La irrupción de Clarisa Navas en el panorama del cine argentino trajo una ansiada novedad y al mismo tiempo un cierto revulsivo al revincular los estados vitales de las clases populares en relación con su deseo sexual y sus destinos para un cine que hace política desde los cuerpos y lejos de los discursos, o aún en contra de ellos.

La realizadora correntina, luminosa heredera de un cine de potencia estética y pensado desde abajo que tuvo en Leonardo Favio a uno de sus máximos intérpretes, tiene además la audacia de poner en foco las disidencias y las formas fluctuantes que asume el deseo sexual para las nuevas generaciones en el contexto de la periferia.

Docente en la Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica (Enerc) dependiente del Instituto de Cine en la ciudad de Formosa, Navas se dio a conocer con "Hoy partido a las tres" en 2017, una película de vitalidad arrasadora armada sobre un equipo de chicas que tienen un equipo y son invitadas a un campeonato de fútbol femenino en una barriada en medio de un acto de campaña de un candidato a intendente de la ciudad de Corrientes.

Ahora llega a la Competencia Internacional del Festival de Mar del Plata con "Las Mil y Una", película elegida para abrir la prestigiosa sección Panorama de la Berlinale en febrero pasado y en la que profundiza un discurso estético y una manera de hacer y pensar el cine.

"El cine que me interesa hacer parte siempre del territorio, un lugar local desde donde pensar las problemáticas que tienen que ver con una pregunta latinoamericana pero también con un hacer de la periferia, tratando de descifrar qué pasa con los cuerpos en un lugar donde son todo el tiempo amenazados, arrasados y lo que eso comporta. Esto anudado a una experiencia de vida, porque yo me crié en esos lugares", cuenta en charla con Télam.

La nueva película de Navas se desarrolla en el barrio de monoblocs de la ciudad de Corrientes conocido como Las Mil Viviendas y al que presenta como "uno de esos barrios de monoblocs construidos entre fines de los 70 y los 80 para albergar un proyecto de clase media que, con el correr de los años y producto de la falta de políticas estatales, se fue favelizando. Se comenzaron a construir viviendas en las veredas y a surgir una arquitectura que tuvo que ver con la urgencia y que delineó una estética de la precariedad”.

“Yo me crié en ese barrio y me construí en momentos muy fundantes de la adolescencia en ese contexto y tenía una gran deuda de filmar en este lugar y construir imágenes que tuvieran que ver con esa clase media, porque, en general, cuando se piensan las imágenes del cine argentino de la clase media nunca se piensa en estas barriadas ni en estos planes de vivienda que hay en todo el país", asegura.

Télam: ¿Lo que decís tiene que ver con el derrotero de la Argentina, con las políticas de ajuste que se imponen sobre esos barrios de modo permanente hace décadas?

Clarisa Navas: Es algo con lo que todo el tiempo se dialoga, yo veo las fotos de mi infancia y veo el barrio hoy y lo que se ve es una Argentina en caída y eso no está solamente impregnado en la arquitectura sino en los cuerpos de las personas y, al mismo tiempo, hay una paradoja porque no son ajenas a toda esta situación ciertas luminosidades, tanto "Hoy partido a las tres" como esta película dialogan entre los imposibles y los posibles de la periferia.

Télam: ¿Cuáles son las luminosidades?

Clarisa Navas: La posibilidad de la resistencia ligada a lo vincular, el afecto, las construcciones de amor para los encuentros pese a todo, poder armar comunidad con personas con una sensibilidad común, ese es un espacio único de resistencia y desde ahí todo se puede, la manera de resistir es muchas veces ese cuidado y también está el escape del deporte y los juegos, inventar otras lógicas al sistema.

T: En la película está claro que la política es una política del cuerpo, que es el deseo el que va poniendo a los cuerpos cerca de unos cuerpos y lejos de otros.

CN: No es sólo el deseo, es necesaria una suerte de arrojo que va más allá de eso. Es algo que trabajamos con las actrices y los actores que tuvo que ver con una recuperación de gestos propios del habitar ciertas intensidades y cómo eso, justamente, amplía y enriquece la existencia. En un punto me quería detener en cómo esos lugares y esos gestos tienen que ver con una cuestión que va mucho más allá de cualquier definición o categoría, también porque creo que hay una nueva generación que no se define por las categorías y que habita el deseo de una manera mucho más fluctuante. Creo que por eso los personajes tienen una definición mediante sus acciones, son acciones meramente políticas que no están puestas en la palabra. De hecho, creo que hay un gran vicio en esa constante de definir y categorizar las cosas o construir identidades desde la palabra cuando el cuerpo y los gestos van muchas veces por otro lugar. En la película intentamos construir todo el tiempo una presencia que no esté mediada o dicha por estas categorías, porque creo que las categorías reducen el misterio de las cosas y el misterio de la vida.

Télam: ¿Cómo fue el rodaje y el trabajo con los actores?

Clarisa Navas: El rodaje fue en mayo de 2019, previamente a eso hubo un trabajo sostenido de una especie de entrenamiento actoral que en realidad tuvo que ver con la construcción de una trama sensible para que todo lo que sucede en la película pueda emerger. El hecho de haber vivido en ese barrio me permitió escribir secuencias y escenas de una cotidianeidad muy cercana a ese real que es Las Mil Viviendas y luego, ese guión, lógicamente, fue tomando vida y se fue abriendo hacia las capas que despliega el barrio en el presente y cuestiones que fueron pasando durante el rodaje, que fueron entrando y poniendo a la película en un lugar en relación con las vidas que habitan ese lugar. También la construcción de presencia de cada uno de los personajes tiene un aporte muy fuerte de la invención de cada uno de los actores. (Télam)