Eduardo Ruderman es autor y director de la revulsiva "Carne picada", una metáfora sobre el poder y la violencia con toques shakespeareanos, en la que actúan Samantha Cairo Kanashiro, Deni De Biaggi, Alejandra Moreno Cortés, Orestes Ortegano, Omar Pinto, Antonio Regueiro y Patricia Rey, que se ofrece en La Ranchería, México 1152, barrio de Monserrat, los domingos a las 19.

Ruderman es actor, director y guionista de cine, entre otras actividades, y coordina grupos de actuación y dirección de actores no solo en la Argentina, sino que también lo hizo en Barcelona, Madrid, Bogotá y La Habana, integró el elenco de "Los gauchos judíos", rodada por Juan José Jusid en 1975, y formó parte de los elencos de los teatros San Martín y Cervantes.

"'Carne picada' fue en su origen un proyecto para cine, pero luego decidí su adaptación a teatro, improvisando con los actores sobre las situaciones planteadas por el guión -explicó Ruderman en diálogo con Télam-. Hace un año iniciamos el trabajo con alumnos de mis talleres, con la incorporación de un experimentado y excelente actor, Antonio Regueiro, que venía de trabajar en España."

Télam: -Dentro de su trama específica se observan indicios de William Shakespeare, en particular de "Hamlet"...

Eduardo Ruderman: -Siempre me dejo llevar por la ocurrencia, el sentimiento; intento que mi locura impulse mi camino creativo. En algún momento apareció "Hamlet" y no lo dejé pasar, ¡lo robé! Llevarse un cachito de ese botín que se cruzó en mi camino es maravilloso y, como "chorro", elegí no ocultarlo, disfruto de ese descubrimiento. ¡Gracias, don William! (Risas.)

T: -Hamlet era muy dubitativo, pero tu protagonista (Cacho) requiere un enfoque más freudiano, dada su conducta patológica con las mujeres y con su propia madre.

ER: -Cacho se instaló en mí, lo vi y escuché. Tuve la imagen del personaje y fui fiel a él, a veces con dudas existenciales, a veces con furias genitales. Me encanta trabajar lo bestial de lo humano y lo humano de lo bestial, la obra me lo permitió. Entre otros directores me encantan Emir Kusturica, Lina Wertmüller y Ettore Scola en el cine, así como Robert Sturúa en el teatro.

T: -¿El matadero en que se desarrolla la obra funciona como metáfora de la sociedad o se refiere a otros momentos históricos?

ER: -Es conmovedor que mi escritura, que es solo una propuesta para ser montada, despierte estas preguntas de espectador deseado. Me motiva un teatro a construir donde el espectador se pregunte, construya, que sea su actividad. La crítica y la obra como preguntas: eso es lo que elijo.

Más allá de la ferocidad criminal de la dictadura o la actual ferocidad financiera, estamos en un sistema de delitos legalizados. El botín por el que vienen es nuestra posibilidad de ser felices, tener hogar, trabajo, salud, seguridad, educación.

T: -¿Por qué se mezcla permanentemente el sexo con los intereses materiales?

ER: -Los personajes de "Carne picada" quieren venganza en vez de amor, propiedad en vez de compartir. Esto para mí es mierda y la mierda es expulsada por dañina. Como dice Cacho al principio: "Esto no es un sueño, es una puta pesadilla". ¿Es un sueño? ¡No, esto es una puta pesadilla!


(Télam)