El saxofonista y compositor Andrés Hayes acaba de publicar “Siete”, una novedosa placa que en su título remite a la cantidad de sus álbumes solistas y al elenco musical reunido para este proyecto que se grabó en pandemia, que incluye a dos guitarristas, algunos temas cantados y nuevos aires para la estética jazzera de donde parte.

“En estos tiempos hablar de rupturas me resulta muy difícil pero sí cada disco me hace diferente y lo hago diferente porque trato de no repetirme”, fundamenta Hayes durante una entrevista con Télam.

El disco está integrado por composiciones propias y dos canciones en colaboración con la joven cantante y compositora Juana Sallies, todo un repertorio ejecutado junto al trompetista Juan Cruz de Urquiza, el contrabajista Ezequiel Dutil; el baterista Bruno Varela; y los guitarristas Damien Poots y Ramiro Franceschin.

“Esta música la compuse pensando en esta formación y ya tenía en la cabeza los músicos que quería que la toquen. Mi desafío era poder escribir para dos guitarras. Me gusta buscar lugares que impliquen algún desafío, una cierta incomodidad, pero confieso que luego, cuando me puse a escribir, los arreglos resultaron más fluidos de lo que yo pensaba”, consigna el músico y docente.

En su andar integró los conjuntos de jazz Mazaki Tazaki, Deshoras, Artistry Big Band y Del Norte Big Band, además de participar en los discos de Carlos Álvarez, Teo Cronemberg, Pablo Sanguinetti y Gonzalo Levin y desempeñarse como sesionista cde Mike Amigorena, Ángela Torres, Alejandro Lerner, Los Cafres y Alvy Singer, entre más.

Y además de un proyecto audiovisual de dúos que lo unieron a Hernán Jacinto, Hernán Merlo, Mono Fontana, Sergio Verdinelli, Enrique Norris y Juan Cruz de Urquiza, publicó los álbumes “El silenciero”, de 2009; “Desde un jardín”, de 2011; “El imperio de las luces”, de 2013; “Alondra”, junto a Gustavo Hernández, en 2017; “Marea Alta”, de 2019; y otro, de 2020, en el que recoge una grabación realizada junto a músicos austríacos y Patricio Carpossi.

Télam: ¿Qué sentís que implica “Siete” en tu camino musical?

Andrés Hayes: Nunca soy el mismo después de cada disco que hago. El proceso de composición, ensayo, interacción con los músicos y grabación siempre me hacen crecer, me disparan nuevas cosas. “Siete” fue un desafío porque la grabación fue hecha durante esta pandemia sabiendo que presentarlo en vivo era algo muy difícil, por lo menos no posible en un tiempo cercano. Eso fue una rareza porque la presentación en vivo termina de cerrar un proceso y completa la obra.

T: ¿Cómo fue grabar ”Siete” en un paréntesis de la pandemia?

AH: Fue una bocanada de aire. Juntarme de nuevo con mis colegas, ensayar, comer juntos, ir al estudio. Volver a sentir un momento de normalidad. La música tiene esa magia que cura.

T: ¿Cómo se integra Juana Sallies y con ella la lírica y el canto en algunos temas?

AH: Incluir una voz era un desafío que nunca había hecho. El trabajo con Juana fue muy orgánico porque yo le mandaba la música y ella con una gran facilidad me devolvía una letra. No tuvimos que hacer ningún ajuste durante el proceso. Ella se adaptó perfectamente. Es muy fácil trabajar con alguien tan talentosa.

T: ¿Y cuál fue la búsqueda sonora para incluir dos guitarras y un segundo viento con la trompeta de Juan Cruz de Urquiza?

AH: Lo que intenté hacer con Ramiro Francschín y Damien Poots fue buscar dos personalidades y sonoridades diferentes para jugar con ese contraste. Una guitarra más limpia y la otra con más efectos. Ellos se entendieron muy bien, al punto de que cuando acompañan juntos, por momentos, parecen un arpa. Son muy generosos y tienen su ego bien puesto. La energía la ponen para el proyecto y supieron intercambiar con mucha fluidez los roles. En relación a Juan Cruz siempre quise que sea parte de algún proyecto mío, él es un referente para todos los que formamos el grupo. Su presencia se nota y mejora el proyecto. Es un desafío tocar un solo después de él. Y tener a Bruno Varela y a Ezequiel Dutil como base me da mucha seguridad. Con ellos tenemos varios proyectos compartidos, somos de una misma generación.

T: ¿Qué creés que diría Roberto Arlt al escuchar lo que suena en “Juguete rabioso?

AH: “Juguete rabioso” tiene una sonoridad más rockera, con una improvisación libre, sin estructura que desencadena en un riff de métrica irregular. Yo creo que le divertiría. Me reconozco en su formación; el no fue académico y navegó las fronteras.

T: ¿La propuesta estilística de una pieza como “Danza” –también incluida en “Siete”- supone el inicio de otros sonidos para tu música?

AH: Me imagino “Danza” como una pieza que se podría bailar, me encanta esa idea, es un poco coreográfica. Nunca sé bien si un disparador es un comienzo de algo o simplemente es lo que es. Lo que si tenía claro es que al ser una danza quería que la base rítmica, en este caso con un aire folclórico, sea bien explícita y no una cita o sugerencia.

T: Al respecto ¿suponés que “Siete” es un camino que se abre o una experiencia inédita?

AH: Siempre cada disco es una experiencia inédita y ojalá que se abran caminos o disparadores para nosotros. Y, por qué no, para el que lo escucha.

(Télam)