"Se va a acabar" es el nuevo documental del cineasta David "Coco" Blaustein, esta vez en sociedad con Andrés Cedrón, que rememora el clamor popular que exigía el término de la dictadura cívico-militar impuesta en 1976 con sus consecuencias sociales y económicas, cuyo estreno se producirá el mañana a las 21 en el cine Gaumont, en el marco del 22do. Bafici.

Habrá otra exhibición presencial y gratuita el domingo 28 a las 13.30 en el Museo de Arte Español Enrique Larreta (Juramento 2291) y será colgada online en la web del festival el 24 de marzo a las 21, donde permanecerá disponible durante 72 horas.

"Se va a acabar" recoge testimonios de trabajadoras y trabajadores que participaron en distintos conflictos sindicales durante aquella dictadura, enfrentando el intento de desmantelar la industria y desarticular a la clase obrera organizada.

"La memoria es pertinente por muchísimas razones. En primer lugar por una cuestión ética y moral hacia los compañeros que ya no están -expresó Blaustein en diálogo con Télam-; en mi caso personal son muchos y los tengo presentes. También es pertinente la memoria para que no se repitan; hoy las Fuerzas Armadas no están en condiciones de amenazar la democracia, pero también es pertinente para que la democracia permita seguir juzgando la violencia institucional."

Télam: ¿Quedan aún discusiones pendientes?

David Blauistein: Hoy tenemos dos casos que tienen que ver con la memoria, que hace 10, 15 o 20 años ni imaginábamos: lo que está sucediendo con el juicio a los "vuelos de la muerte" en Campo de Mayo y lo que sucede sobre la "contraofensiva montonera", donde se está ejerciendo la memoria sobre algo que es el derecho a la rebelión. Todo eso, rumbo a un mejor futuro.

T: Llama la atención el cuidado estético del filme, superior al de otros documentales.

DB: Creo que tiene que ver con varias cosas. Hubo una decisión de los directores para que el documental fuera lo más "bello" posible para que su visualización fuera agradable. Es más sencillo con las nuevas tecnologías porque las cámaras son de mejor calidad: básicamente lo nuevo permite construir mejores colores, mejorar notablemente los materiales de archivo, pero también es cierto que trabajar con las jóvenes generaciones -como es el caso de Andrés Cedrón- ofrece un mayor conocimiento tecnológico y mayor capacidad para que técnicamente el filme se haga más atractivo.

T: ¿Por qué la inclusión de animaciones?

DB: Tiene que ver con varias cuestiones. Fue una idea de Andrés para evitar de todas formas el tema de las cabezas parlantes y de ampliar lo más posible los recursos expresivos. La animación está incluida en secuencias muy puntuales: la del peronismo, por ejemplo, la del secuestro de Roberto Digón, la huelga de los ceramistas o la secuencia de la OIT en Ginebra. No es que fuera una ficción, pero sí que se convirtiera en un nuevo recurso narrativo y creemos que complementa muy bien los testimonios y los archivos documentales.

T: En la película son entrevistados Carlos Leguizamón (delegado de la fábrica Cattáneo), Roberto Digón (Sindicato del Tabaco), María Luisa Rodríguez (Alpargatas), Germán Valdivieso (Subterráneos), Ana María Putelli (Bancaria) y César Loza (portuario). ¿Cómo fueron elegidos?

DB: No fue fácil la elección de los testimonios. Gonzalo Chávez, que es un eterno resistente de todas las resistencias y apareció en otras películas mías, me dijo: "Coco, vos ya hiciste la memoria del genocidio, ahora tenés que hacer la memoria de la resistencia". Encontrar estos personajes implicó una investigación importante porque la resistencia estaba asociada a la represión, a la desaparición, a la clandestinidad. Y nos hablaban de personas que habían resistido pero después se fueron a Suecia, a otros que en el 76 los encanaron, a otros que... El tema era buscar a alguien que hubiese estado militando durante la dictadura y que hubiese participado de algún conflicto sindical concreto y que, aparte, quisiera contarlo frente a una cámara. Hubo quienes nos contaron historias formidables pero luego se negaron a hacerlo frente a la cámara, o quien contó historias similares pero cuando quisimos localizarlo nunca más apareció. Yo espero que aparezcan muchos más cuando la película se estrene.

T: ¿Cuál es la validez actual de aquellas proclamas en una época en que las formas del trabajo cambiaron tanto y derivaron en la precariedad?

DB: Cuando vemos los proyectos de todas esas luchas, sobre todo los sindicales de Huerta Grande, La Falda, Primero de Mayo, o las proclamas de la Comisión Nacional de los 25, constituidas durante la dictadura, son programas que siguen estando presentes. Una sociedad más justa y equitativa, sin hambre, con derechos para todos, son programas que siguen vigentes. Hoy existen corrientes internas de la CGT como la Corrientes Federal de los Trabajadores o la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA), que probablemente con menos ideología, con menos panfleto, creo que en términos de medidas económicas, de reivindicaciones, siguen teniendo mucha vigencia.

T: ¿Qué sentís al ver el paso del tiempo en los rostros de esos personajes?

DB: Uno intenta mantener la salud porque quiere seguir sintiéndose creativo, tener energía, salud y vida para poder haciendo más películas y tener más proyectos, y será una forma de morir arriba del escenario. Al mismo tiempo uno se siente muy conmovido con que estos seis personajes entrevistados, pasando tantos años, se animen a contar esas historias. Y un efecto secundario pero maravilloso es que ellos también reviven contando sus historias; en algún momento puede llegar a ser conflictivo, triste, duro. Pero recordar aquel pasado y ejercer la memoria hace bien también para eso y yo supongo que ellos, en algún punto, cuando se van a dormir y a pensar en lo ya hecho, tienen una forma de vivir la historia con un poco más de dignidad. (Télam)