Mañana se cumplen 100 años del nacimiento del poeta salteño Jaime Dávalos, una de las figuras más importantes de la cultura argentina, dueño de una obra conmovedora que resuena hasta la actualidad, y quien conformó junto al cantautor Eduardo Falú una de las duplas más fecundas de la música popular de raíz.

"Para mí su obra es un fuego encendido alrededor del cual la gente se va nucleando. Sus canciones, de una hondura y un vuelo poético inmenso, me conmueven cada vez que las intento atravesar con mi voz. No es posible salir intacto después de cantarlo. Se despliega en mí un imaginario, un paisaje interno alucinante", expresó a Télam la cantora Florencia Dávalos, la menor de los siete hijos del poeta.

"Canción del jangadero", "Tonada del viejo amor" y "Vamos a la zafra" son algunas de las populares canciones que Dávalos creó junto a Falú, cuyas letras se caracterizaron por escaparle a los moldes y estereotipos del folclore de ese tiempo -a partir de 1945-, contando historias reales y la vida cotidiana de la gente del pueblo, con sus tristezas y sus alegrías.

En ese sentido, Florencia indicó que el haber conformado una dupla creativa con Falú, "con quien se entendían profundamente, proyectó aún más su obra".

"Al decir de su compañero de caminos y de música: 'Estábamos acostumbrados a esas letritas pintorescas del folclore, que no decían nada. Jaime empezó a decir otras cosas y a usar figuras muy nuevas, que impactaron en la gente y me impactaron a mí'", expresó la cantora.

"Sus canciones y poemas hablan de temas universales como el trabajo, el amor, las costumbres, el destierro, la lucha por la subsistencia, entre otros, desde una mirada particular centrada en la realidad de la gente de nuestra tierra, que no solo era Argentina, sino Sudamérica", agregó la hija de Dávalos, quien mañana hará un homenaje a su padre, recreando gran parte de su obra, en el Centro Cultural Kirchner, espectáculo que se podrá ver por el canal de YouTube del espacio.

Allí Florencia tributa a esa obra junto al piano, los arreglos y la dirección musical de Julieta Lizzoli, los vientos de Eliana Liuni y la percusión de Mariana Mariñelarena, en una propuesta que suma como voces invitadas a las de María de los Ángeles "Chiqui" Ledesma y Milena Salamanca.

Gustavo Adolfo Solá -su verdadero nombre- nació en la ciudad de Salta, era hijo del escritor Juan Carlos Dávalos y de Celecia Elena.

A lo largo de sus 60 años de vida, Jaime viajó por todo el país y tuvo contacto con los paisajes y las historias de la gente, fuente de inspiración de sus poemas, canciones y relatos.

Su primer acercamiento a la música fue tocando la armónica, y luego, al igual que sus seis hermanos se inclinó por el canto con guitarra. Entre fines del 50 y principios del 60 tuvo sus propios espacios en televisión: "El patio de Jaime Dávalos" y "Desde el corazón de la tierra", éste último ganador del Martín Fierro.

Según cuenta la leyenda, Jaime tocaba de oído la guitarra y el charango y fiel a su espíritu inquieto, también indagó en otros oficios: fue dibujante, alfarero y titiritero.

Tuvo siete hijos; de su primer matrimonio con Rosa, a Julia Elena (conocida cantante), Luz María, Jaime Arturo y Constanza; y de su segundo matrimonio con María Rosa Poggi tuvo a Marcelo, Valeria y Florencia, quienes de alguna manera estuvieron vinculados al arte, continuando la tradición de una familia de artistas.

Prolífico y sensible, plasmó su mirada comprometida en libros como: "Rastro Seco" (1944), "El Nombrador" (1957) ,"Toro viene el río" y "Coplas y canciones" (ambos publicados en 1959).

También brilló como recitador de sus versos; creó un estilo personal al que le siguieron otros poetas consagrados como Armando Tejada Gómez y Hamlet Lima Quintana.

Junto a Eduardo Falú compusieron grandes canciones, algunas de ellas recopiladas en 1962 en "Canciones de Jaime Dávalos", entre las que cuentan "Hacia la ausencia", "Zamba de los mineros", "Trago de sombra", "Zamba de San Juan" y "Tiempo dorado", entre muchas otras.

Acerca de su enorme legado, Florencia, dijo: "Jaime Dávalos hizo un aporte significativo para la música argentina introduciendo figuras poéticas de alto vuelo en la canción popular. Sus canciones hablan del hombre en su contexto, pero no desde un lugar pasatista ni describiendo el paisaje como un turista, sino adentrándose en las realidades muchas veces adversas e injustas, con una mirada social comprometida".

Murió en Buenos Aires el 3 de diciembre de 1981, dejando una huella inigualable en la cultura popular argentina.. (Télam)