(Por Hugo F. Sánchez, enviado especial).- La realizadora argentino-germana Jeanine Meerapfel, actual y primera mujer en presidir la Academia de Arte de Berlín en más de 300 años de historia, llegó a Mar del Plata como una de las invitadas estrella del Festival para presentar en carácter de premiere mundial su documental "Una mujer", que retrata la vida de su madre, una francesa común que en su juventud emigró de Francia a Alemania, luego a Holanda y finalmente se asentó en la Argentina.

"Esa mujer, como tantas otras, vivió en momentos históricos muy complejos y ver qué le pasó nos permite comprender también lo que pasó en el mundo a través de su historia", afirmó la directora en charla con Télam en foyer del Teatro Auditorium, donde la película se vio por primera vez ayer en una sala de cine.

Como parte de la sección Autoras y Autores, el filme de Meerapfel -que cuenta con una extensa trayectoria con títulos como "El amigo alemán" (2012), "La amiga" (1988) y "Malou" (1980)- recorre la vida de su madre como una manera de entender su propia identidad y además, las circunstancias históricas que influyeron en su vida.

La infancia, juventud y madurez de la madre de la realizadora se exponen con toda crudeza pero también con particular amor y comprensión sobre una vida anónima destinada a perderse en el tiempo, aunque, como todas de carácter singular, que fue tocada por sucesos como el nazismo y el destierro en un país lejano como la Argentina.

"Con la película pasa lo que esperé que pasara y es que genera una reflexión sobre quiénes somos, por qué somos como somos y qué estamos haciendo", afirmó la directora, que nació en Buenos Aires, estudió y dirigió en el país y luego pasó a residir y trabajar en Alemania y ha realizado producciones a ambos lados del Atlántico.

Télam: Su primera película, "Malou", era una ficción centrada en la historia de su madre; ¿cuál fue la razón para que vuelva a ser la protagonista, esta vez en un documental?

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Jeanine Meerapfel: Cuando me encontré con una caja con un montón de material fílmico en 8 milímetros que no sospechaba que estaba en la casa de mi madre, vi que era un material increíble. Fue un detonador sobre el deseo que tenía sobre hacer una película sobre qué quiere decir la memoria y cómo la memoria es la que nos hace ser lo que somos, nos da la identidad. Y me interesó el trabajo de ensayo, distinto al cine convencional, no es un cine espectacular sino uno que da pautas al espectador para que piense en sus propias historias.

Ayer, cuando por primera vez mostré la película en un cine, con gente mayor y sobre todo jóvenes vi eso, porque muchos salieron emocionados y algunos me dijeron que los había hecho pensar en sus propias vidas, en lo poco que saben de sus padres y también cómo ellos mismos se ubican en el mundo. Con la película pasa lo que esperé que pasara y es que genera una reflexión sobre quiénes somos, por qué somos como somos y qué estamos haciendo. Me emocionó profundamente que este público argentino respondió a una película cuya alma es profundamente argentina, ayer en la sala entendí por qué emprendí este largo camino.

T: ¿La historia de su madre, una mujer común, es también la de millones de personas que vivieron y viven también en el presente el desarraigo?

JM: Lo que pasa es que esa mujer como tantas otras vivió en momentos históricos muy complejos y ver por lo que pasó nos permite comprender lo que pasó en el mundo a través de su historia, que es la de mucha gente que tuvo que emigrar, no solo en esa época sino hoy mismo. El sentirse abandonada por su marido, la historia de mi hermana que tuvo que abortar de mala manera, tiene que ver con que el aborto sea libre en Argentina, son hechos que tienen que ver con el paso del tiempo para una persona en particular pero que seguramente es similar para muchos otros.

T: "¿Se puede entender una vida visitando los lugares del pasado?" es una pregunta que se escucha en la película y que atraviesa todo el relato.

JM: Si uno va a los lugares del pasado, ¿va a comprender ese pasado? Yo creo que ir, confrontarse con los lugares y con la gente que está en esos lugares ahora, siempre lleva a una reflexión más productiva de lo que es la vida de cada uno hoy, en el presente.

T: ¿La ayudó su antiguo oficio de periodista con la investigación, que se nutre de películas caseras pero también de documentos que validan la historia?

JM: Mi vieja profesión me ayuda a saber ordenar el material, saber qué vale la pena contar, cuánto añade o quita de la atención del espectador. Pero por otro lado, la intención fue hacer un gran poema y construirlo como una especie de música, que tenga un tempo narrativo atractivo.

Lo cierto es que esta película fue como un desafío en el sentido de saber hasta dónde puedo ir con mi profesión de cineasta, la forma en que está contada, mi caligrafía. Me preguntaba si yo podía contar de esta manera y ahora sé que sí, que lo puedo hacer.

T: Hace unos años en una entrevista con Télam dijo sobre su trabajo en la Academia de Arte de Berlín que "la memoria es la base sobre todo lo que mantiene el presente". Y la película rubrica esa afirmación.

JM: Sí, es el recuerdo de las cosas históricas, hay que mantener la memoria para seguir adelante, comprendiendo que lo que pasó también está influyendo en lo que va a ser el mañana.

Me acaban de reelegir para que siga presidiendo la Academia por los próximos tres años, soy la primera mujer que ejerce ese cargo, es un voto de confianza y tiene que ver con que hice varias cosas, entre otras una gran exhibición sobre la memoria y sobre la memoria de la propia Academia, que fue fundada hace 325 años y que pasó muchas cosas en ese largo período, en su momento fue nazi, luego pasó por la reunificación de las Alemanias en los noventa, solo por mencionar algunos hechos ineludibles. Ahí hay mucho para recordar con los ojos abiertos. (Télam)