(Por Hugo F. Sánchez).- Primero fue el registro documental de una expedición sueca para tomar contacto con los indígenas pilagá en 1920 y luego, un siglo después, "El campo luminoso", la película de Cristian Pauls, especula sobre una ruta posible en el Chaco formoseño de aquel viaje y sus huellas en el presente.

El filme, que podrá verse desde el jueves 4 en la sala del Cultural San Martín - Sarmiento 1551, en el centro porteño-, tiene como punto de partida la expedición sueca comandada por Gustav Emil Haeger, que fue filmada y que se convirtió en el filme documental 'Los senderos indios del Río Pilcomayo', estrenado en Suecia en 1950.

"Unos amigos me contaron sobre la existencia de una expedición sueca a Formosa", cuenta Pauls en entrevista con Télam, "ahí me dije, 'si voy y filmo los lugares por donde fueron los suecos, probablemente haya una película'".

Aquella expedición, formó parte de manera tardía de una serie de "descubrimientos" más propios del siglo XlX de hombres blancos en territorios relativamente inexplorados, en donde se mostraba formas de vida "vírgenes" de del modo de vida occidental.

El realizador, con una larga trayectoria en el documental con títulos como "Por la vuelta" (2002); "Ojos de cielo" (2007); "Un paraíso socialista" (2019); reflexiona sobre la memoria y su influencia en el presente.

"Hace muchísimo tiempo que me agobia cómo se filma el pasado", explica el realizador, "qué tipo de idea uno puede tener sobre cómo el pasado trabaja el cuerpo del presente, sin eso, a mí la película no me interesa".

Télam: El campo luminoso es un es una documental que trabaja sobre otro documental, pero agrega ficción. ¿Cómo fue el armado del relato?

Cristian Pauls: Unos amigos me contaron sobre la existencia de una expedición sueca a Formosa en 1920, de la cual yo desconocía todo, y que además, esa expedición fue documentada, había sido filmada. Ahí me dije, 'si voy y filmo los lugares por donde fueron los suecos, probablemente haya una película'.

Entonces vinculé dos o tres cuestiones y contacté a Anne Gustavsson, una antropóloga que es la persona que más sabe sobre esa expedición y que hizo su tesis sobre la película de esos años. Con ella viajé por primer a vez a Formosa y me dio acceso al diario de viaje del jefe de la expedición, Emil Haeger, y también a un programa de radio que hizo el guía. El diario es un manuscrito en sueco y estaba medio despedazado, así que me puse a recomponerlo, lo traduje al castellano para que me sirviera como una especie de columna vertebral de la película, con las geografías y el recorrido de la expedición. Y pensé un trayecto posible en donde seguramente me iba a encontrar con gente que vive allí, qué hacen hoy, conversar con ellos y ver qué relación tienen con los hechos, si es que lo recuerdan.

T: ¿La película podría definirse dentro de los parámetros del documental "Intervenido"?

CP: Sí, el material de archivo está sonorizado por momentos porque esa era la idea, que esos archivos no hablaran solos, que nosotros marcáramos ciertas cuestiones. Nos interesaba mucho que el presente actuara todo el tiempo sobre el pasado y que ese pasado le hablara al espectador pero no solo de modo ilustrativo. Después de mucho probar, hicimos un montaje corto con las imágenes de la vieja película y tomamos la determinación de que eso estuviera al final de "El campo luminoso".

Porque en un punto, hace muchísimo tiempo que me agobia cómo se filma el pasado, qué potencia tiene el pasado en el presente. Y qué tipo de idea uno puede tener sobre cómo el pasado trabaja el cuerpo del presente, sin eso, a mí la película no me interesa.

T: Por otra parte está el viaje, de aquella expedición y la actual.

CP: Sí, está la idea del viaje de alguien que se pierde un poco como etéreo, ambiguo y oscilante. El proceso del viaje se empieza a volver el tema, esa especie de propósito que dice algo así como 'vamos a llegar hasta el lugar para hacer tal cosa", una premisa que igual no era muy precisa, porque el viaje de la expedición sueca por ejemplo, no tenía una propuesta científica, estaba fuera de las instituciones, era como de exploración, de aventura.

Pero me parece que me seducía más el viaje que hacer una película sobre la comunidad Pilagá, el viaje de ellos y el mío, lo que me iba pasando a mi todos los días, es el tuyo el viaje a Dios y el mío claro, porque porque al mismo tiempo la película era el viaje de ellos y lo que me iba pasando a mí todos los días.

T: ¿Surgió la pregunta si por momentos existía la posibilidad que desde el presente, involuntariamente la película se posicionaba desde el lugar que ocupó hace 100 años "el hombre blanco"?

CP: Yo me sentí salvado porque mostramos el choque de las lenguas y lo particular de las personas, por no preocuparme por lo mismo que tantas películas sobre tribus o sobre comunidades indígenas, por no tener una mirada no miserabilista, ni falsamente antropológica, con estos elementos me sentía salvado de esos clichés.

La idea del estereotipo se contrasta y tiene una especie de antídoto siempre muy fuerte con la particularidad de las personas, que es cuando las personas dejan de ser típicas, dejan de ser lo que digamos, la televisión dice que deben ser. (Télam)