“Un almuerzo argentino”, comedia de Bernardo Cappa ambientada en los 50, volvió a escena y se presenta los domingos al mediodía en la sala porteña Hasta Trilce, para contar un encuentro entre dos familias, una peronista y otra antiperonista, “cuya emocionalidad genera una relación muy singular con los espectadores”, expresó su autor y director.

Desde un tono afectivo, la pieza invita al espectador a sumirse en un clásico almuerzo de domingo, donde los personajes se sientan a literalmente a comer picada y fideos.

El público -que forma parte del ágape consumiendo empanada y vino- rodea una larga mesa y presencia las tensiones que se desatan cuando una parte de la familia es peronista y la otra no, en un contexto político y social sensible, ya que todo acontece al cumplirse dos meses de la muerte de Eva Perón.

Personajes entrañables, pintorescos y a la vez cercanos, proponen un viaje en el tiempo e invitan al espectador a ser parte, y de algún modo, dialogar con el presente donde los ecos de aquellas diferencias se expresan en la ahora denominada grieta.

“El reestreno del ‘Almuerzo’ lo vivo con mucha alegría. La pandemia nos suspendió. Y volver nos da una energía vital muy grande. La obra produce una emocionalidad que genera una relación muy singular con los espectadores”, expresó a Télam Bernardo Cappa.

El actor, director y dramaturgo nació en Bahía Blanca en 1969 y se convirtió en uno de los referentes del teatro independiente local; a lo largo de su extensa trayectoria realizó más de 30 obras, entre las que se cuentan “Paciente Jabalí”; “La verdad”, ”No dejes nunca de mirarme por favor” y “Las Vengadoras”.

El elenco de “Un almuerzo argentino”, que puede verse en Maza 177 los domingos a las 13, está integrado por Rocío Ambrosoni , Trinidad Asensio, Gabriela Dey, Amílcar Ferrero, Pablo Fetis, Yamila Gallione, Franco Genovese, Federico Lozano, Melisa Omill, Guillermo Osuna, Horacio Pucheta, Lucila Rosende y Lucía Rossi.

Cappa habló sobre cómo se resignifica la obra que se estrenó en 2018, sobre el trabajo con los actores y cómo fueron descubriendo su lenguaje, además hizo referencia a cómo fue el trabajo para lograr evitar la representación del pasado y que éste simplemente acontezca.

Télam: ¿Cómo fuiste construyendo estos personajes tan familiares, reflejo de un pasado que no vivimos?

Bernardo Cappa: La actuación se apoya en tópicos para desplegar su expresividad. El padre de familia, su mujer de esa época y sus hijos. Un hermano que se casa con una mujer de clase alta. Esa familia es de rubios y la otra de morochos. Esto nos permite filtrar actuación por los poros de esa imagen. No hay que representarla. Lo que actúa es otra cosa.

T: ¿Cómo sentís que se va resignificando la obra a través de los años?

BC: La idea de que el presente es superador del pasado me parece ingenua. El pasado sigue aconteciendo. La tecnología es un maquillaje que hace parecer que lo que pasó no pasa más y sin embargo esa emoción está intacta. Y en este caso la actuación hace presentes esos fantasmas. Ese movimiento la hace muy actual. No es el tema. Sino la actuación.

T: ¿En qué te inspiraste para armar una mesa en la que el público se siente parte?

BC: La obra fue surgiendo en los ensayos. De los ensayos aprendemos, descubrimos el lenguaje de la obra.

T: ¿Cómo fue el trabajo con los actores? Todos se lucen y tienen su momento en puesta, ¿fue algo buscado particularmente?.

BC: Estar en esa situación. Que la expresión surja de ese estar. Los actores están en un almuerzo, comen fideos, toman vino, comen picada. Ese contacto tan directo con lo real hace posible que al mismo tiempo se "presentifique" el pasado. Que convivan. Así evitamos la representación del pasado como algo ajeno. El pasado está en el presente. La emocionalidad que lo sostiene es teatral.

T: ¿Dónde reside el secreto del suceso de esta comedia?

BC: La obra convoca una fuerte identificación y al mismo tiempo un lenguaje muy singular , el lugar donde se presenta la obra, la disposición de los cuerpos en el espacio y el hecho de que los actores y los espectadores comen al mismo tiempo hace que la ficción sea muy frágil en todo momento pareciera que vamos a dejar de creer que la mirada va a sentirse abandonada porque no se emiten signos que den la sensación que el relato avanza, dejamos que sólo se mire comer y discutir a una familia en los 50 se demora la acción. Eso hace que el vínculo se mantenga vivo. (Télam)