David Fincher sumó una película más a la larga saga de "filmes que hablan de los entretelones de Hollywood" con "Mank", un homenaje no solo a los inicios del cine sonoro, sino, obviamente, a "El ciudadano", el clásico de Orson Welles de 1941 que escribió, según la historia oficial, junto a Herman "Mank" Mankiewicz, personaje biografiado en esta película que ya se puede ver en Netflix.

El guion de "Mank" se mantuvo guardado en un cajón por 20 años y seguramente no sea casualidad que haya salido de a la luz gracias al aporte de este nuevo Hollywood que hace Netflix, capaz de apostar a comedias livianas y olvidables así como también a odas al séptimo arte como "Roma", de Alejandro Cuarón, o "El irlandés", de Martin Scorsese.

Fue en los 70 que la crítica de cine Pauline Kael publicó "Raising Kane", en donde pone en duda la participación de Welles en el guion y deja en manos de Mankiewicz la totalidad del libro cinematográfico. A ello, se suma la escritura de "Mank" en los dedos de Jack Fincher, padre de David, fallecido en 2003.

Al cóctel homenaje solo le faltaba el diseño de arte, la gran actuación de Gary Oldman en el papel de Mankiewicz y el apoyo en la banda de sonido compuesta por Trent Reznor y Atticus Ross, clásicos colaboradores de Fincher y ganadores del Oscar con la música de "Red Social", quienes se alejaron del denso ambiental industrial para escribir piezas que bien podrían haber sido usadas en el cine de los 40.

"Mank" fue grabada completamente en blanco y negro y con el sonido en mono, dejando sonar, de forma perceptible, ese ruido al carrete de las cámaras antiguas que todavía se puede apreciar en las copias de los filmes clásicos que se consiguen en internet o en páginas especializadas.

La conocida precisión de Fincher para filmar fue puesta en combinación con planos sacados de "El ciudadano", algo que por momentos emocionará a algún cinéfilo, pero que por otro también lo descolocará, al montar encuadres clásicos con modernos, generando un movimiento que pierde algo de lenguaje.

El realizador de "Pecados Capitales" y "El Club de la Pelea" utilizó el guion escrito por su padre tal como Welles lo hizo con el de Mankiewicz. Un ida y vuelta del presente al pasado para profundizar en el personaje principal del filme y entender las motivaciones que lo mueven.

En este ir y venir, Fincher engaña constantemente. Aquí radica su virtud, pero también su debilidad. Amaga con mostrar la vida del multimillonario dueño de medios William Hearst (inspiración para Charles Foster Kane), como también las discusiones sobre los créditos del guion, las miserias de la industria, la Gran Depresión y los reclamos sindicales en las vísperas del Comité de Actividades Antiestadounidenses.

Pero así como insinúa, pronto se escapa hacia otros temas. Por un lado, el director de "Zodiaco" logra con éxito evitar los lugares comunes, pero por el otro, la superficialidad con la que los sobrevuela deja sabor a poco, aunque todo ello ayude a la construcción principal de la vida de Mankiewicz, quien ganó, junto a Wells, el Oscar por aquel guión.

Alcohólico y mujeriego, Mank debió ser controlado con espíritu castrense durante los 60 días que tardó en escribir el libreto. Ese personalidad indomable es lo que lo transformaba en manejable: sólo MGM podía soportar los arrebatos y pagar las deudas de alguien que fue tan brillante como descontrolado.

Así, la insolencia que se presentaba ante el círculo íntimo del magnate Hearst, era contrarrestada por su falta de coraje para enfrentar a Louis B. Mayer, el máximo responsable de MGM.

Un ida y vuelta ambivalente que bien refleja esa indecisión, acaso adrede de Fincher, en un filme que si bien tiene sus fallas formales, no deja de entretener y de exudar su pasión y amor por el séptimo arte. (Télam)