La directora teatral Ana Alvarado, quien tiene a su cargo "Pieza para maniquíes y un actor de reparto (Documental sobre el silencio)" de Gabriel Penner, dijo a Télam que "el público de teatro elige la presencialidad pero entiende la coyuntura" generada por la pandemia de coronavirus y ante "propuestas interesantes", como la que ofrecerá desde mañana por streaming, acepta la forma virtual.

En la pieza, que se podrá apreciar los sábados 10 y 17 de abril a las 21 y cuyas entradas virtuales pueden adquirirse en la página de Alternativa Teatral, actúan Pablo Maidana, Luciano Mansur y Guillermo Tassara, con vestuario y escenografía de Gabriella Gerdelics, títeres y máscaras de Gabriella Gerdelics, Pablo Maidana y Luciano Mansur, sonido y música de Cecilia Candia y filmación de David de la Fuente y Julio Reynoso.

"El paso de preparar un espectáculo presencial y tener que adaptarlo al streaming fue muy conflictivo al principio", destacó Alvarado en diálogo con esta agencia y acotó: "Nuestras improvisaciones iniciales incluían el trabajo del cuerpo de les actores en una cercanía muy importante, en contacto permanente, obviamente eso no era posible en tiempos pandémicos".

"Fuimos investigando propuestas que reemplazaran eso por otras a distancia que pudieran tener el mismo impacto pero además las ensayábamos con cada uno en su casa, sin interacción entre elles. Teníamos que imaginar mucho. Luego vino el único día, con protocolo estricto, en que nos juntamos y filmamos lo que habíamos hecho y el último paso fundamental fue la edición y su concepto", amplió.

Télam: ¿Qué sentiste, en lo personal, ante el cambio?

Ana Alvarado: Este material expresa lo vivido en pandemia. En nuestro editado "el teatro está"; cuando se ve el material se siente al teatro y el público es interpelado y convocado a través de la cámara.

Sabemos que este editado tiene valor escénico y también pensamos volver a la presencialidad, en el teatro Payró, en septiembre, y mostrar otra versión del mismo material. La pieza de Penner es un campo de pruebas.

T: ¿Por qué el actor del título es "de reparto"?

AA: El título de Gabriel Penner tiene su propia lectura en el texto literario. Nosotres trabajamos el concepto de actuación, la mirada del actor sobre sí mismo y les actores trabajan cierta concentración en su movimiento que se acerca a la noción de objeto y/o maniquí, además de expresarse con objetos y máscaras, por momentos.

T: Hace tiempo que venís trabajando con muñecos y objetos inanimados en combinación con actores/actrices. ¿Podés historiar sucintamente esa experiencia?

AA: Yo pertenezco a la generación que en todo el mundo instaló desde finales de los años 80 del siglo XX, la noción de "teatro de objetos", una experiencia escénica en la que los objetos antropomórficos no tienen una presencia escénica relevante en la escena, comparten protagonismo con la actuación humana.

A partir de ahí, hemos seguido creando, investigando y formando nuevas generaciones de interesados en este área y que también se relacionan con experiencias performáticas, instalativas y multimediales.

T: ¿El autor Gabriel Penner escribió el texto para este formato?

AA: Gabriel no pensó este texto para ser representado en un formato virtual; fue escrito antes de la pandemia. A medida que avanzaban los ensayos en confinamiento el texto y su metáfora que asocia al teatro con el desierto y que tematiza el silencio se nos hacía cada vez más cercana a la vivencia concreta.

T: ¿Cómo fueron los ensayos en vivo y luego por las redes?

AA: En 2019 ensayamos en un estudio en modo presencial, en 2020 a través de las plataformas sincrónicas y en diciembre de 2020 ingresamos a un teatro y con protocolos filmamos el material, en unas horas solamente. Luego vino la edición y ahí quisimos que lo que se veía por las plataformas estuviera y tuviera valor. Esto no es "teatro filmado"; el trabajo de edición "cuenta" el tránsito de los ensayos.

T: ¿Creés que el streaming añade una nueva forma al teatro, que será permanente?

AA: Creo que el teatro es fuertemente presencial y aspiramos a eso. No obstante, los nuevos formatos virtuales son experiencias valiosas en sí, modos de trabajo escénicos muy interesantes que pueden en muchos casos no considerarse teatro, pero eso no los invalida.

T: ¿Sentís que se está formando un espectador distinto, menos activo frente a su pantalla?

AA: Creo que el riesgo social de que la gente, más allá de la pandemia, se recluya en sus casas, en su intimidad y consuma solo la cultura que se le envía de ese modo, viene ocurriendo desde hace varios años y es un riesgo grave como toda pasividad y falta de participación en la dinámica social y política de una comunidad.

Esto no tiene solo que ver con los espectáculos transmitidos por entornos virtuales: nuestro espectáculo le habla al público, lo convoca a entrar en la propuesta, a disfrutarla o incomodarse. Puede ver la obra o retirarse, igual que en el teatro presencial.

T: Esta forma de espectáculo reúne distintas disciplinas desde el hecho teatral: el cine, el arte cinético, el montaje, incluso la mecanización y la posible repetición infinita. ¿Comienza "otra" cosa?

AA: Todo eso existe en el campo de la cultura desde hace tiempo; el teatro tomó y adaptó algunos, otros no. El teatro nunca fue cine, no obstante, asoció muchas veces el lenguaje audiovisual a la puesta en escena y ese encuentro fue muy válido y poderoso. El montaje como criterio para la creación de obra, también.

A pesar de que existen desde hace tiempo las plataformas para ver teatro desde la casa del consumidor, estas no son elegidas masivamente por el público teatral. El público de teatro elige la presencialidad en primer término, pero entiende que hay coyunturas y propuestas interesantes que permiten aceptar el formato virtual. (Télam)