El reconocido fotógrafo argentino Martín Weber debuta como cineasta con "Mapa de Sueños Latinoamericanos", documental donde vincula ambas artes visitando a personas de ocho países de la región que tuvo un vasto y laureado recorrido por festivales internacionales y que mañana desde las 17 tendrá su pre-estreno local, gratuito y virtual en la web del Malba.

El proyecto ahora devenido ópera prima de Weber partió de fotografiar a personas con una pizarra donde escribieron un sueño y cuyas imágenes se publicaron en el libro "Mapa de Sueños Latinoamericanos".

El filme va en busca del reencuentro con aquellas gentes y sus anhelos en un viaje geográfico y temporal que se dio entre 1992 y 2013.

"La idea de la película surge al terminar el proyecto que incluía la documentación fotográfica de esas acciones que involucraban preguntar y compartir un sueño o un deseo. Esa pregunta estaba destinada a invitar a la reflexión, a mirar hacia atrás y hacia adelante en la vida de cada uno. Esa dinámica hizo eco en mí. Pensé en el camino recorrido, y decidí regresar", confiesa Weber a Télam.

Desde marzo pasado y aún en el contexto pandémico, el filme pasó por una decena de festivales internacionales recibiendo reconocimiento en cuatro de ellos: Toulouse, Seattle, Ícaro y Brasilia.

Sobre este paso local que comenzará mañana, el artista indica que "decidimos que era fundamental comenzar un contacto con el público de aquí y para eso elegimos comenzar con este pre-estreno en el Malba y esperamos poder hacer un recorrido más amplio en la medida de las posibilidades a la espera de su estreno en marzo por Cine.ar".

La película, una coproducción entre Argentina, México, Noruega y Estados Unidos, estará disponible durante cinco horas del sábado 30 y a las 22 habrá un encuentro entre el director y su colega Marcos López en la cuenta de Instagram @marcoslopezvirtual.

Télam: ¿Qué querías contar y qué te devolvieron esas imágenes actualizadas en el tiempo?

Martín Weber: Hoy el tiempo va a paso ligero y por eso tomarnos el tiempo de re-ver nuestros deseos con una perspectiva histórica, o de al menos unos años, pude ser iluminador. "Un lugar llamado tiempo" es un título y concepto que vengo desarrollando globalmente en mi obra. La idea del tiempo como un espacio que se puede recorrer. Me interesa reflexionar sobre los cruces, entre la geografía y los acontecimientos; las repeticiones y la historia; lo individual y lo colectivo; lo público y lo privado.

T: ¿Fue muy distinto poder retratar a cada personaje desde el lugar de fotógrafo que hacerlo como camarógrafo?

MW: Creo que siempre elegí cuestionar y transformar la manera corriente de trabajar con un determinado medio de registro o representación. Forma y contenido se afectan, mutua y constantemente. En el caso de las fotografías, elegí una cámara como las antiguas, de fuelle y placas, montada sobre un trípode. Era claramente un registro de una acción, performance, ejecutado y dirigido frente a la cámara. Era tan importante lo que se proponía frente al lente como la manera de capturarlo. No escondía mi mirada detrás del lente. La compartía con los retratados. En el caso del filme, decidí trabajar con Directores de Fotografía que actuaron de camarógrafos. Elegí, en cambio, registrar el audio y mantener un diálogo frontal. Creo que eso construye la confianza e intimidad en los testimonios.

T: ¿Qué diferencias y similitudes hallaste desde tu lugar y cómo lo notaba cada persona a la que reencontraste?

MW: Al regreso lo más revelador fue encontrar que la mayoría atesoraba el reencuentro. Había una valoración, por sobre el "producto" final de las fotografías, de la experiencia compartida. Algo que se potenciaba con el tiempo que separaba un encuentro y el siguiente y para mí era igual de emocionante y conmovedor. Nunca había prometido regresar y por eso me sorprendió encontrar en muchos la certeza de que nos íbamos a volver a encontrar.

T: Salvo en el caso de la experiencia zapatista todas las demás historias se parecen en expectativas, empeoramiento y realidad ¿Cuál es tu balance de la experiencia?

MW: Creo que es importante dejar de hablar por otros y aprender realmente a escuchar. Es fundamental forjar lazos por los cuales compartir un momento y una conversación, no se vuelva una brecha insondable. No creo en una mirada fatalista, ni en una ingenua supresión o evasión de la cruda realidad. Creo fundamental una toma de conciencia de las dificultades. Las reflexiones y experiencias que aportan en el filme, están regadas de resilencia. Hay historias colectivas como la zapatista, y casos individuales como el de una madre, Delfina Cruz, que sostiene una guardería en Guatemala. Claros ejemplos que nos iluminan caminos posibles. Pero no creo que todo sea peor. Creo que vivimos en crisis permanentes cuyos ciclos parecen acortarse cada vez más. Por eso es importante aprender de nuestras experiencias, privadas y colectivas.

T: Al respecto ¿Cómo es tu relación y qué observás del proceso autonómico que el zapatismo despliega en Chiapas?

MW: El caso zapatista es iluminador. Hay una claridad de no librar batallas ajenas y de encontrar un camino propio. Pensar y forjar el destino de su comunidad en paz. Claramente pasaron por distintas etapas. Y la necesidad de visibilidad y presencia mediatica tuvo su momento durante, y post levantamiento en el 1994. Cuando fui por primera vez en 2004, la tensión y presencia militar del gobierno central aún era muy evidente. Cuando regresé en 2015 la situación se había distendido. Los mismos zapatistas discontinuaron la figura del Subcomandante Marcos. La nueva búsqueda iba por dentro. (Télam)