"Partidos, voces del exilio", de Silvia Di Florio, se estrena este jueves en salas con una historia documental sobre exiliados en España durante la última dictadura militar.

"La experiencia del exilio no puede desligarse de lo que ha significado para cada uno de quienes lo hemos vivido y, en este sentido, el registro documental nos acerca a la vida narrada por sus propios protagonistas de manera directa", dijo la realizadora a Télam.

A lo largo de la cinta donde Héctor Alterio participa como narrador e intérprete y que a partir del jueves 11 de agosto y por ocho semanas estará en Cine.ar, Di Florio no solo apela a los testimonios de quienes tuvieron que abandonar el país por la represión, sino, también, a los hijos de ellos, muchos de los cuales se quedaron en España.

"El exilio marcó mi vida para siempre. Dejar todo un día y marcharte produce una marca indeleble, una huella que se queda con vos para siempre. Si bien mi exilio fue en Suecia y no en España, hay algo del dolor, del desarraigo, de la pérdida que, creo, resulta compartido por quienes hemos tenido que pasar por esto, en cualquier ciudad del mundo", agregó. Di Florio se tuvo que exiliar a los 18 años y embarazada de siete meses de su hija Mariana.

Télam: Dentro de los documentales de exiliados, ¿qué creés que aporta el tuyo?

Silvia Di Florio: Es una mirada coral sobre el exilio argentino en Madrid. Historias de vida de nuestra generación y la de nuestros hijos. A mí, particularmente, me interesó mucho tener en cuenta la mirada de los chicos de esos tiempos, que hoy son adultos, porque encontré allí una voz que no me había detenido a escuchar. Y encontré en esa voz la dificultad para preguntar, seguramente por miedo a reinstalar el sufrimiento en sus padres, y también encontré en nuestra generación la dificultad para abordar el tema en profundidad. Creo que ese puede ser uno de los aportes más interesantes de la película, instalar el tema para poder abordarlo y reflexionar colectivamente. Para mí por lo menos lo fue, ojalá el documental sirva como disparador para generar ese diálogo.

T: ¿Qué fue lo que más te sorprendió de las historias?

SDF: Lo que verdaderamente me sorprendió es la sensación de que hay una profunda necesidad de contar. Es como si algo de lo que se habló en algún momento pero que luego fue callado, fue silenciado, -tal vez por miedo o incluso para poder seguir adelante con la vida-, queda siempre a la espera de poder salir a la luz nuevamente. Está ahí agazapado, esperando su oportunidad. Y esa oportunidad es necesaria, sobre todo considerando que el exilio abarcó a un colectivo muy grande, y todos, de alguna manera, fuimos parte de la historia trágica y desgarradora de la Argentina de los años 70. Cada quien, contando su historia personal, propia, privada está, sin embargo, narrando parte de la historia de todos.

T: ¿Hay sentimiento "binacional" en los hijos?

SDF: Es, pienso, finalmente, la resultante del destierro forzoso. Porque una vez que te fuiste y tuviste que sobreadaptarte para empezar la vida en otra tierra, en otra cultura, en ese país que te recibe, que te arropa, que te cobija y te protege, tenés por esa tierra un amor fundacional, quizás con matices diferentes dependiendo de la edad que tenías y de las necesidades, tanto materiales como afectivas. Y digo fundacional, porque verdaderamente empezás una vida nueva en un lugar nuevo. Y los hijos, muchos de ellos ya nacidos y criados en esa otra tierra, en esa otra cultura, cultivan un amor por la tierra de sus padres, que estos se ocupan de abonar y alimentar permanentemente. De allí la dualidad de estar siempre entre dos identidades. (Télam)