Con nuevo disco bajo el brazo, creado entre los avatares del levantamiento popular que puso contra la pared el proyecto neoliberal de Sebastián Piñera y el aislamiento que impuso el coronavirus, el músico chileno Nano Stern llega a la Argentina para una gira por varias ciudades del país donde estará presentando su registro discográfico "Aún creo en la belleza".

Habitual visitante del país (tomó parte del Concierto de la Hermandad Argentino Chilena, con la que fue homenajeado en el Centro Cultural Kirchner el nuevo presidente chileno, Gabriel Boric, en su visita de comienzos de abril), Stern presentará en vivo en esta gira un material al que define como "atravesado por dos energías opuestas: la revuelta social y el encierro individual".

Además, trae consigo "Décimas del estallido", un libro escrito primeramente como una suerte de diario en paredes callejeras, panfletos y posteos en redes durante el levantamiento popular que conmovió a a Chile en 2019.

Los shows en el país arrancan mañana, miércoles 4 en Pez Volcán de la Ciudad de Córdoba (hoy presenta el libro en el Centro Cultural Graciela Carena de esa metrópoli), y continúan el jueves 5 en Casa Brava de Rosario (con entrada gratuita previa reserva), el viernes 6 en Nave UNCuyo, Mendoza, y el domingo 8 en Café Berlín de la ciudad de Buenos Aires, mientras que el lunes 9 será invitado del grupo de percusión La Bomba de Tiempo en la Ciudad Cultural Konex.

Para hablar sobre las novedades que trae "Aún creo en la belleza", su libro de décimas, la situación en su país y los alcances de estos shows argentinos, Stern dialogó con Télam desde su casa en Santiago.

Télam: ¿Podrías contarnos cómo fue pensado y concebido este nuevo material y cómo la situación externa marcó las dinámicas creativas presentes en su desarrollo?

Nano Stern: Este disco abarca mucho tiempo de trabajo y vida, porque originalmente iba a ser grabado a finales de 2019. Luego vino el estallido social y la pandemia. Las circunstancias fueron muy extremas y estuvieron determinadas por dos energías opuestas: la revuelta social y el encierro individual. Creo que algo de eso se nota en el disco, que tiene al mismo tiempo una lectura muy colectiva y otra completamente íntima y personal. Yo venía muy metido en la contingencia y mis últimos trabajos publicados: canciones, escritos sueltos y el libro "Décimas del Estallido" respondían de forma urgente al apabullante contexto del Chile de los últimos años. Pero tenía la necesidad interior de hacerme cargo de otras energías y, en particular, de buscar y ofrecer refugio en la belleza, esa misma que tantas veces dejamos pasar sin mayor reparo.

T: ¿Cómo insertás este nuevo material en relación con tus trabajos previos?

N.S.: Este disco me parece la continuación natural de un proceso que llevaba madurando hace rato. Después del disco "Mil 500 Vueltas" (2015), sentí que tenía que explorar otras direcciones creativas y por eso me dediqué a hacer EPs, más cortos y experimentales, en los que de manera explícita me obligué a salir de mi zona natural y a forzar un poco otras sonoridades y registros líricos. Luego, con el estallido, la pandemia, y el encierro interminable, comenzaron a fluir otros pulsos y me permití, sin ningún tapujo, fluir de forma natural. Me dio mucho gusto ver que tras este período tan intenso, me empezaban a nacer muchas canciones simples. Creo que (me) era necesario retomar la intuición como principal motor creativo.

T: En este disco hay una canción en relación con el tema del agua que baja de la cordillera que compartimos Chile y Argentina y su uso para la minería y cultivos intensivos relegando a las comunidades, ¿podrías contarnos el trasfondo de esa composición?

N.S.: Acá la crisis hídrica está empezando a pasar a la siguiente etapa, en la que ya se habla de racionamiento del consumo en las ciudades y de pronto la cosa cobra una urgencia sin precedentes. La canción "Agua Clara" la escribí después de una visita a la provincia de Petorca en donde abundan las plantaciones de paltos que consumen toda el agua de estos fértiles valles mientras las familias que llevan siglos allí no tienen agua ni para tomar. Es de una brutalidad abismal, realmente. Es quizás el ejemplo más claro, valga la redundancia, de la brutalidad que puede alcanzar el neoliberalismo cuando dejamos que las fuerzas del dinero imperen sobre las más básicas nociones de la decencia y el sentido común.

T: La canción "Aun creo en la belleza" es una declaración de principios personal y de algún modo colectiva?

N.S.: Como toda canción, es una declaración íntima que -en el mejor de los casos- puede alcanzar una dimensión colectiva. Y sí, de todas maneras es un manifiesto . Es que, en estos tiempos convulsos que nos ha tocado vivir, me parece tan necesario reivindicar la belleza no solo como una cuestión estética, sino también como una dimensión ética. Además, como humanos que somos, tenemos la posibilidad no solo de creer, sino también de crear en la belleza.

T: En esta gira también estás presentando un libro: "Décimas del estallido", ¿podrías hablarnos de cómo se hizo?

N.S.: Es curioso el proceso de ese libro porque nació sin querer ser libro. Yo venía ya desde hace un tiempo llevando una especie de crónica esporádica del acontecer colectivo en Chile, publicando en algunos medios y en redes también, y cuando vino el estallido lo más natural para mi fue comenzar a llevar al verso lo que estaba sucediéndonos. Por lo demás, era muy evidente que aquello que estábamos viviendo (para lo cual durante un buen rato no tuvimos nombre) era algo que iba a cambiar nuestras vidas para siempre y que merecía ser contado y cantado.

Las décimas que forman esta larga crónica fueron escritas en diversos contextos. Algunas fueron directo a las redes, otras aparecieron en pasquines y panfletos, y otras directamente las fui escribiendo en muros y paredes de Santiago a medida que se libraba una intensa batalla entre la gente y sus colores y los litros de pintura gris de los carabineros. Eventualmente hubo mucho interés editorial por llevar este conjunto de Espinelas a un libro y entonces comenzó un interesante proceso que nos tuvo trabajando un largo rato. Tuve el placer de trabajar con un editor argentino, Tobías Schleider a quien conocí gracias a mi compañera que lo seguía en Twitter (El Topo Erudito), y debo decir que poder contar con su ojo experto y con la visión de un extranjero que agregó mucha claridad y profundidad al texto.

T: ¿Cómo analizás tu vínculo con el público argentino?

N.S.: Estoy absoluta y perdidamente enamorado de las audiencias argentinas. Se produce una conexión muy única, realmente. Creo que Chile y Argentina tienen la cuota justa de similitudes y diferencias que permiten que nos veamos reflejados los unos en los otros y eso, sobre el escenario, se manifiesta de manera exacerbada. Ha sido lindo, además, ver cómo cada vez hay más gente que me va conociendo del otro lado, considerando que mi primer concierto fue en un barcito de Buenos Aires en donde había 10 personas, y el último fue en la Ballena Azul del CCK, Cosquín mediante. Realmente ha sido un viaje fenomenal y estoy dichoso de que, finalmente, se abran las fronteras y podamos volver a viajar de lado a lado. (Télam)