La cantante y actriz Julieta Laso estrenará mañana a las 20 en Ciudad Cultural Konex su reciente tercer álbum, “La Caldera”, y volverá así a cantar en vivo, una sensación que, describe, “para una banda, para una cantora, el escenario, frente al público, es la ciudad natal”.

“El público me permite desplegar sanamente algo que cuando bajo del escenario es peligroso para mí y para los demás. Es un estado de salud cantar para la gente, tocar para la gente. Yo canto todo el tiempo en mi casa. Pero frente a los otros te curás. Te volvés casi buena. Eso es lo que se llama ritual supongo, lo que hace que esta actividad primitiva perdure en el tiempo”, reflexiona Laso en diálogo con Télam.

Julieta comparte “La Caldera” con Noelia Sinkunas (piano), Paloma Schachmann (clarón y clarinete), Alexey Musatov (violín), Lisandro Silva Echevarría (guitarra), Cristian Basto (contrabajo) y Matías Fernández Levi para asumir un repertorio donde conviven piezas de Enrique Santos Discépolo, Sandro, Leda Valladares, Daniel Magal y Horacio Guarany que mañana podrá apreciarse en Sarmiento 3131, con localidades en la web de Konex.

El singular cancionero incluye temas nuevos de Diego Baiardi (autor de cabecera en “Martingala”, anterior disco de Laso publicado en 2018), un vals de Lucio Mantel y la canción “Trapito” compuesta por Néstor D’Alesandro para la película animada homónima de Manuel García Ferré.

La intérprete que protagoniza el unitario documental "Terminal Norte", dirigido por Lucrecia Martel, y a partir del 4 de noviembre saldrá a escena de El Picadero para ser parte de "Ojo de Pombero", obra escrita y dirigida por Toto Castiñeiras, quiere sacar de gira “La Caldera” y el viernes 19 cantará en el CAFF en compañía de la pianista Sinkunas.

Télam: ¿Tu carácter de actriz hace que le des más entidad a poner en acto un repertorio de canciones?

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Julieta Laso: Todos nos pasamos la vida representado como somos frente a los otros, y cuando los otros cambian, la representación cambia. Todos podemos identificar ciertos personajes que somos, depende el lugar y la gente. Mi escala va de pollo apaleado a perra vengativa, pasando por algunas formas humanas. Estar en el mundo es un poco la fiesta de poder ser de muchas maneras. Y no es una habilidad individual, es algo que los demás te permiten. Cuando de eso hacés una profesión, podés equivocarte un poco, porque te concentrás tanto en vos misma que te olvidás que mutar es una habilidad comunitaria. En el escenario muchas veces me siento una antena, un medio para que algo baje sobre mí y se desparrame en los demás. Y a veces es al revés, soy una antena que emite lo que emana del público. Fijate qué tontería es esa demanda de ser uno mismo, de ser alguien, cuando tenemos la capacidad de mutar.

T: Al respecto ¿qué balance hacés de tu actuación en "Terminal Norte"? y ¿qué podés adelantar de tu labor en esa mundo criollo desmesurado que propone “Ojo de Pombero”?

JL: Terminal Norte tiene mucho que ver con lo que estaba comentando. Fíjate que cuando estás con cantoras y músicas que hacen cosas distintas, la vida se ensancha. Es mejor cuando más variado es todo. Porque somos mutantes y necesitamos el ejercicio de ir y venir. Esa imagen tan quieta de nosotras mismas es una fantasía que hemos aprendido en algún lado.

Lo de Toto Castiñeiras, el “Ojo de Pombero”, una obra que escribió siguiendo esa maravilla de invención que hace entre lo gauchesco y la Argentina moderna, es una invitación a volver intentar el teatro. Me había alejado de eso, y estaba un poco triste y no me daba cuenta. Esto es volver a la vereda a jugar con los vecinos.

T: ¿Qué significa “La Caldera” en tu camino musical?

JL: Canciones populares, esta vez tomando temas de diversos autores. Creo que es un disco de cierre de una etapa. Digo esto porque estoy grabando otro disco muy distinto y veo que hay un camino que se está abriendo y me lleva para otro lado. “La Caldera” es mi último disco de barrio porteño. Un poco más alegre que “Martingala”, creo.


(Télam)