Referente de la cultura skate y criado en Mar del Plata, Flavio Cianciarulo comparte en "Los Textos de Silver Tape" (Ediciones Piloto de Tormenta) reflexiones sobre la "profundidad de las relaciones humanas" a partir de su "relación con el público" al que alguna vez consideró "exitista", a la vez que presume con orgullo y agradecimiento haber podido tocar tanto ante grandes audiencias como para unos pocos en el underground.

“Me disgustaba el hecho de bajar de los Cadillacs y de golpe ver que la gente no me acompañaba, pero no por la ambición de llenar una sala y el libro pretende mostrar ese despecho para con alguien que querés. Era como un disgusto a un ser colectivo amado, si es que se puede nombrar colectivamente al público”, confió Cianciarulo a Télam.

En el mismo sentido, el artista señaló que “fue una desilusión con el público que solo sigue al éxito. ¡Qué horrible! ¡Pensaba que mi público era otra cosa! No puedo obligar a que la gente le guste lo que yo hago pero por lo menos me gustaría que fuera curiosa”.

Y al respecto el músico también conocido por el seudónimo de Sr. Flavio abundó que “este texto era una chance no para demostrar un disgusto y nada más sino para profundizar en eso. Después ni me interesó y al final del día la reflexión es que no importa, solo te odié en un momento del día porque me pareciste un exitista, pero al final te quiero y te agradezco".

Télam: Después de tantos años de carrera, de haber conocido de cerca la gran industria y los grandes escenarios y de conservar también tu romance eterno con el underground nacional ¿Dónde te sentís más libre como artista?

Flavio Cianciarulo: Trato de ser versátil y no decidir ni una cosa ni la otra. Estoy donde me toque estar. Sí me he sentido más cómodo en los últimos años, simplemente porque me tocó vivirlo, en el under de mi ciudad, en Mar del Plata o en Buenos Aires. Disfruto de aquella situación tan hermosa y simple de tener que cargar los instrumentos y equipos en la camioneta junto a mis hijos, volver a casa después de haberlo pasado tan bien, tocando frente a 50 personas. Realmente lo hago porque me gusta; tengo 56 años y si no me gustara me quedaría en mi casa viendo la televisión. (Télam)