El músico y escritor Flavio Cianciarulo, miembro fundador de Los Fabulosos Cadillacs, conversó con Télam acerca de su reciente séptimo libro, "Los Textos de Silver Tape", escrito en partes iguales como autobiografía y manifiesto, "asumiendo que la contradicción es parte del ser humano y sin perseguir ninguna perfección o verdad", según describió.

Escrito en su hogar costero a orillas del Atlántico, en la localidad bonaerense de Chapadmalal, Cianciarulo ensaya una suerte de bitácora de vida a partir de los códigos del surf, la música, el skate, el veganismo y las películas de terror, adentrándose también en las profundidades de su existencia para ofrecer, con sobradas muestras honestidad intelectual, sus pareceres sobre la muerte, el infierno, la autoindulgencia, el exitismo del público y un tiempo pandémico "trasho-existencial".

Impedido de poder presentarse en público por las restricciones sanitarias, el compositor, cantante y bajista aprovechó el encierro familiar para inaugurar una nueva metodología de trabajo en relación a sus recientes sencillos "La invasión de los seres de otro mundo", el cover en castellano de "Brand new cadillac" de Vince Taylor, inmortalizado por The Clash y la reversión de "Vos sabés", un canto a la paternidad que escribió para recibir a su primer hijo Astor, el mayor del clan Cianciarulo que completan Jay y Cocó, fruto del amor con su esposa Jenny.

"En estos tiempos de pandemia, desafortunados globalmente hablando, podría decir que dentro de la situación he corrido con ventaja porque sabemos que un músico puede grabar en su casa con una computadora y también porque tengo la banda en mi casa, que son mis hijos. Hemos grabado canciones que fuimos publicando como singles, algo que me parece más adecuado a estos tiempos que hacer un disco entero. Un single cada mes, en seis o diez meses es un disco", aseguró Cianciarulo a Télam.

Télam: ¿Cómo surgió la idea de este nuevo libro? ¿Te interesaba que sirviera para inspirar a otros?

Flavio Cianciarulo: Me parecería presumido pretender que lo que escribo sirva para algo; al contrario, es una forma de compartir pareceres que son justamente humanos e inexactos. Yo escribo sin parar. Es más, hace rato que estoy escribiendo un libro nuevo, pero no es precisamente de pareceres y reflexiones. Es de ficción, que es el lugar donde yo considero que pertenezco, sin enclaustrarme, porque voy a escribir de lo que quiera siempre. De lo siete libros que tengo, cinco son de ficción. Ahora, volví a los cuentos de misterio, que es donde me siento tan cómodo. Nunca soy tan pretencioso en relación a inspirar a otros. Cuando uno realiza algo en arte, la intención es siempre compartirlo con alguien.

T: ¿De dónde viene el término "sonidero antipoeta" con el que te autopercibís?

FC: Siempre dije que soy un “sonidero” porque disparo sonidos, palabra que tomé de mi queridísimo México, donde utilizan la palabra para definir al discjockey popular de música tropical. Tiene mucho que ver con el soundsystem jamaiquino que es el sonidero, el DJ callejero. Me encantó y lo tomé, aunque si bien no soy un discjockey, soy una persona que dispara y crea sonidos. Y “Antipoeta” porque estoy alineado en las filas del gran Nicanor Parra, que es el antipoeta por excelencia, justamente por amor y devoción a la poesía. Hay que entender el término y la inversión axiológica de la palabra.

T: ¿Te resultan proceso creativos similares el de escribir y componer música?

FC: A mí me gusta que se sepa que el que escribe libros es el que toca, y viceversa, que el que toca es el que escribe. Hay procesos mecánicos de ambas disciplinas del arte que tal vez se diferencian y se distancian, porque escribir un libro es algo mucho más extenso que hacer una canción. Me ha gustado asociarlos. En "Sardinista!", mi primera ópera rock, están asociadas ambas cosas: es un drama literario que está en el disco y que a la vez se soporta con canciones, y las canciones se soportan con la narrativa y la historia que está en el librito del disco. O con “Surfer Calavera” que fue una canción que originalmente escribí para los Cadillacs allá por 1995 y que, años más tarde, en el 2010, la llevé al formato de novela con el nombre “Surfer Calavera y otros cuentos de misterio”.

T: Como amante del cine de terror, ¿Tenés la fantasía de que se haga una película del género sobre alguna de tus historias? ¿Alguna vez estuvo cerca esa posibilidad?

FC: Siempre fantaseo con el hecho. Queda en la fantasía porque considero que no tiene que ser algo que dependa de mí. Es ambiciosa porque es como la princesa que desea que su príncipe azul aparezca en su puerta, pero al mismo tiempo al príncipe azul no hay que buscarlo. Tiene que llegar.

T: ¿Qué significó para vos haberte descubierto como un “receptor de estímulos” y darte cuenta que eso también atravesaba tu obra y tu vida?

FC: Es una verdad revelada muy importante y esencial en mi vida, pero uno no la ve venir. Uno es muy a pesar de su existencia. Mi vida pasa por ahí; es el aire que respiro. Producir arte, sea como sea y de la calidad que sea, evidentemente me da placer. No sé si soy bueno, soy choto y ni me importa, porque soy autoindulgente en ese sentido. Prefiero hacer y producir a no hacer. No tengo pretensiones de ser un genio como Salvador Dalí o Artaud, pero sí me queda muy claro que producir arte me hace vivir la vida como la quiero vivir y que me provoca esa sensación de bienestar profundo que es tan necesaria. Somos una esponja de creencias e interacciones de un montón de cosas. Y eso va fluyendo. (Télam)