El realizador Néstor Mazzini estrena este jueves en salas locales "Cuando oscurece", filme al que define como un "thriller que cuenta el proceso de destrucción de una familia", además de reflejar cómo se ahonda el deterioro de un hombre signado por la desesperación, y que conforma la segunda entrega de la trilogía "Autoengaño".

"En la película busqué profundizar el deterioro de una separación que aparentemente había terminado bien en la primera parte, pero donde había pistas de que subterráneamente algunas heridas no estaban cerradas", explicó Mazzini en una entrevista con Télam.

La primera entrega, “36 horas”, de 2021, seguía la historia de Pedro (César Troncoso), un hombre de 50 años que intenta evitar que su vida se desmorone a partir de vivir un complejo divorcio y una crítica situación financiera.

En esta segunda parte su situación va empeorando, ya no puede ver las cosas claras y toma la errónea decisión de emprender un viaje con su pequeña hija para alejarla de su madre, una elección que corroe aún más los lazos familiares, que lo empuja aun más a su propio abismo personal y por la que tendrá que asumir graves efectos.

"Trabajé sobre una situación extrema, donde los adultos no consiguen ponerse de acuerdo, y hay una niña de por medio que sufre las consecuencias. Hay tensiones económicas, resentimientos y mentiras que van minando el ambiente", agregó el cineasta, que con este filme se alzó con el premio a Mejor Dirección en el Festival Internacional de Cine de Gramado y en el de Cine Ibero-Latinoamericano de Trieste.

"Un punto importante para mí, para entender la historia, fue pensar en 'El círculo de tiza caucasiano', obra de Bertolt Brecht, donde dos mujeres se atribuyen ser las madres de un niño y durante el juicio por la custodia se decide que el pequeño quedará con aquella que consiga sacarlo de un círculo diseñado con tiza, agarrándolo cada una de un brazo, entonces, qué hubiera pasado si las dos mujeres tiraban con la misma fuerza, seguramente el niño habría muerto despedazado", apuntó el también hacedor del título "Que lo pague la noche" (2012).

"Salvando las distancias, la película intenta tratar este tema y dejar el interrogante acerca de cómo se resuelven las disputas familiares cuando hay niños en el medio, y hasta qué punto se pueden extremar las peleas", abundó Mazzini.

Andrea Carballo y Matilde Creimer Chiabrando completan los protagónicos de la cinta, que es la segunda parte de la trilogía conformada por la mencionada "36 horas" y por "La mujer del río", que todavía no tiene fecha de estreno prevista.

También participan Edgardo Ibáñez, Danna Basso, Ramiro Vayo, Osvaldo Gamba, y Juan Pablo Repetto.

Télam: En la trama no se ofrece un contexto de lo que vivió el protagonista en la primera entrega y qué es lo que lo trajo a este lugar…

Néstor Mazzini: Me enfoqué en encontrar imágenes y sonidos que expresarán la situación de ahogo y confusión que viven los personajes, y que la violencia de esas imágenes y sonidos fuera contundente para intentar llegar al espectador.

Al mismo tiempo, busqué profundizar en los personajes, qué le toca vivir a cada uno, y lo que hacen. Y básicamente con la mentira como herramienta, tanto hacia lo demás, como hacia a uno mismo.

Tomé el punto de vista de la niña durante buena parte de la película, como alguien que sufre por lo que está pasando y no lo puede decodificar, ni solucionar. Entonces para ella todo es confusión, miedo y desesperación, porque llega a darse cuenta de que su padre está nervioso, alterado y actúa en forma rara, pero al ser pequeña no puede manejarlo.

T: ¿Cómo describís lo que transita Pedro en esta parte de la historia?

NM: Pedro gira, como en una rueda en la jaula de un hámster, en torno a situaciones que no puede terminar de resolver y funcionan como un "loop" en el que está atrapado. Es un hombre preso de su cultura, de las pautas bajo las que seguramente fue criado, y hay cosas que no soporta frente a él mismo y menos frente a los demás.

T: Su estado emocional empeora...

NM: El grado de confusión es más grande que en la primera parte de la historia, su nivel de frustración también, por lo tanto, está más averiado y más perdido. Es el típico caso de un hombre que no sabe cómo llegó hasta ahí y que no puede regresar a un lugar donde se sienta seguro y tampoco ve un futuro alentador.

T: A pesar de que la relación con su hija empieza a tensarse durante el viaje, él no modifica su decisión, ¿por qué?

NM: Porque tiende a no querer enfrentar la realidad, a patear las cosas para adelante, a manejarse en la incertidumbre, pensando que alguna solución mágica lo va a salvar y que las cosas se van a acomodar. Tiene la visión nublada, no hace foco realmente sobre lo que está pasando. Me interesaba mostrar la fragilidad mental del personaje, su falta de claridad y su carácter explosivo.

T: ¿En qué pensás que se va a identificar el espectador?

NM: Creo que el lugar de identificación puede estar en el personaje de Flor (la hija), porque ella es inocente y se puede empatizar con alguien que está sufriendo una situación que no eligió y la padece. Y con Érica (su madre) porque sufre distintos tipos de violencia. Pedro no creo que sea un personaje muy querido, porque toma decisiones que son difíciles de entender, aunque lo haga desde un lugar en el que es superado por sus impulsos, y el hecho de estar atravesado por una cultura que lo acorrala y le genera culpa. Es probable que él despierte antipatías porque es un espejo en el que no nos gusta mirarnos. (Télam)