Se cumplen hoy 100 años del nacimiento del gran comediante italiano Nino Manfredi, el último de los grandes intérpretes de la llamada “comedia a la italiana”, quien murió a los 83 en 2004.

Manfredi había nacido el 22 de marzo de 1921 en Castro del Volsci, Frosinone, y era al momento de su fallecimiento el último que quedaba de la camada de los grandes como Vittorio De Sica, Alberto Sordi, Marcello Mastroianni y Vittorio Gassman.

Se había graduado en leyes en Roma para satisfacer a sus padres, pero la profesión de abogado no era su sueño ni su destino y se inscribió en la Academia de Arte Dramático romana.

En 55 años de cine, Manfredi hizo más de 110 películas, la mayoría como protagonista absoluto, donde la amplitud de su registro era proverbial; el teatro, el doblaje, la radio, la revista musical, los shows televisivos, todo lo había probado y en todas las ramas del espectáculo dejó su marca, pero fue el cine el que le dio la oportunidad de llegar a todos los públicos.

Mucho menos histriónico que Gassman y sin la tendencia a la lágrima fácil del “Albertone” Sordi, Manfredi supo transitar un camino seguramente menos rutilante, pero en muchos casos más profundo.

De origen humilde, al graduarse en la Academia Nacional de Arte Dramático de Roma, trabajó en el célebre Piccolo Teatro de Milán pero sus comienzos en el cine también fueron modestos, siendo relegado a menudo a doblar las voces de actores extranjeros.

Tuvo que esperar hasta 1959 para obtener su primer gran rol en “Los empleados”, de Gianni Puccini, película de la que también fue guionista.

Como director, comenzó con el corto “La aventura de un soldado”, uno de los episodios del filme colectivo “Amores difíciles”, hasta que en 1970 logró la consagración en el Festival de Cannes con su filme “Por gracia recibida”, una vitriólica invectiva a las instituciones religiosas que le valió el Premio a la Mejor Ópera Prima.

Una lista incompleta de las películas en que actuó vistas en la Argentina está integrada por “Un domingo romano” (1952, con Sophia Loren), “Los alegres vigilantes” y “El soltero” (ambas de 1956, con Sordi), “Susanita toda crema” (1957, con Marisa Allasio, “Venecia, la luna y tú” (1958, de Dino Risi), “Serenata a cañonazos” (1958, con Vittorio De Sica), “Audaz golpe de los desconocidos de siempre” (1959, de Nanni Loy, con Gassman).

Se agregan “Las píldoras de Hércules” (1960, con Sylva Koscina), “Fuga trágica” (1961, de Luigi Comencini, con Gian María Volonté), “El juicio universal” (1961, de De Sica, con Gassman y Sordi), “La parmigiana” (1962, con Catherine Spaak), “El verdugo” (1963, de Luis García Berlanga, en España), “Las muñecas” (1964, con Gina Lollobrigida), “Un italiano en la Argentina” (1964, de Risi, con elenco argentino-italiano), “Los complejos del hombre” (1965, con Sordi y Tognazzi).

La lista agrega “Hablemos de hombres” (1965, de Lina Wertmüller), “Yo la conocía bien” (1965, con Stefania Sandrelli), “Operación San Genaro” (1966, de Risi, con Senta Berger), “Una rosa para todos” (1966, con Claudia Cardinale), “Padre de familia” (1967, con Leslie Caron), “Veo desnudo” (1969, de Risi, con Koscina y Enrico Maria Salerno).

Y se prolonga con “En el año del Señor” (1969, de Luigi Magni, con Salerno y Cardinale), “La betía” (1971, con Rosanna Schiaffino), “Pan y chocolate” (1972, con Anna Karina), “Nos habíamos amado tanto” (1974, de Ettore Scola, con Gassman y Sandrelli), “Señoras y señores, buenas noches” (1976, con Gassman, Tognazzi y Mastroianni), “Feos, sucios y malos” (1976, de Scola), “En nombre del Papa Rey” (1977, de Magni), “Cafe Express” (1980, de Loy).

Sus últimos títulos como actor fueron “Desnudo de mujer” (1981, también director junto a Alberto Lattuada), “Gracias por todo” (1998, dirigida por su hijo Luca Manfredi) y “Defecto de familia” (2002, de Alberto Simone, con Caterina Cassini y Gianni Garko).

(Télam)