El artista Alejandro Tantanian, director del Teatro Nacional Cervantes entre 2017 y 2020, repasa la intensa relación que lo unió a esa sala como espectador, como actor y como funcionario.

"El Cervantes fue durante mi adolescencia el espacio donde me acerqué por primera vez a los clásicos en aquellos años en que el teatro era dirigido por Rodolfo Graziano: 'Edipo Rey', 'Hamlet', 'Pigmalión', 'La importancia de llamarse Ernesto', 'El sombrero de paja de Italia', diversas facetas de una misma manera de mirar el teatro. Y allí estaban también Walter Santa Ana y Perla Santalla y Leonor Manso y Rodolfo Bebán y tantos otros, encarnando esos fantasmas fascinantes", señala Tantanian a Télam.

En la evocación de ese lazo, subraya que, "un poco más tarde, la compañía TSE dirigida por Alfredo Arias con aquel 'Marivaux (El juego del amor y del azar)' y con una deslumbrante, como siempre, Marilú Marini hizo que el planeta de los simios vaya al teatro: felicidad plena. Otro teatro era posible".

"Luego, en 1988, siendo un 'artista cachorro' recuerdo con fascinación dos montajes: 'Saverio el cruel', de Roberto Arlt, dirigido por el inmenso Roberto Villanueva con Lorenzo Quinteros y Susana Lanteri; y aquel 'Fausto', de Goethe, en versión de Diego Guebel y que dirigió Augusto Fernandes con las actuaciones de Lito Cruz, Carlos Moreno, Mirta Busnelli, entre otros: una nueva manera de entender la dirección: una epifanía ese espectáculo que aún sigue vivo en mi memoria", abunda.

En esa recorrida personal, cuenta que "llegó el turno de trabajar como actor: primero fui Calibán en 'Búfalos' (1994) la adaptación lisérgica y política de 'La tempestad', de William Shakespeare, escrita y dirigida por el enorme Claudio Nadie; y en 1996, como miembro de El periférico de objetos, fui uno de los intérpretes de 'Circonegro', suerte de carrousel fantasmático sobre las maneras de escenificar la muerte: muñecos y actores disputándose la representación de la muerte".

Sobre su rol en la dirección general y artística del Cervantes junto a Oria Puppo y Andrés Gallina y la colaboración de Ariel Farace, Carlos Gamerro, Gabriela Massuh y Rubén Szuchmacher, entre más, destaca "una producción artística experimental, de una radicalidad visual distintiva, que abrió las puertas a muchos jóvenes artistas y a nuevos espectadores que acompañaron masivamente". (Télam)