(Por Pedro Fernández M).- Pablo Caramelo es el autor y director de "Corredores", obra que a través de cinco inagotables runners propone aproximaciones necesariamente incompletas a la construcción de lo argentino, estrenada el viernes pasado en el Portón de Sánchez.

¿Adónde van esos corredores, tienen una meta, podrán alcanzar un objetivo, dan vueltas en círculos o se extravían en una infinita línea recta? Esas son algunas de las preguntas que establece la obra para hablar de un destino inasible, como es la construcción de lo argentino.

Con el cuerpo de los actores en perpetuo movimiento sobre el escenario, el texto intercala metáforas que aluden a lo nacional junto a precisas y minuciosas informaciones fisiológicas: músculos, tendones, huesos, múltiples órganos son relatados con precisión clínica en un juego de contraste y oposición con aquellas disquisiciones mucho más tangenciales, elusivas, evanescentes sobre un destino truncado y la permanente presencia de lo trágico.

En su relato, "Corredores" no acepta la línea, el avance, la acumulación, de tanto en tanto una suerte de "da capo" ("este cielo también pasará" dicen al unísono los actores) produce un corte en la progresión y obliga a un nuevo inicio, otra ronda, confronta con nuevos hechos, remite, sugiere, inserta al espectador en nuevos acontecimientos.

Si de alguna modo avanza la obra es en forma espiralada, lo que se acumulan son significantes que resuenan al interior del espectador entre notas fisiológicas, frases, rasgos o retazos de la sabiduría popular reafirmadas y desmentidas en el devenir histórico, alusiones poéticas en el intento de decir algo que pueda agujerear la materialidad devastadora del infortunio.

El otro elemento que destaca es, no la energía sino la tozudez, la decisión inquebrantable, la resistencia, expresada en esos corredores cansados e incansables, que a veces respiran al límite de sus fuerzas como echando el bofe, y a veces desfallecen, pero nunca renuncian.

No abandonan la carrera porque en la carrera va la vida y va el país, porque estar quietos es estar muertos y no hay espacio posible más allá (o más acá) del movimiento.

"El espectáculo despliega un texto construido en verso inspirado en el modernismo de Lugones, y la disciplina atlética del running. El cruce de las dos decisiones aspiró a construir un objeto escénico singular y estéticamente heterogéneo, que nos permite opinar teatralmente sobre algunos dilemas de la construcción social y política comunitaria", señala el autor en el programa de mano, en clarificadora síntesis sobre la apuesta escénica que desarrolla.

El elemento central, aglutinante, que condensa la experiencia teatral de "Corredores" es la metáfora como único acercamiento posible a al indecible argentino, el lenguaje indirecto como soporte para develar lo que el sentido común y el saber escolar oculta y calla sobre nosotros.

Mariela Acosta, Pablo Caramelo, Manuela Méndez, Sebastián Saslavsky y Juan Trillini, los cinco actores del correr perpetuo, interactúan entre sí pero casi no dialogan, lo de ellos son los parlamentos, las frases, restos de poesía, fallidos o certeros tiros al pichón, ataques de ira, reconversiones, llamados a la calma, sosiegos y desasosiegos permanentes, micromonólogos de la voluntad y el desconcierto: algo visto, algo escuchado, algo sentido, un eco, una presencia, una fuga.

Con autoría y dirección de Caramelo, asistencia de dirección de Valentín Terni, diseño de vestuario de Belén Pallotta, diseño sonoro de Joaquín Daglio, diseño de luces de Lucas Ezequiel Orchessi, preparación corporal de Trillini, diseño de movimientos de Verónica Litvak y colaboración artística de Eduardo Spíndola, "Corredores" se puede ver todos los viernes a las 23 en El Portón de Sánchez (Sánchez de Bustamante 1034).


(Télam)