El director, actor y dramaturgo Rafael Spregelburd, que forma parte del elenco de "Último primer día", el thriller policial protagonizado por Eleonora Wexler que se estrenó el jueves pasado en la plataforma Flow, se refirió a la discusión sobre el financiamiento audiovisual que surgió a partir del conflicto en el Incaa, y consideró que "por primera vez nos encontramos con una conciencia muy clara de que la identidad de la ficción es también una forma de hacer política".

"Hay quienes piensan que hacer películas es un gasto que solo debería ser financiado por aquellos que puedan recuperarlo sin tener en cuenta que, en todos los países que admiran, la cultura es financiada por el Estado justamente para lograr esa independencia en el campo ficcional", resaltó el actor en diálogo con Télam.

Al respecto, subrayó que el hecho de que alguien diga que "un policial negro es norteamericano" o se refiera a "una comedia a la francesa" se debe a que en esos países lograron que "su propia independencia de ficción sea exportable por el grado de coherencia, cohesión y simpatía que genera ese producto".

"Nosotros -agregó- deberíamos pelear por esa misma autonomía porque tenemos con qué: autores y técnicos formidables, es un momento que habría que poder lograr que estas ficciones ganen en identidad local al punto tal de ser admiradas por otras culturas".

En esa línea, el actor celebró el estreno de la serie producida por StoryLab y dirigida por Diego Palacio que aborda el asesinato de un profesor y la desaparición de un alumno luego de una descontrolada fiesta del último primer día de quinto año organizada por estudiantes de una escuela privada de clase alta en una ciudad costera.

A lo largo de ocho capítulos, la serie escrita por Lucas Molteni, Nacho Viale, Sol Levinton y Ricardo Morteo, seguirá la investigación de la agente Duval (Wexler) entre los jóvenes para responder las incógnitas del caso.

Dentro de la trama, el actor cuya vasta trayectoria incluye los filmes "El hombre de al lado", "Zama" y "La flor"; series como "Días de gallos" y "La casa del mar" y la autoría de una decena de obras de teatro interpreta al padre de uno de los alumnos que es un empresario minero muy poderoso de la región que no concibe que su hijo "sea acusado igual que el resto del populacho de un crimen que no cometió".

Télam: ¿Qué te sedujo de la propuesta?

Rafael Spregelburd: Yo había filmado ´Post mortem´ (TecTv) con los chicos de StoryLab y la verdad es que ellos querían un tono para este personaje que les parecía que solamente yo les podía dar así que ante esa amenaza dije: "Me interesa". A veces uno tiene dudas, porque yo tengo un rango muy raro en cine y televisión y nunca sé qué es lo mío que vienen a buscar entonces paso de hacer de intelectual a padre de un futbolista sin escalas intermedias. Así que me quedo tranquilo cuando me dicen qué es lo que les parece que puedo dar.

T: Más allá de tu personaje, ¿Qué encontraste en la historia?

RS: El policial negro es un género que conozco poco y esta historia es muy negra. Es tremenda, un dramón, una cadena de acontecimientos desafortunados que tienen algo de la dinámica de la catástrofe que a mí me gusta mucho. El crimen no es el crimen que uno cree, los buenos no son los buenos, los malos no son malos, y todo esto genera un laberinto muy interesante. Y es muy bueno que esté seriado porque cada capítulo abre con una nueva perspectiva, cada personaje nuevo que aparece te modifica el plan. Lo que más me interesó de este género fue esta cuestión.

T: ¿Creés que es más complejo el verosímil para un espectador argentino, donde la fuerza policial no tiene una buena imagen?

RS: Ahí está uno de los encantos de la ficción. Para nosotros ficcionalizar la policía requiere una toma de decisiones previas: la policía estaba el otro día reprimiendo a los manifestantes absolutamente pacíficos frente a las puertas del Incaa, ¿cómo haces para meter eso en una ficción sin que nosotros sepamos todo lo que sabemos y todo lo que pensamos de la Policía? Siempre que uno entra en este género hay un montón de imágenes e iconologías que hay que refundar para poder decir: "En esta ficción los policías son buenos y tienen corazón". Es parte del desafío. En ese sentido, no es ingenuo que la investigadora sea mujer. Pero siempre que uno habla de ficción tiene que lograr que el espectador compre algo que no pertenece al mundo de lo real.

T: ¿Cuál creés que es el atractivo de enmarcar la serie en ese universo juvenil de clase alta?

RS: Los jóvenes suelen ser representados como consumidores de un modo de vida y me parece que uno de los signos de los tiempos es revisitar ese lugar. El joven ya no como consumidor de un modelo sino como alguien que está viviendo una serie de emociones. Todo lo que está en juego en un "UPD" es de unas dimensiones escalofriantes, ¿de qué manera los pibes se juegan la pertenencia a una marca de época? La gracia es ver cuán borrachos llegan al primer día de clase y eso es porque se ha generado como un producto que tienen que consumir. En ese sentido la serie oscila entre presentarlo como el tema y, al mismo tiempo, condenarlo pero no toma partido y está bien, no es moralista.

T: ¿Qué desafíos tiene la ficción argentina frente al desembarco de las grandes plataformas?

RS: Uno de los desafíos del desembarco de las grandes plataformas es que por otro lado pueden descubrir cómo apoyar la aparición de fenómenos muy singulares. Yo soy fanático de una telenovela turca que se llama "Nos conocimos en Estambul" en la que Netflix toman la tradición de un fenómeno completamente local y lo ponen en manos de un director de cine exquisito y hacen una pieza de la calidad de Bergman. Eso solo podría haber sido producido en Turquía, eso quiero decir. Es un momento para poder establecer esa soberanía de qué historias nos queremos contar y nos debemos contar. (Télam)