"Turistas y exiliades", pieza de teatro documental y "perfomance de agitación política" de Mariano Rapetti desembarcará el próximo viernes 3 de septiembre a las 20 en el porteño Teatro Beckett, en Guardia Vieja 3556.

"La propuesta es un salto al vacío", adelantó Rapetti, director, dramaturgo, actor y performer responsable de esta propuesta creada a pulmón y respaldada luego por una beca de Creación del Fondo Nacional de las Artes.

Estrenada a fines de 2019, la pieza apuesta a traer al presente "una historia en primera persona sobre el exilio en la última dictadura militar para agitar algunas consignas y pensar la relación entre arte y política".

Ahora, pandemia mediante, la performance encabezada por Rapetti vuelve a la carga con un equipo que completan Karina Elsztein (asistenta de dirección), Juli Potenze (escenógrafa), Juan Pablo Sierra (movimiento) y Fernando Berreta (luces).

"Me tiene un poco podrido -agregó el actor- el teatro que no arriesga nada, que busca reproducir lo que le funcionó a algún vejete hace veinte años pero agregándole una canción de trap o un dj en vivo".

Y recuperando nombres como Batato Berea "o cualquiera de las mostras del Parakultural", Rapetti consideró: "Las generaciones anteriores a la mía, en los ochenta o noventa, eran más arriesgadas; en términos de lenguaje pero también arriesgadas literal".

Télam: ¿Cómo surge esta idea y cuál es el juego entre ambas figuras del título?

Mariano Rapetti: Durante el macrismo desarrollé una serie de dolencias que no me podía explicar con palabras. Me sentía afuera de lo que estaba pasando; cuando iba al teatro independiente o al oficial, en mis clases de dramaturgia y en las conversaciones que tenía con mis amigues y colegas. En ese momento estaba haciendo un taller con Silvio Lang, que tiene una mirada muy especial sobre lo que el Teatro es y lo que podría ser, y él dijo una vez haciéndose la Evita Perón: "Donde hay una afección nace una investigación". Y eso fue lo que hice: me propuse investigar qué hacía que yo no pudiera disfrutar en paz del teatro y me topé con mi infancia.

T: ¿Con qué te encontraste?

MR: Yo soy hijo de exiliades de la última dictadura y soy la única marica (al menos asumida) en el seno de una familia de militantes políticos. Entonces empecé por ahí, buceando en las cuestiones que marcaron mis primeros años de vida. Y mientras lo hacía me encontré con mi etapa adolescente: a fines de los noventa, que fue una época donde la política no era lo que es hoy y mi generación desarrolló un enorme rechazo a las estructuras, al Estado, a los sindicatos. Lo que nos hablaba en esa época era el rock, por lo menos a mí. Entonces me di cuenta de que eso de sentirme afuera no era solo una sensación sino una posición.

T: ¿Qué lenguajes entran en juego en esta obra documental?

MR: La pensé como un montaje, un poco influenciado por lo que estábamos leyendo en el taller (Didi Hubermann, "Cuando las imágenes toman posición"), lo que hago es poner fragmentos de la televisión, recitales, algunas historias, fotografías, canciones de punk, videos caseros, objetos y otros documentos uno al lado del otro con la esperanza de que el público haga su trabajo en tejer esas relaciones, en lugar de ofrecer moralejas. En ese sentido "Turistas" se parece un poco más a la vida real, hay momentos de mucha agitación y baile, otros son más reflexivos. Hay poesía pero también hay consignas crudas, música y ruido. Todo eso, todo junto, haciendo pogo en el mismo lugar: a ver si logramos en esa mezcla extraerle al rock algo de la potencia que le falta al teatro. (Télam)