Capaz de asumir los roles de autor, director y autor para "Habitación Macbeth" que el sábado se estrenará en el porteño Centro Cultural de la Cooperación (CCC), Pompeyo Audivert atribuye la nueva apuesta al "intento de estallar los límites que establecen a la operación teatral casi como un trabajo de línea".

"Trabajo la suposición de que se ha producido un derrumbe histórico universal y solo quedan unas fogatas en el páramo, y en ellas unos actores que, dentro de un círculo de piedras, persisten en la función de representar los misterios del ser, yo soy uno de ellos", simboliza Audivert durante una entrevista con Télam.

Y en ese torbellino de ideas y acciones, el artista fundamenta que la experimentación que volverá a encarnar en "Habitación Macbeth" "es volver al concepto más básico de una fenomenología ritual, un cuerpo poseso, un cuerpo habitación donde se encarnan las fantasmagorías abismales".

El teatrista, de 61 años, una presencia insoslayable para la actividad escénica contemporánea, asume esta pieza teatral sobre "Macbeth", de William Shakespeare, y con música original de Claudio Peña, que ofrecerá funciones los sábados a las 21 y los domingos a las 20 en la Sala Solidaridad del CCC (Av. Corrientes 1543).

Télam: ¿Con qué se va a encontrar el público que ingrese a "Habitación Macbeth en el CCC?

Pompeyo Audivert: Con un acto teatral singularísimo, un actor representa él solo Macbeth, todos los personajes de la obra pasan por su cuerpo, lo habitan, él funciona como habitación. Eso significa también que el espectador está convocado a desatar su imaginación, a crear teatralmente a la par de ese actor, a ser habitado y habitante de ese ritual.

T: ¿Aparece el espectador a la hora de encarar una nueva obra? ¿Cómo es para vos esa persona que asiste al hecho teatral?

PA: Siempre es el mismo, un ser sin nombre, alguien que quiere suspender por un rato su identidad para dar consigo. Al igual que quienes actuamos, quienes espectan solo ensayan la muerte y la resurrección.

T: Aunque las proposiciones de esta obra se inscriben en tus búsquedas teatrales y políticas ¿Puede pensarse que la conformación de esta "Habitación Macbeth" es fruto de la pandemia y el encierro?

PA: Sí, creo que se trata de una acción o reacción teatral incubada en y por la pandemia. No obstante, debo decir que ya estaba en mis planes desde antes de la pandemia hacer este trabajo, pero lo venía postergando. Cuando me reduje a la casa surgió con mucha potencia el deseo de terminar la adaptación y poner manos a la obra.

T: ¿Resuena de un modo particular estrenar en un contexto tan incierto y tras un año que acarreó una profunda crisis para las artes?

PA: Es un momento universal sin dudas, el ser humano ha entrado en un extrañamiento, en una zona común donde todos estamos en la misma encrucijada. El arte ha sido y es una zona de identidad, un camino hacia nuestra verdadera identidad de seres. Quizá la pandemia nos permita reflexionar al respecto de nuestro destino común, de nuestra pertenencia a un nivel metafísico del que nos hemos olvidado, tan atareados como estamos en los asuntos compulsivos del frente histórico.

T: ¿Cuánto del contexto interviene en tu caso para empujarte a la creación teatral?

PA: Siempre el contexto produce sus influjos, la insatisfacción que se siente ante el estado de cosas, las percepciones que sobre la realidad se tienen desatan asociaciones, lecturas, posiciones que de algún modo influyen en las decisiones artísticas, pero hay otros asuntos que no son estrictamente históricos que también influyen mucho en mí. La visión que tengo del teatro como un ritual metafísico que sondea identidad y pertenencia a una escala extra cotidiana es sin duda un aliento que opera secretamente en mis elecciones de materiales y temáticas. No es algo que suceda conscientemente, me doy cuenta después de que estoy embarcado en un proyecto que tiene una profunda relación con estos dos niveles aparentemente contradictorios sobre los que tengo opinión y posición. Pero la elección de un material debe producirse ingenuamente, es una zona infantil la que decide, uno le abre paso, pero decide el niño.

T: ¿Puede pensarse que la obra reactualiza la intención de "arrojar un piedrazo en el espejo de las apariencias ficcionales" ¿Cómo es posible fundar una realidad?

PA: El teatro erige un espejo para concitar una unidad referencial con quienes espectan, luego, el teatro debe arrojar un piedrazo en el espejo para revelar que esa identidad de naturaleza histórica es ficcional y que detrás de ella hay un trasfondo metafísico y poético. El teatro entonces construye con los fragmentos de ese espejo trizado nuevas versiones caleidoscópicas de identidad y pertenencia que dan cuenta de las infinitas versiones y sub-versiones que se pueden producir, ya no es ficción sino realidad artística.

T: El hacer que la creación artística no sea "reflejo" de la realidad sino un asunto en sí mismo ¿Es un procedimiento aplicable a otras disciplinas?

PA: Desde luego que sí. (Télam)