(Por Agustín Argento).- En el Siglo IV antes de Cristo, Aristóteles brindó a la humanidad esa obra maestra del arte que fue "Poética", en la que analizaba en profundidad y entre otras cosas cómo es una obra, algo que el cine experimental de "Happers Comet" echó por tierra anoche, casi 2.400 años después, en el cierre de la Competencia Internacional de la edición 23 del Bafici, que se extiende hasta el domingo.

El cineasta estadounidense Tyler Taormina pone en pantalla lo que sería una noche de encierro pandémico en su ciudad natal de Long Island, en una de sus visitas desde Los Ángeles, donde se encuentra radicado.

Actores no profesionales que reclutó entre vecinos, amigos y familiares se calzan, en su mayoría, rollers y patines para escapar en la noche. Otros, en cambio, empujan un auto averiado, mientras un tercero parece quedarse dormido mientras maneja, un cuarto -mecánico- hace flexiones de brazos luego de lijar un paragolpes, y una quinta descubre que su ¿hijo, marido, roommate? se fue a la calle y en su lugar dejó una peluca sobre la almohada.

La película transcurre prácticamente sin sonido, con algunas canciones montadas en posproducción, al igual que el ruido ambiente. Taormina (quizá sea casi una ironía que el realizador lleve de apellido tan ilustre nombre de la cultura grecorromana), de buena factura fotográfica, parece referenciarse en el cine de David Lynch ya desde planos ruteros y la referencia ineludible a "Carretera perdida" o "El camino de los sueños", como en escenas de bares o caminos oscuros que zigzaguean bosques con un inconfundible estilo "Twin Peaks".

Con todo, "Happers Comet" se trata de una sucesión de planos, escenas y personajes que se deslizan en la pantalla sin ninguna intención, en un largometraje de 61 minutos que no presenta trama alguna. La pieza de Taormina, así, se convierte en una rara avis de esta Competencia Internacional, que hasta ahora había roto el mote de cine de nicho que se colgó el Bafici en las últimas ediciones para abrirse a un público que respondió con creces, colmando casi en su totalidad las funciones durante los nueve días de festival y que se puede seguir por el sitio Vivamos Cultura.

Entre otras cosas, en sus escritos, Aristóteles concluyó que una obra debe contar una trama en tres actos: en el primero se presenta a los personajes y la historia; en el segundo se desarrolla y en el tercero se le da final. A lo largo de los más de dos milenios desde la aparición de "Poética", han pasado dramaturgos como William Shakespeare y Antón Chéjov, y cineastas tan disímiles como Alfred Hitchcock y Andréi Tarkovski, quienes siempre mantuvieron viva aquella premisa aristotélica, y que Taormina pareciera haber querido romper con su "Happers Comet". (Télam)