(Por Javier Berro) Con "El Big Blue", cuarto trabajo discográfico de Bandalos Chinos y tercero gestado en los estudios Sonic Ranch de Texas, la banda oriunda de Beccar marca un nuevo punto de partida que su cantante, Goyo Degano, calificó como de "una música que no siempre es tan explícita" que permite que "las personas se puedan identificar a su manera con las canciones".

Con Adán Jodorowsky como productor, el mismo de "Bach" (2018) y "Paranoia Pop" (2020), el grupo se adentró en una nueva metodología de trabajo, con los seis integrantes grabando en cinta analógica y en vivo como en los orígenes del pop: "Cada uno va haciendo su propia lectura, y el disco se empieza a resignificar a medida que pasa a las manos de las personas", reflexionó a Télam tras el lanzamiento en los últimos días.

"A diferencia de 'Paranoia Pop' que era un disco un poco más empalagoso y rebuscado con las temáticas que abordaba, con 'El Big Blue' creo que aterrizamos un poco y hablamos de situaciones de la vida como las que vive cualquier persona. Hasta mi abuela me dice que siente que hay cosas que le hablan a ella. Y es un flash eso, porque volvemos a ver que la gente se identifica con nuestras letras", añadió.

Eludiendo la sobreproducción, Bandalos Chinos apuesta por una austeridad de recursos para imprimirle a sus once canciones -donde hay aires de rancheras, valses populares y hasta baladas de telenovelas dentro de su renovada propuesta pop y cancionera latinoamericana- una cuota de honestidad y frescura que favorece el trance de un disco amable y redondo para el gran público.

La banda presentará su último trabajo desde el mes que viene en una gira internacional que iniciará en Europa, seguirá por Latinoamérica y concluirá por diferentes ciudades de Argentina, con el porteño Luna Park como gran parada final en octubre.

Télam: Es la tercera vez que trabajan con Jodorowsky como productor. ¿Es cierto que los involucró en una nueva metodología? ¿Tuvo algo de acto de psicomagia esta nueva incursión?

Goyo Degano: La verdad es que sí, pero igual en el momento lo vivimos con mucha adrenalina. Si bien con el diario del lunes te digo que fue una muy buena experiencia porque nos llevó a un lugar nuevo, en el momento la verdad es que lo padecimos un toque. En los primeros días hubo resistencia, porque como grupo veníamos trabajando de otra forma y, obviamente, ante los cambios uno tiene la tendencia a resistirse. ¿Por qué cambiar ahora si estábamos tan bien? Al final terminó siendo como una experiencia medio mística, medio espiritual, además de una creativa por la que terminamos grabando un disco. Nos sirvió para reconectar entre nosotros y para ir un poco más hondo. Era levantar la cabeza y tratar de entender la vibra y la energía de cada uno para poder sacar lo mejor. Al ser grabado así, con una toma completa de los seis, todos teníamos que hacerlo medianamente bien para no cagarle la mejor toma al otro. Adán, además de ser un gran productor y tener la creatividad muy a flor de piel, tiene también una parte de líder espiritual.

T: ¿De qué manera se manifestó el misticismo dentro de este proceso?

GD: Para nosotros es como una suerte de hermano mayor, porque no tiene esa energía paternal, sino la de un hermano que desde la buena onda puede ordenar las cosas y hacer que nos pongamos de acuerdo. Fue muy clave su aporte. Para mí lo primordial es la libertad con la que encara cada situación creativa, porque eso crea como una gran manifestación incluso en nosotros que creíamos haberle visto todos los trucos después de haber grabado con él dos discos. Y fue todo lo contrario: se manifestó desde ese lado. “Miren que yo también vengo re cómodo en una, pero ahora pateo el tablero”. Y eso a nosotros nos estimula porque confiamos en él. También hubo situaciones más bien graciosas: como tirar las cartas la noche anterior para definir qué canción íbamos a grabar al otro día. Lo cuento ahora con el disco terminado, que está buenísimo, pero en el momento nos mirábamos y era “qué onda este chabón, está re loco”. Una locura linda.

T: ¿Tenés alguna historia para compartir sobre Tony Rancich, el enigmático y extravagante propietario del Sonic Ranch?

GD: En esta última vuelta, estuvimos estrenando el estudio “Big Blue”, motivo por el cual el disco lleva su nombre. Es bastante atípico estrenar un estudio, porque por lo general vas a uno donde ya tocaron un montón de bandas, donde el ingeniero conoce dónde suena mejor la batería y demás. Ellos estaban experimentando con nosotros, entonces Tony venía prácticamente todos los días. “¿Chicos, están bien? ¿Necesitan algo?”. Desde una lámpara y una alfombra hasta un tachito de basura, le fuimos pidiendo. Y el tipo venía todos los días. Una historia que me llevo de esta última experiencia en el Rancho es que fue él quien termina de ponerle el nombre al disco: un día le estábamos mostrando cómo venía la grabación hasta el momento y dice que para él el disco se tenía que llamar “Big Blue”. Y ahí empezamos a joder con que no, que se iba a llamar “El Big Blue” y así fue como terminó quedando el nombre.

T: El disco trae una impronta muy visual, quizás reforzada por su nombre. ¿Hubo referencias en ese sentido a la hora de encarar las canciones?

GD: Llegamos con las canciones sin saber cómo iban a sonar. Ni siquiera sabíamos que lo íbamos a grabar de ese modo y que iba a terminar conceptualizando un montón el cómo lo hicimos. Fue algo que fue decantando poco a poco, pero me gusta pensar que sí que nos inspiró bastante lo visual, aunque no desde algo en particular. Sí nos pasaba, por ejemplo, que nuestro ingeniero Jerry (Ordoñez), estaba también en una etapa y nos ponía en todas las pantallas del estudio el video de un tren atravesando una montaña nevada en Japón, algo muy hipnótico. Y otros del océano, con ese gran azul, al igual que otros del cielo y el espacio. En definitiva, siento que eso nos fue entrando por distintos lugares.

T: ¿Cómo decantaron en esta idea del video para “Cállame", donde interpretan a los protagonistas de una telenovela mexicana?

GD: Es una canción muy divertida, donde jugamos un poco al cantautor latino. Cuando la componíamos me daba un poco a Sandro, pero a la vez con una cita muy mexicana, con ese “Cállame que ya me desespero”. El haber empezado a girar y conectar con artistas de toda la región, pero sobre todo de México, hizo que nos empapáramos un poco de esa vibra que después termina reflejada en la música. Adán, que es francés pero que vive en México hace quince años, es bastante mexicano en su manera de abordar la música. En el video queríamos aparecer actuando y hacer como una especie de introducción de una telenovela mexicana de los 90 y los 2000. Una parodia, pero a la vez una suerte de homenaje. Era atractivo vernos en otro contexto, jugando a ser actores y sin que yo fuera el protagonista, el galán de la novela. Era una buena manera de descentralizar un poco esa imagen, salir del 'goyocentrismo' y reforzar esto de que somos una banda donde todos aportan casi por igual. (Télam)