(Por Hernani Natale) La propuesta de presentar un show al estilo de los recordados “Unplugged” de MTV, con versiones acústicas, cuidado sonido y una notable puesta en escena de luces y gráficas, por la que optó Las Pelotas en su regreso a los shows en vivo, ocurrido durante el fin de semana en el porteño teatro Gran Rex, derivó en una lógica explosión de energía contenía que, para alegría de la banda y los fans, se pareció bastante a los tradicionales conciertos del grupo.

Las restricciones sanitarias todavía vigentes –que por ejemplo no permite aforos completos ni circulación de personas dentro del recinto- fue la excusa perfecta para recrear en escena el disco “Versiones desde casa”, lanzado en pleno confinamiento, con canciones de distintas épocas recreadas en un estilo reposado.

Pero tal como viene ocurriendo en todos los shows que se están realizando de cualquier artista, la alegría por el reencuentro y el retorno de algunos saludables viejos hábitos –como lo es precisamente la experiencia de vivenciar música en vivo- derivó en un incontenible desborde de emoción, que se tradujo en un teatro de pie cantando al unísono cada melodía que sonaba desde el escenario.

En ese contexto, Las Pelotas mostró sus dos mejores caras: la de banda madura, refinada y reflexiva, puesta de manifiesto en el primer tramo de concierto, cuando el escenario pareció una prolongación del living de la casa de los músicos; y la de una formación capaz de invitar a la descarga física, el baile y la catarsis, con un pulso más rockero, sin abandonar las otras cualidades.

Tras la frustración de tener que postergar dos veces su anunciado desembarco en el Hipódromo de Palermo por la pandemia de coronavirus, Las Pelotas volvió a verse cara a cara con su público el sábado y domingo pasados, en su primer contacto desde el lanzamiento del aclamado disco “Es así”, de marzo de 2020, y de “Versiones desde casa”, la producción de formato acústico que repasa unos pocos hits y varias gemas no tan exploradas de su repertorio.

El show mostró a la banda sentada, con guitarras acústicas como base y tempos bajos, en una suerte de recreación de los “Unplugged” tan de moda en los '80 y fundamentalmente en los '90; apoyados con una interesante puesta que incluyó un atrapante juego de luces y gráficas.

En este contexto, el líder Germán Daffunchio se concentró básicamente en cantar, prácticamente sin apelar a su guitarra; la bajista Gabriela Martínez, el baterista Gustavo Jove y el guitarrista invitado Gaspar Daffunchio se encargaron de aportar una sólida base.

Por su parte, el guitarrista Tomás Sussman se reservó algunos breves solos y fraseos; Alejandro Gómez Ferrero alternó trompeta, trombón, percusión y cuerdas; y Sebastián Schachtel fue una vez más el gran generador de climas desde la sutileza de sus teclados; dando de esa manera los toques de distinción a cada interpretación.

La primera mitad del concierto estuvo dominada por ese espíritu similar al de “Versiones desde casa” y presentó deliciosas lecturas de canciones publicadas en los discos de los últimos años, como el caso de “Cuantas cosas”, “Díselo”, “Nunca te jugaste”, “Mira”, “Es así” y “Personalmente”, entre otras.

Cada una de las interpretaciones eran recibidas con calor por el público, mientras que el líder del grupo sazonaba la euforia general por el reencuentro con frases alusivas y emotivas. “A la salud de todos ustedes por mantenernos vivos”, dijo Daffunchio a modo de brindis en un momento; del mismo modo en que dedicó “Como una estrella” a “los que se fueron, que son muchos”.

Hacia mitad del concierto, Daffunchio quedó solo en el escenario con la invitada especial Sonia Álvarez para una exquisita versión de arpa y voz de “Víctimas del cielo”, en uno de los momentos de mayor vuelo, sobre todo por la recreación en el instrumento de cuerdas de los increíbles arreglos originales de Schachtel.

A partir de ese momento, el show fue virando hasta convertirse en algo mucho más parecido a los tradicionales conciertos de Las Pelotas, en donde el furor el público juega un rol especial.

“Que sea”, “Nada es real” y “Las voces” parecieron mantener el clima de la primera parte, pero “Que estés sonriendo” rompió el clima e invitó al público a ponerse de pie hasta el final del concierto, tal vez porque el propio Daffunchio ya no aguantó más estar sentado.

Con el líder con micrófono en mano paseándose por el frente del escenario, el grupo se entregó a una seguidilla de clásicos en sus versiones originales, salvo alguna excepción, como el caso de “Bombachitas rosas”, que fue recreada en formato acústico de la misma manera en que se registró en las “Versiones desde casa”.

“Si supieras”, una improvisada pero celebrada lectura de “Movete”, “Será” y “Cuándo podrás amar” unieron al grupo y su público en una sola voz, y dejaron un clima más que propicio para los bises, que con “Solito vas”, “Capitán América” y “Shine” provocaron que el teatro definitivamente se asemejara a un estadio.

Más allá de emociones y de la explosión lógica tras tantos meses de postergaciones, Las Pelotas demostró una vez más que su nombre sin dudas ocupa un lugar fundamental entre las grandes bandas del rock argentino, tanto por trayectoria y cantidad de fieles, como por su calidad artística.

No muchos grupos pueden pasar con soltura e igual calidad de las sutiles interpretaciones plagadas de exquisitos climas y refinados arreglos al desborde de piezas más rockeras. Acaso por eso ya no es tan relevante si el escenario es un teatro o un estadio, tal como lo mostró este fin de semana su público. (Télam)