El documental "La soledad de huesos", de Alfredo Lichter, pone en la pantalla de Cine.ar Play la historia de la inmigrante estadounidense Natalie Goodall, quien, guiada por un libro, se fue a vivir a Tierra del Fuego y, recolectando huesos de delfines y ballenas en la playa, creó el museo más grande del mundo y se convirtió en una referente de la investigación científica.

"Se trata de un documental entre colegas de las ciencias naturales. No es usual. El cineasta se olvida por un momento de su tarea para reflejarse en el personaje que busca. Conocí a Natalie Goodall y fuimos coautores de varios artículos en revistas científicas internacionales sobre cetáceos". explicó Lichter a Télam.

A principios de la década del 60, Goodall llegó desde Estados Unidos a Tierra del Fuego por la lectura de "El último confín de la Tierra" de Lucas Bridges. En la provincia más austral del mundo conoció a Tommy Goodall, tuvieron dos hijas, y juntos se establecieron en la que fue la primera estancia de Tierra del Fuego: Harberton.

Al poco tiempo de llegar, Natalie comenzó a recorrer las playas de la isla buscando plantas para un herbario y huesos de ballenas y delfines hasta conformar una fantástica colección de casi 3.000 esqueletos.

"El trabajo de Natalie tuvo el rigor y el marco científico de una investigación científica seria. Y una atención en el plano internacional que lo aleja de un hobby. Su trabajo en algunos aspectos de los mamíferos marinos fue fundacional. Los aportes que hizo al conocimiento biológico de algunas especies de delfines la ubicaron en una referente internacional de renombre", comentó el realizador de "Historia Natural" y escritor de varios libros.

Télam: ¿Cuál fue el atractivo de la historia?

Alfredo Lichter: En general, los documentales asociados a la naturaleza son tratados priorizando una perspectiva desde las ciencias naturales. Las descripciones científicas, los detalles biológicos o ambientales son parte principal del tratamiento. En este caso opté por un abordaje diferente. Más allá de que lo natural subyace en todo momento, las personas que participan, junto a sus historias, su determinación, sus alegrías y tristezas, son presentados en un primer plano. Ambos conviven por igual. El paisaje del Fin del Mundo con toda su espectacularidad, refleja su lado intimista hasta convertirlo en un estado de ánimo, una atmósfera. Un misterio.

T: ¿Cuánto puede inspirar el arte (como en este caso un libro) para cambiar o encauzar el rumbo de la vida?

AL: El arte en general, literatura, música, artes pláticas y visuales, etc, han sido desde siempre material de inspiración. El punto de partida para tantas actividades humanas. Inspiración para grandes cambios o pequeños movimientos. Para individuos, para multitudes, ¡para países! ¿Cómo puede ser que un libro o una canción nos atraiga tanto como para cambiar el rumbo? Pero ocurre, documentado, desde hace 3.000 años. Cómo saber que al abrir un libro nuestra vida está a punto de cambiar? Nadie los sabe y allí está el misterio. Así fue en el caso de Natalie y de tantos más. (Télam)