, que las oportunidades del crecimiento de esta industria exceden lo económico e impactan también sobre la identidad cultural y la posibilidad de compartir historias con el resto del mundo. (Télam)