Las distintas realidades políticas, económicas y sociales vividas en Argentina en la década del `80 y el rumbo tomado en los `90 en relación a Estados Unidos fue el gran motivo por el cual el desencanto juvenil tuvo otros blancos y optó por otros géneros, como el mal llamado rock barrial o el heavy metal, para manifestar su desencanto.

Sin embargo, eso no impidió que en nuestro país hayan proliferado grupos de seguidores leales que prolongaron el éxito de bandas como Pearl Jam, Nirvana y Soundgarden, y que muchos de esos sonidos se hayan colado de manera subliminal en otras expresiones musicales que coparon la escena local.

“Estados Unidos venía de muchos años de gobiernos neoliberales mientras que nosotros teníamos otro caldo de cultivo, que fue el gobierno militar, la primavera democrática y luego el gobierno de (Carlos) Menem, que tuvo la apariencia de fiesta, pero tuvo su contracara en lo vivido por gran parte de la adolescencia y la juventud”, describió el escritor y filósofo Gito Minore.

Por ese motivo, mientras que en el país del norte apareció un grupo de jóvenes marcados por el consumismo hedonista, de los cuales se quisieron diferenciar sus sucesores, en la Argentina se gestó “una generación triste por su miseria económica y moral”, en palabras de Minore.

“La Generación X no fue tan X como en Estados Unidos porque aquí eran jóvenes disconformes que terminaban convirtiéndose en desocupados crónicos o en suicidas, en muchos casos”, amplió el escritor, quien puntualizó que esta situación local fue lo que provocó el “realismo denuncialista” que encontró su principal plataforma en las letras de las bandas de heavy metal de la época, con Hermética como caso testigo.

En tanto, el periodista Alfredo Rosso también incluye entre quienes tomaron el guante de las letras que manifestaban su descontento a las bandas enroladas dentro de la cuestionable etiqueta de “rock barrial”.

“Los `80 fueron una década muy exitista. Se olvidan las utopías colectivas, el cambio social. Es una época más hedonista y egoísta. Un poco lo que vivimos acá en los `90. Acá, la reacción fue el llamado `rock chabón´, término que aclaro que no me gusta para nada”, dijo.

Pero aunque los canales de expresión fueron ofrecidos por otros géneros, Rosso vislumbró una “influencia bastante fuerte pero de manera subliminal” en diversas bandas locales que no lograron llegar a los primeros planos de la escena rockera, pero se mantuvieron “burbujeantes, por lo bajo” gracias a un público reducido pero sumamente fiel.

“No es que escuchabas una banda local y te remitía a Nirvana, pero yo por ejemplo la estética de Pearl Jam, esas capas de guitarras oscuras y la voz grave, la escuché en muchas bandas que curiosamente no han llegado a los primeros planos”, afirmó.

“Había mucho de esa queja existencial adaptada a nuestra realidad. Mientras trascendían bandas como Babasónicos o Los Piojos, estaban estas otras bandas con 200 ó 300 seguidores furiosos que las iban a ver, pero es cierto que no han sido populares”, amplió. (Télam)