Leticia Torres y Octavio Bustos desarrollan sobre el escenario de la sala Osvaldo Pugliese del Centro Cultural de la Cooperación un entrañable viaje hacia zonas personales, recuerdos, imposibilidades y temores en "Dos bacalaos noruegos", obra de clown que presentan los sábados a las 21.

Construcción colectiva surgida a partir del trabajo de improvisación de los actores junto a la directora María Rosa Frega y con dramaturgia de Patricio Bazán, la pieza ahonda, siempre bajo un estimable manto de ternura, una vida acaso gris por la repetición, la falta de novedades y arrojos de Popovoski, un hombre ya adulto que frecuenta diariamente el mismo banco de la misma plaza que cuida como un bien propio y personal.

Allí aparece, de improviso, la radiante figura de Yoko Onda, preciosista del "estilo", vivaz, simpática, desligada de normas y obligaciones y, más bien, viajera del placer y el tiempo y amante de la ocasión.

El encuentro, primero distante pero que la asiduidad irá tornando cotidiano, provoca un pequeño terremoto interior en Popovski, siempre medido, siempre ligeramente tembloroso, con mohínes de caballero y remilgos de alguien que prefiere los terrenos trillados a las aventuras desconocidas.

No por eso rehúye de la amabilidad ni deja de poner en claro algunos saberes acumulados y archivados con precisión germana, muchos referentes a la piscicultura y a los bacalaos, específicamente.

De este modo el Popovski anodino y timorato va pudiendo poner en juegos sus colores, los tesoros que conserva, las gemas que fue construyendo y le pertenecen.

Del lado de Yoko Onda, además de frescura, todo es misterio, no se sabrá hasta el final si acaso ella cumple alguna función especial en ese encuentro aparentemente fortuito con el gris Popovski, si es que ella ha llegado a esa plaza con algún plan o por algún motivo.

El espacio escenográfico es casi mínimo, un fondo claro y, en primer plano, un banco, que comparten o alternan Popovski y Yoko Onda. Detrás de ese fondo, como si fuera un inmenso biombo, los actores a veces también deambulan o hacia allá van cuando abandonan el foro.

Es delicado y esmerado el trabajo de ambos clowns en su corporalidad y las inmensas posibilidades emotivas y discursivas que alcanzan sus rostros en una construcción que van templando a fuego lento uno y en forma atolondrada otra, pero de consistencia admirable y siempre fresca.

Sus rostros, sus piernas y pies, sus torsos, siempre están dispuestos en la escena y van detrás del impulso que guía sus conductas o palabras.

En poco más, o poco menos, de una hora Torres y Bustos logran construir una intimidad asombrosa entre ellos y los espectadores, van develando poco a poco un mundo que sobre el final construye su imagen completa sin adulterar nunca el plan maestro de la empatía y la belleza que surge de las disposiciones y las señales auspiciosas.

La obra no escapa a cierta forma de la fábula, aún de humanos sobre humanos, sobre los brillos propios, las zonas de luz de cada uno, incluso cuando todo parece pintarse en gris oscuro.

Con actuación de Octavio Bustos y Leticia Torres, dramaturgia y asistencia de dirección de Patricio Bazán; realización escenográfica y objetos de Salvador Aleo; vestuario de Jorge Orlando; iluminación de Simón Aguilar, coreografías de Gustavo Monje y dirección y puesta en escena: María Rosa Frega, "Dos bacalaos noruegos" se puede ver los sábados a las 21 en la sala Osvaldo Pugliese del Centro Cultural de la Cooperación (Corrientes 1543). (Télam)