La edición 22 del Bafici presentó en su Competencia Americana la simpática y atractiva cinta uruguaya "Carmen Vidal, mujer detective", un film noir rioplatense con humor e ironía, y el documental mexicano "Cosas que no hacemos", que naufraga en la falta de guion, pese a la buena voluntad de mostrar la infancia en un poblado perdido y algo violento del interior de México.

La película uruguaya, escrita, dirigida y protagonizada por Eva Dans, cuenta la historia de la detective Carmen Vidal, una joven que nunca conoció a su padre, alcohólica, adicta a la pizza y a la marihuana, que no usa celular ni internet, y que comienza el filme perdiendo a su amigo y compañero de trabajo.

El filme apela a una montaña de clichés que sólo se utiliza con al afán de resaltarlos para no caer en el lugar común, un interesante recurso de esta joven uruguaya que debuta en pantalla grande en los tres roles.

La trama de la película no es gran cosa pero, al igual que los clichés, son usados como excusa para homenajear a ese género del cine tan popular en los años 40, 50 y 60, que dio origen a las historias y series policiales que hoy pregonan en todas las plataformas de streaming.

En ella, Carmen Vidal investiga a un senador vinculado con la trata y el asesinato de mujeres. En medio de ello, la detective cae en una depresión absoluta tras la muerte de su colega, de la cual sale gracias al apoyo de dos psicodélicos policías que la convencen de retomar el caso.

La historia zigzaguea, flaquea y hasta comete errores de guion tan burdos que se convierten en lo más atractivo del filme, en otro homenaje a esas historias policiales en la cual todos los protagonistas hacen lo contrario a lo que la lógica indica, tan solo para mantener el suspenso hasta el final.

"Carmen Vidal, mujer detective", se puede ver hoy a las 18.30 en Espacio Cultural Carlos Gardel y online en Vivamos Cultura.

Otra de las cintas que llegó a la Competencia Americana es la mexicana "Cosas que no hacemos", de Bruno Santamaría Razo, quien se adentró con su cámara en un poblado campesino del interior mexicano, donde la tecnología y el avance del Siglo XXI sólo se puede ver en el uso del celular, pero que se ausenta en cuestiones tan elementales como el acceso al agua.

Sin embargo, si no fuera por la sinopsis, al ver la cinta no queda en claro de qué se trata. Razo hace uso de planos y movimientos de la ficción, lo cual confunde en un sentido positivo, pero olvida los conflictos y la trama elaborada en el resumen de la película para que el espectador dilucide qué es lo que pasa.

Es cierto que la cámara se enfoca en los niños y en el adolescente Ñoño, homosexual que todavía no se ha declarado como tal ante su familia, pero son tantos los personajes que aparecen, que se pierden en una historia observacional que no sabe muy bien qué contar.

Tampoco se sabe dónde queda el pueblo. Algo que no reviste problemas, a no ser por un asesinato que sucede a mitad del filme y con el que se intenta vincular con la violencia narco y patriarcal que sobrevive en ese pueblo.

Del mismo modo, tampoco queda claro el por qué se sigue a tantos niños durante estas festividades de ¿navidad? ¿carnaval?, que juegan, bailan y corren sin que aporten mucho a una trama que pierde el hilo no más comenzada la película.

Esta cantidad inmensa de personajes, sumado a escenas interminables de diálogos incomprensibles, hace, además, que no se pueda tener empatía por ninguno de ellos y que, cuando vuelven a aparecer fugazmente en cámara, uno tenga que hacer memoria (y hasta duda de que hayan aparecido antes en el filme).

Se trata de un interesante ensayo documental que se puede ver online en la página de Vivamos Cultura. (Télam)