El músico y compositor Guillo Espel estrenará el sábado en la sala porteña Pista Urbana el repertorio de “Souvenir”, reciente quinto disco del cuarteto que lleva su nombre y al que define como su "médula espinal, por la música que elijo hacer y por mi condición de intérprete en el grupo”.

“Saber que en un mundo tan vertiginoso y cambiante nos damos esta nueva oportunidad, de llegar a un nuevo álbum, y necesitando hacerlo, primero por aspectos esenciales en nuestra propia historia, y, claro está, también por aspectos de organización laboral y económica, hace que diga que lo mejor que me puede estar pasando es estar presentando un nuevo álbum con mi banda”, confiesa Espel durante una entrevista con Télam.

El compositor, director, guitarrista, arreglador, productor y docente, de 62 años, es un nombre relevante y laureado en la escena musical donde trabaja sin casillas ni limitantes entre lo popular y lo académico.

Y justamente el conjunto que comparte con Oscar Albrieu Roca (vibráfono) Damián Foretic (bandoneón) Pedro Carabajal (cello), vuelve a hacer gala de esa ductilidad ajena todo corset estilístico en “Souvenir”.

La placa, continuadora de un camino que antes se forjó con los discos “Guillo Espel Cuarteto” (2004), “Salir al ruedo” (2008), “A otro lugar” (2011) y “Teatro Colón” (2016), saldrá a escena el sábado a partir de las 21 en la sala sita en Chacabuco 874.

Allí se oirán las composiciones de Espel “En el bosque” (sumando el poema “Correspondances”, de Charles Baudelaire, leído por Silvia Hopenhayn), “Siempre un nuevo atardecer”, “ Impersonation II”, “Piedras sagradas” (con letra de Eduardo Guerschberg), “Cada día de Julia”, ”La viga del cielo” (con letra de Santiago Espel), “Impersonation I” y “Siluetas blancas”, junto a versiones de ”Hiedra al sol”, de Luis Alberto Spinetta, y “Tarde de invierno”, de Manolo Juárez.

También en directo se sumarán habituales laderos que hacen mutar al cuarteto en sexteto (Coti Moroni en clarinetes e Ignacio Svachka en xilófono, glockenspiel y vibráfono) y parte del elenco invitado: Nicolás Guerschberg, Guadalupe Farías Gómez, Marcelo Predacino, Fernando Ciancio, Agus Voltta, Alejandro Guerschberg y un quinteto de cuerdas, entre más.

Télam: ¿Qué dificultades supone tocar “Souvenir” en vivo y cómo están preparando el concierto en Pista Urbana?

Guillo Espel: "Souvenir" es un álbum pensado desde las posibilidades que brinda un estudio de grabación. Esto fue algo explícito para mí, desde el inicio del proceso, ya que el disco anterior del Guillo Espel Cuarteto fue "Teatro Colón", un registro en vivo tomado cuando realicé dos conciertos a los que se me invitó a programar con motivo de mis 30 años de carrera y en los que opté por tocar en forma absolutamente acústica. "Souvenir" en cambio, es un disco con muchos colores variados, postproducción, invitados expresos y tratamientos del sonido posibles desde una mesa de sonido y con un ingeniero de grabación apto a mis ideas. Así grabé y te diría que produje al mismo tiempo con Ariel Gato, De todos modos y yendo a la pregunta puntualmente, trabajar en estudio no implicaba crear una ficción en la escucha sino una optimización de las ideas. El álbum es perfectamente reproducible en vivo y de hecho venimos tocando varios de los temas en vivo y con resultados que adoramos. Es un placer y nos da una vitalidad muy grande.

T: ¿Puede pensarse que cada pieza del disco es un “Souvenir” en sí mismo? ¿Qué recuerdos sonoros porta cada una de ellas?

GE: ¡Claro que sí! Yo pienso estas diez obras en forma independiente, y, si querés en otra capa, como un compendio único de esas diez instancias particulares. La idea de "Souvenir", venida de su definición, es algo que uno trae de un lugar para recordar ese lugar. Esto es aplicable, me pareció, a la vida misma: uno es una composición de experiencias, afectos, amores y desamores, vividos en tiempos y lugares diferentes, de personas, de cruces, de misterios, de imágenes. Somos un crisol de todo lo vivido, por lo tanto cada uno de esos momentos es en alguna medida un 'souvenir' que trae consigo, que lo constituye, y lo proyecta al futuro. La otra pata de la definición de "Souvenir" es su condición de obsequio, de regalo, y también allí encuentro esa analogía: la música es una ofrenda. Es siempre un camino bestialmente crudo y hermoso de compartición, de comunicación humana. Es un regalo de vida, en una vida que, a propósito, se nos ha regalado u otorgado cada día. Toda esta reflexión jugó mucho en mí sobre la génesis y el concepto de este proyecto.

T: ¿Por qué convocaste a Baudelaire, Spinetta y Juárez a ser parte de “Souvenir”?

GE: En los tres casos por motivos distintos pero ninguno solemne. Baudelaire lo elegimos con Silvia Hopenhayn porque yo necesitaba un texto en francés para interceptar la composición que abre el álbum, que el poema leído pasara a ser un instrumento más, desarrollando una idea en tiempos, en acentos, en timbres que producen las vocales y las consonantes de ese poema como una irrupción sonora. El caso de "Hiedra al sol" es un tema que vengo trabajando hace unos años. Una primera versión la hice para un álbum de Sony Music, de homenaje a Spinetta en el cual se me invitó a participar. Acá diría algo similar. Spinetta es para mí uno de los grandes artistas inobjetables de nuestro país. Un artista supremo que adoro. Pero en ningún momento lo pensé como homenaje, sino simplemente como una obra que quería repensar con otra instrumentación y arreglo. La obra de Manolo Juárez tiene algo en común con lo anterior. Hace años que la trabajo en distintos formatos, a modo orquestal, como grupo de cámara y tuve ganas de hacer algo intimista, para guitarra sola y la elegí para cerrar el álbum.

T: ¿Cómo opera este nuevo trabajo en tu camino entre la música popular y la académica? ¿Lo pensás como un nuevo puente entre ambas? ¿Cómo un diálogo posible o como una tensión necesaria para la creación?

GE: Yo tengo una forma particular de pensar esto: mi música no es nunca una yuxtaposición de lenguajes distintos superpuestos sino un discurso único, un camino o punto de partida con los mismos materiales, que en una intención expansiva en sus herramientas y organización operan o se presentan con diferentes planteos estéticos, distintas resoluciones. Yo no escribo sobre ritmos folclóricos para "ser popular" o "sonar argentino". Tampoco utilizo herramientas devenidas de lo académico en mi composición, para que se me identifique con la música de salón, de estudio, o con formación europea. Simplemente uso los materiales sonoros, como si fueran arcilla, los modelo, y procedo sobre ellos según lo que estoy buscando. Puedo llegar así a una obra sinfónica, a una chacarera, o una obra de cámara atonal, pero siempre implica un resultado devenido de un camino único. Esas músicas, es cierto, tienen luego circulaciones sociales diferentes. Y entonces estreno obras sinfónicas o de cámara en algunos ámbitos y toco otras obras en otro tipo de escenarios o de espacios donde la música transita. Pero para mí no son para nada mundos diferentes. Todas las músicas son populares en tanto son rituales sociales. Todos los sonidos son los mismos, organizados en forma diferente. Entiendo que los catálogos son necesarios, no solo comercialmente sino para la comunicación, pero no es relevante para mí. No dudo que a veces es un problema. La primera pregunta que uno escucha es "¿qué música hacés?" Bueno, para mí ya es un problema definirla. Pero me debo en un lugar propio, a mi condición más auténtica. Esa que me permite la libertad de escribir de la manera que lo hago. (Télam)