(Por Victoria Ojam, enviada especial) El reconocido realizador argentino Daniel Burman participó esta tarde de una charla llevada a cabo en el marco de Iberseries Platino Industria, el evento internacional sobre la producción audiovisual en español y portugués desarrollado en Madrid, en la que ahondó sobre el concepto del "showrunner", un término difundido por Hollywood y que, aunque recién se está instalando en el resto del mundo, es una figura "necesaria y con la mirada justa para pensar qué es lo más importante del universo en el que se juega una serie" de televisión.

Así la calificó el autor de exitosos y premiados filmes como "Esperando al Mesías" (2000), "Todas las azafatas van al cielo" (2001) y "El abrazo partido" (2003), quien en uno de los auditorios ubicados en el centro cultural madrileño del Matadero, situado a metros del río Manzanares, expuso su mirada sobre la relación entre la labor de dirección cinematográfica y de esa -por lo general confusa- palabra que refiere a quien mayor responsabilidad creativa tiene sobre una producción para la pantalla chica.

"Personalmente no encuentro casi diferencias en las tareas, cuando me levanto como 'showrunner' o como director, en ambos casos tengo que encargarme de contar un pedazo de historia, y sé que voy a un lugar en el que hay muchísima gente trabajando, y en el que todo puede salir mal", bromeó Burman al inicio de la conversación que mantuvo para el público y la prensa con su colega español Borja Cobeaga.

Sin embargo, sí aclaró que los "showrunners" tienen que "haber participado en la sala de guionistas, haber estado en las discusiones, porque si no, no van a poder defender el proyecto".

"Es muy difícil ocupar ese lugar sin haber estado involucrado en el proceso creativo, lo que hace es adaptarse y adaptar el material ante los imprevistos, a sabiendas de lo que es relevante y lo que no, y para eso hay que saber cómo ocurrió la génesis y lo primigenio" de cada serie, añadió.

En ese sentido, explicó que "esa figura ahora está migrando hacia un espíritu más colaborativo, porque tiene otra perspectiva, que de alguna manera es más relevante porque tiene una mirada como de águila, que sabe qué se puede sacrificar y qué no, pero que no es incompatible con la mirada de un director".

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"Es una buena tensión la que se da entre ambos roles, porque la producción de series sigue siendo un hecho industrial en el que se mueven volúmenes pornográficos de dinero, horas, plataformas y suscriptores, mientras que en la otra punta existe un fenómeno tremendamente artesanal, que es el del rodaje en sí", dijo.

Burman, quien tras su paso por el cine desembarcó en la televisión cuando en 2015 fue convocado como creador de la serie coproducida por Argentina, México y España "Supermax", aseguró entonces que la función del cada vez más relevante puesto de "showrunner" hace las veces de mediador "entre un gran engranaje de metal y otro de madera, para que no se quiebre, y hacer que un hecho absolutamente industrial, atravesado por algoritmos y planillas de Excel, y un hecho tan apasionado y lleno de emociones, fluya".

"Eso es algo que suele ocurrir, no sabría decir bien cómo sucede, pero vemos grandes series y detrás de cada una siempre hay alguien obrando entre esos dos mundos que no son para nada contrapuestos", agregó el también creador de tiras como "Edha" (2018, de Netflix), "Pequeña Victoria" (2019, para Telefe) e "Iosi, el espía arrepentido" (que llegará pronto a Amazon Prime Video).

Justamente, esa alianza cada vez mayor con el streaming -que durante los últimos dos años superpobló la oferta de contenidos en América Latina- es la que produjo, en principio, una creciente apuesta por las series que vino aparejada con el surgimiento cada vez más recurrente de ese término que no tiene traducción al español, pero que se entiende, de manera arbitraria, como la unión entre la producción ejecutiva y la coordinación de guiones.

Respecto de la influencia de las plataformas en la industria, Burman contó su experiencia durante los años en los que trabajaba a través de BD Cine, su productora independiente: "Contábamos lo que queríamos, no había ejecutivos, pero al final de todo teníamos que intentar convencer a los exhibidores para que estrenaran las películas".

"Quizás pasaba una semana y ya no estaba en cartel, nunca se entendía bien por qué, la exhibición no era un espacio totalmente transparente y lógico. Estábamos acostumbrados a eso, a mí me parecía un milagro que la gente fuera a ver mis películas. Pero ahora es a la inversa, hay un determinado momento en el que alguien aprieta un botón y elige tu contenido entre otros 200 millones, y no es menor", destacó el cineasta.

Y en esa línea, concluyó: "A mí no hay nada que me emocione más que las luces apagándose, me emociona el cine como espacio, pero también es cierto que las plataformas, con todos sus pros y sus contras en cuanto a la intermediación con ejecutivos, ofrecen una ayuda muy grande cuando te encontrás con alguien que está alineado con lo que vos querés contar, pero sin estar contaminados con el filtro de tu narcisismo". (Télam)